Página del autor

Pincha aquí si quieres ir a la página del autor

sábado, 4 de junio de 2011

Segunda carta a Pablo

Me pregunta también Pablo sobre la forma de reducir el número de funcionarios, al tiempo que se interesa por las razones que hay para que los requisitos de las pensiones hayan subido para todos menos para los parlamentarios, y muestra su indignación con el hecho de que los políticos cobren varios sueldos al tiempo por hacer, en el fondo, una única cosa.

Las dos últimas cuestiones son muy simples, porque demuestran, únicamente, que los políticos, como colectivo, han perdido el respeto a los electores. Que se atrevan a aprobar leyes y prácticas tan claramente beneficiosas para su situación, al tiempo que endurecen, aunque fuere necesario hacerlo, las condiciones de todos los demás, muestra su desvergüenza, sin excepciones.

Lo de los sueldos es algo más discutible, pero me parece que roza el esperpento en muchos casos. Al comienzo de la democracia había una mayor sensibilidad para esto, pero con el paso del tiempo se han ido perdiendo las maneras y se ha hecho normal el acumular salarios con toda naturalidad. Creo que es algo que debería someterse a criterios objetivos y de ejemplaridad, pero, con todo, no alcanza el grado de sinvergonzonería de lo de las pensiones.

Lo de los empleados públicos es también sencillo de explicar y relativamente fácil de arreglar, pero los políticos tratarán de evitarlo porque más funcionarios significa para ellos, indefectiblemente, más poder y, dado que los principios constitucionales para proveer las plazas de la función pública, mérito, capacidad y libre concurrencia, se suelen olvidar por supuestas razones de urgencia, eso se traduce en la posibilidad de hacer más favores, naturalmente a los amigos y correligionarios que, aunque hayan entrado por la puerta de atrás o por la ventana de la pura recomendación, años después, se convertirán en funcionarios de carrera.

Hay que subrayar que, en los dos últimos años, el empleo en el conjunto de las Administraciones Públicas, ha crecido en cerca de 300.000 personas, al tiempo que se cerraban  casi medio millón de empresas. Es decir, que la clase política seguía gastando dinero de los impuestos que nos ahogan en gastos innecesarios y en sueldos que, en su gran mayoría, también lo son, porque no responden a nada más que a desorganización, descaro y nepotismo político.

Ayer mismo almorcé con un diplomático, que ha sido  Embajador de España, que es uno de los muchos al que el Ministerio  mantiene sin hacer nada, no tiene ni que ir a la oficina. No se trata de un caso excepcional. Los españoles armarían una revolución si pudiesen comprobar el enorme número de personas que supuestamente trabajan para ellos y que, en realidad, no hacen nada, a veces ni siquiera aparecen por el puesto de trabajo, además de que hay otros que, si van, es peor.

No sirve el consuelo de que en Europa pasa, más o menos, lo mismo, que es un argumento que se suele emplear por los que se dicen defensores de lo público. No es verdad y, en todo caso, en ningún país serio se pueden dar los casos realmente increíbles que aquí tanto abundan. Es evidente que hay funcionarios que trabajan mucho e incluso que trabajan bien, pero invito a cualquiera que tenga un amigo o un conocido funcionario a que le pregunte si en su trabajo sobra o no sobra gente (¡ojo! que no sea sindicalista, que dirá que hay que  meter a muchos más!).

A mi me parece que el caso actual de España es que sobra, como mínimo, un 30 por ciento de empleo público, y en algunos sectores bastante más. ¿Cómo se podría arreglar todo esto? Creo que habría que hacer varias cosas bastante radicales:  primero, acabar con el carácter vitalicio de la función pública salvo en casos muy especiales, como el de la inamovilidad de los jueces, por ejemplo. Se trata de una medida a largo plazo pero importante. Otra cosa que habría que hacer es facilitar la salida, incluso mediante incentivos, de todos los que, tras una auditoria bien hecha, se muestre que son innecesarios. Tercero, favorecer muy intensamente la competitividad interna de los funcionarios que hoy es prácticamente nula.

Nada de esto se puede hacer con la legislación laboral que tenemos, los jueces devolverían sus empleos a todos los despedidos con sustanciales indemnizaciones, ni con los actuales sindicatos, que son meros conservadores de privilegios laborales particulares, ni mientras los españoles sigan premiando en sus votos una cultura política estatista y de izquierdas, que también promueve, a mi modo de ver con gran irresponsabilidad, el PP cuando habla de los gastos sociales como si fuera algo intocable, que no lo es.

Como verás, soy pesimista. Puede que, de continuar el deterioro económico del país, al que, sinceramente no veo freno eficaz a corto plazo, los españoles que viven de su trabajo se den cuenta de que no pueden soportar por más tiempo el mantenimiento de unas administraciones tan costosas y tan ineficientes; también puede suceder que nos intervengan desde fuera y nos impongan, de uno u otro modo, medidas serias en este terreno. En cualquier caso, me parece que habría que impulsar una toma de conciencia de que es insostenible un crecimiento continuado del sector público en la economía, y de que es necesario mejorar nuestra ética pública, introducir la accountability, que los organismos den cuenta de lo que  hacen y de en qué emplean a sus trabajadores.

Como muestra baste un botón: Telemadrid, que es la TV autonómica más barata de toda España, tiene un share medio del 8% y se gasta en ello unos 138 millones de euros, con un déficit de explotación de unos 17 euros por madrileño al año, que, insisto, es el más bajo de todas las autonómicas, de manera que si hubiese puesto el ejemplo de cualquier otra televisión pública el caso sería más grave. Pues bien, las televisiones privadas, ganan dinero y no nos cuestan nada, en principio. Y así, en muchas otras cosas que el Estado, las Autonomías y los Ayuntamientos hacen de manera menos eficiente que las empresas privadas. La función pública debería quedar, en exclusiva, para los jueces, los militares, los inspectores de hacienda.. y poco más. Y por supuesto, cuando el inspector de Hacienda, o similar, pida excedencia para irse a ayudar a una empresa privada, debería perder su condición de funcionario público. Bueno, vale.
¿Una campaña contra Google?

1 comentario:

Pablo dijo...

Hola José Luis,
Debería de empezar con un +1
Cada día estoy más anonadado, con lo de los políticos, y estoy más convencido de que el problema es como dicen ellos está en que España necesita reformas estructurales. ¿Por qué no cambiamos la estructura del estado en lo relativo a los cargos públicos? Esta serie de post/blogs surge consecuencia de una situación muy complicada, de unos indignados, de unas elecciones y en general consecuencia de la apatía general que tenemos los Españoles ante la política.
Yo he seguido informándome a través de las diversas fuentes que tiene el estado para facilitar información a los ciudadanos. Hablamos de reducir el número de funcionarios, lo compro pero antes reduzcamos el número de “funcionarios”, con esto me refiero a los expertos que contrata hasta el alcalde del pueblo más pequeño… no hay que olvidarse de que estos asesores están en los presupuestos nacionales, autonómicos, provinciales y locales de nuestra “pequeña” administración. Digo yo, por qué estos asesores no van en las listas y cobran como concejales, diputados, por qué hay que pagar a un diputado y luego al asesor de turno, es que el diputado no puede asesorar. Vamos peor que un esperpento. Solo en diputados autonómicos tenemos a 1.108 politiquillos viviendo del estado y concejales son más de 65.000. En el fondo de todo esto está el problema de la ley electoral, cámaras y organización del estado, etc. esto son reformas estructurales, ¿verdad?
No he podido encontrar lo de los asesores de alcaldes, pero otro esperpento. Y en relación a los alcaldes. ¿Cómo es posible que tengamos más alcaldes que en Francia siendo Francia un país más grande y con más población?, no será que los políticos han definido un estado, donde ellos son intocables y los demás no contamos.
El ejemplo que cuentas del diplomático es gravísimo, pues seguro tiene un buen sueldo, una no menos despreciable preparación y una excelente experiencia, no podría ser él uno de esos miles de asesores adjuntos a los cargos políticos. Es aquí, no sé como denominarlo, en el modelo territorial-local donde existen muchos cargos y puestos duplicados o triplicados, políticos y funcionarios. Y es donde deberíamos de recortar el estado (y los funcionarios)
En definitiva creo que hay que modificar cosas, pero hagámoslo bien y que empiecen predicando con el ejemplo.
En relación a tu botón… que se proponga un modelo de gestión privada porque el modelo público es deficitario me parece un poco demagogo. Sobre todo porque al mal-gestor que ha estado al cargo de la gestión de Telemadrid se le debería de caer la cara de vergüenza por haber tenido dicho déficit. Sinceramente no creo que la gestión privada resuelva este problema ya que existen innumerables ejemplos de empresas gestionadas privadamente que tienen déficit de explotación, lo que ocurre es que estas empresas tienen dos opciones o cierran o le piden más dinero a los “accionistas”. Es decir que en este caso, el de Telemadrid, el gestor al tener déficit le pidió más dinero a los accionistas. Con esto quiero decir: Cuándo Telemadrid sea privada y tenga déficit, supongo que tendrá déficit pues el gestor lo ha hecho bien (no digo correctamente a propósito) ya que nadie le ha echado de su puesto, y le pida más dinero al estado, en este caso la Comunidad de Madrid, esta que va a decirle, ¿Qué cierre la empresa?, y en caso de que esto ocurra pregunto: ¿Por qué no la han cerrado ya si es deficitaria?
Creo que las entidades han de gestionarse para que no sean deficitarias y a los gestores al frente de estas entidades se les debería de inhabilitar para el ejercicio de estas funciones. Igual que hay notarios que hacen una oposición se podría orquestar una oposición para ser gerente de entidades públicas y que estos gerentes no sean puestos a dedo por los políticos, escogiendo entre los políticos.
Un último punto, disculpa la extensión de mi comentario pero estoy muy interesado, e indignado con el asunto.