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domingo, 31 de julio de 2011

Cauce parlamentario

No me ha extrañado leer que Izquierda Unida pretenda dar cauce parlamentario a las ideas del 15M, y no me extraña porque si hay algún partido que sea bastante ajeno, en su fondo y en sus ideas, al parlamentarismo es, precisamente, Izquierda Unida. Esto no es ni bueno ni malo, es lo que es, me parece a mí. Lo que en el 15M le interesa a Izquierda Unida será, con toda probabilidad lo que ella misma o sus satélites habrán puesto ahí, o las generalidades a las que nadie pueda decir un no absoluto. Tanto el 15M como Izquierda Unida tienen algo de anti-político y no es extraño que haya por ahí un maridamiento más o menos oportunista. El problema es que cuando se quiere hacer política con lo anti-político, como cuando se hace, por ejemplo, desde la religión, se suele pretender algo que, en el fondo, equivale a negar la política, de la misma manera, por citar otro caso, que el llamado "comercio justo" supone, en el fondo, una negación del mundo mercantil, tal como es en la realidad.  
Las formas de lo anti-político son parte esencial de cualquier paisaje social y probablemente  sea absurdo pretender una sociedad tan cuerda y bien ordenada que fuese absolutamente impensable la aparición y la fecundidad de lo anti-político. Sin embargo, pese a que aprecie la buena voluntad que pudiera suponer, no deja de parecerme un absurdo la cuadratura del círculo.
Menos lobos con las redes, Caperucita

sábado, 30 de julio de 2011

Teoría y práctica



Llevamos varios días con noticias sobre sorprendentes aumentos en las remuneraciones de los consejos de administración de grandes sociedades, como si los beneficios solo se pudiesen atribuir a los jefazos y las pérdidas al resto del personal, y no siempre será así, me imagino. Parece pues como si la crisis solo afectara a los desgraciados: en Iberdrola, Santander, Barclays, Telefónica, Repsol, puede haber EREs y despidos, pero los directivos ganan siempre un poco más que el año pasado, que no es que fuera poco. Todo esto produce vergüenza ajena por la impudicia y la injusticia que representa, en grado superlativo, pero puede tener cierta justificación, aunque no me guste nada, en la pura teoría del capitalismo, si es que existe algo como eso. Sin embargo, lo que me ha llamado mucho más la atención es que el faro ideológico de la izquierda, PRISA, haga exactamente lo mismo, echar miles de trabajadores a la calle, mientras que las retribuciones del Consejo, dirigido por esa luminaria del progresismo que es Juan Luis Cebrián, se multiplican de forma escandalosa por tres, una cifra pequeña, que es lo que seguramente comentaría Rubalcaba. ¡Mundo, mundo!

viernes, 29 de julio de 2011

Adelanto electoral



Zapatero ha tirado la toalla, pero la ha tirado tan lejos como ha podido, reservándose cuatro largos meses de campaña, a ver si los pájaros maman. No creo que ocurra, aunque no quepa descartar que cualquier atolondrado les sirva argumentos a los perdedores, tal vez aprovechando que van a ser el 20 de noviembre, que no sé a qué me recuerda, por cierto. Ahora el PSOE empezará a hacer uso del doble pensar, y el PP puede caer en esa trampa. Rubalcaba ya ha dicho que sus propuestas van a ser realistas pero ambiciosas, y es fácil que siga por esa senda retórica en la que se le puede considerar una figura. A nada que se descuide se encontrará con un PP que asegure que sus propuestas buscan el cambio dentro de la estabilidad, o algo así. Si fuera época de Reyes Magos les pediría, especialmente a los del PP, que se dejen de jerigonzas y que le digan a los españoles cómo estamos, y lo que piensan que hay que hacer, no es difícil, en realidad, y para discutir eso se inventó la democracia. 
Internet para todos y sus tarifas

jueves, 28 de julio de 2011

Los Bancos tratan de lavar su imagen



Varias de las noticias de los últimos días han puesto de manifiesto que los grandes señores de la Banca parecen haber caído en la cuenta de que amplios sectores de la opinión les miran con poco afecto. La decisión del Santander de facilitar el pago de las hipotecas a parados y familias con problemas puede entenderse en ese sentido, o tal vez para aminorar el impacto negativo que pudiera suponer la noticia, siempre esperable, de que van a mejorar sustancialmente las retribuciones de sus grandes directivos, aunque tal vez no de modo tan espectacular como Repsol.
Los Bancos y las grandes empresas tienen de manera casi inevitable un problema de imagen, especialmente si les sigue yendo bien cuando a casi todos les va mal. La envidia y la imaginación que se desata sobre los fastos de los riquísimos son malos enemigos, pero, aparte de esta razón esencial, el mundo financiero, y una buena mayoría de las grandes empresas, se están portando en estos años de zozobra general con enorme impudicia, de manera que no sería extraño que les surgieran problemas más específicos.
Alguien tendría que velar para poner alguna especie de coto a estos desmanes, a los beneficios que se reparten con enorme alegría a costa de accionistas y espectadores en general, mientras, insisto, la mayoría lo pasa mal. Que se esté alargando la edad de trabajo, reduciendo las pensiones y haciendo toda clase de recortes, al tiempo que ciertos happy few nadan en la opulencia es un espectáculo poco grato, y puede llegar a ser muy peligroso. Es bastante insoportable que, por ejemplo, cuando un hipotecado pierde buena parte de su capital inmobiliario por la devaluación del bien que compró, los Bancos se queden silbando, como si no hubiesen tenido responsabilidad alguna en el alza exuberante de esos precios: eso es una iniquidad, algo que está mal y que habría que mitigar y corregir, sin duda, aunque no será fácil hacerlo.
Feynman y la Wifi

miércoles, 27 de julio de 2011

La melodía de la victoria



El Partido Popular lleva meses frotándose los ojos ante su inminente  victoria en las elecciones generales, muy próximas, en cualquier caso. El PP está atravesando un período de gracia en el que puede llegar a parecer que todo le sale bien, como ha ocurrido recientemente con el caso Camps. Ante este giro tan favorable de la Fortuna, a quien nunca conviene tener en poca cosa, algunos se aflojan y dan rienda suelta a su exultación, mostrando una alegría sospechosa pero enteramente ajena al paisanaje, que vive en su mundo y que lo está pasando mal, realmente mal.  Otro género de flojera que aflige a muchos es el ditirámbico, la loa excesiva al líder, convertido de repente en un dechado de virtudes y de aciertos. Ese tipo de manifestaciones de ebriedad política ha estado muy presente en el episodio valenciano cuando algunos han tratado de convertir al presidente dimisionario en una especie de héroe civil, víctima inocente de todas las maledicencias e injusticias concebibles. De este modo, lo que no ha pasado de ser una salida discreta a una situación insostenible, se ha pretendido convertir en una apoteosis de la virtud pública, lo que implica un notable desconocimiento de los riesgos del ridículo, una amenaza siempre muy peligrosa y omnipresente en las plazas españolas.
El PP va a ganar, pero es que el PSOE se ha empeñado en cometer todos los errores a la vez, y en hacerlo de mala manera. Los políticos harían bien en ver que toda victoria en democracia es precaria, y los políticos de más fuste deberían empeñarse en que esa carencia de fundamento se aminore, en que crezca la cultura política que sustente las posiciones propias, que haga posible que la victoria política llegue a convertirse en un éxito de todos. Al PP le queda mucho camino por recorrer en este terreno. Bastará recordar cómo pasó en cuatro años de la mayoría absoluta a perder el poder, y, por obvias que sean las circunstancias del caso, lo relevante es que eso podría volver a repetirse, y con un ciclo todavía más corto, dadas las tremendas dificultades con  las que se va a enfrentar el Gobierno de Mariano Rajoy.
Todo lo que no sea empeñarse en sumar adhesiones, en ser persuasivo, en aparecer razonable y comedido puede llegar a ser inútil. Ahora, con los fastos de las victorias recientes, el PP está mostrando de nuevo la cara amable del buen administrador, del gobernante austero, y eso, que está bien, puede no ser suficiente sino se hace algo más, si no se acierta a componer un discurso capaz de suscitar algo más que el entusiasmo de los que aplaudirían aunque se sugiriese el mayor disparate. El PP debe dejar de ser oposición y abandonar el empeño freudiano en las comparaciones con los socialistas para empezar a ofrecer un discurso positivo, capaz de ilusionar, realista, esforzado, duro cuando sea necesario, pero que haga que los españoles perciban que el PP no está meramente en una perpetúa pelea con el PSOE, ya se encargará Rubalcaba de eso, sino en tratar de que este país que ahora está descarriado recupere una marcha briosa, una esperanza ahora perdida en que los españoles podamos llegar a ser  una nación próspera y competitiva, haciendo una España que nos guste y que pueda ser admirada. Es precisamente en eso en lo que hay que trabajar, dejando a un lado lo que tantos ven, sobre todo, como rifirrafes entre políticos.
¿Alguien cree que el PP pueda arañar nuevos votos insistiendo en que Rubalcaba deba retirarse? El caso es tanto más curioso si se piensa que Rubalcaba no ha ganado nunca nada, y que sus dotes para el liderazgo son algo menos que conjeturales. ¿Quién duda de que al PP no le gustan gran cosa los terroristas, y considera de muy mal gusto todo lo que ha ocurrido en torno a un establecimiento muy cercano al Bidasoa? Se podrían multiplicar las preguntas de este tipo sin que se llegue a aclarar, ni poco ni mucho, lo que se gana insistiendo en lo obvio.
Hay, en cambio, un buen rimero de cosas esenciales que muchos españoles están deseando oír, y que no importa nada repetir porque su anuncio mueve a la esperanza. No es que el PP no las haya dicho nunca, pero no estará de más todo el énfasis que se ponga en reiterar ciertas políticas: que se va a arreglar y despolitizar la Justicia, garantizando su independencia, para lo que es necesario renunciar al compadreo con los socialistas; que se va a sostener firmemente el interés general más allá de las demandas autonómicas de los más aguerridos; que se va a escuchar a los agentes sociales, pero que se va a acabar con la subordinación a sus intereses corporativos en la dirección de la economía, que se va a liberalizar cuanto se pueda, porque no está claro que cada vez más gente trabajando para los poderes públicos nos lleve a otra cosa que a la ruina; que se va a apoyar en serio a los emprendedores, a los autónomos, a los profesores, a la gente que trabaje bien. Esa es la música que muchos echan en falta, la verdadera melodía de la victoria.

martes, 26 de julio de 2011

Mysterium iniquitatis



El progreso se ha basado en la presunción de que el bien y la  verdad marcharían siempre de la mano, de que los avances en el conocimiento habrían de conducir a que los seres humanos fuésemos sabios y, en consecuencia,  virtuosos, benéficos. Desgraciadamente, no es así, no ha sido nunca del todo así. La historia del siglo XX está marcada por los horrores que, entre otros,  causaron los líderes de una de las naciones más cultas del planeta, de modo que ya no debiera sorprendernos la enormidad de los crímenes que se cometen en nombre de lo más sagrado, pretendiendo defender verdades dignas y piadosas, además de los muy numerosos que, por supuesto, se cometen en nombre de principios que no merecen ningún respeto.
El Mal existe y, de vez en cuando, aunque lo llamemos locura para nuestro consuelo, aparece sobre la faz de la Tierra para llenar nuestros corazones de congoja, de temor y de desesperanza. No somos capaces de entenderlo,  porque, de otro modo, lograríamos dominarlo. Hay algo que se nos escapa y que nos cuesta reconocer porque contradice la mayoría de nuestras esperanzas, el orgullo del corazón humano.  El Mal existe y nos puede derrotar, puede convertir a cualquiera en una caricatura de lo que cree y defiende. No hay otro remedio que recurrir a Dios, como hace con toda sencillez el Padrenuestro, para pedirle que nos libre del Mal. Eso es lo que ha hecho la sociedad noruega, con enorme emoción y desconcierto, en la Misa celebrada en la catedral de Oslo.
Lo que se va sabiendo de quien parece ser el único asesino en esta criminal tragedia nos llena de estupor. Los médicos tal vez acierten, claro es que a toro pasado, a elaborar un perfil psicológico del sujeto que tratará de aquietar nuestro horror con la piadosa explicación de la locura.  Sería, en todo caso, una de esas locuras que tan hondamente caracterizó Chesterton: “El loco no es quien ha perdido la razón. El loco es el hombre que lo ha perdido todo excepto la razón”, porque el larguísimo texto explicativo que el criminal ha colocado en la red, como para explicar su acción criminal, es un confuso alegato que  contiene toda clase de cosas, desde recomendaciones tecnológicas hasta anotaciones personales, pasando, entre otras, por una amenaza bastante explícita al Papa, de modo que su autor se nos presenta como una  especie de loco razonador sin ninguna clase de empatía, sin aprecio alguno a la dignidad de los demás,  de aquellos a quienes teme y desprecia, como un racista que confunde la lógica con un rasgo cultural de los de su estirpe, y se olvida de que no puede haber razonamiento alguno que concluya en el asesinato.
Un razonador loco, alguien que carece de la menor humildad para poner en cuarentena sus obsesiones, puede tener más peligro que un mono con una ametralladora, que es en lo que se ha acabado convirtiendo, con perdón para los monos, el atildado racista, falso cristiano, masón o aficionado a sus ritos y relatos, que ha acabado con la vida de un centenar de víctimas inocentes. ¿Qué tendrá que ver este crimen tan abyecto con nada de lo que pueda invocar su autor? Una de las trampas con las que nos seduce la sinrazón es la de hallar causas ideológicas allí donde solo funciona el designio de la maldad, la pura voluntad de causar daño, que es lo que aquí parecemos haber encontrado, salvo que la policía noruega y el estudio a fondo de lo que atañe al caso acaben por entregarnos otra secuencia de hechos distinta a la que hoy se nos ofrece, el misterio del Mal operando con enorme agilidad en medio de la civilización, la libertad y la cordura.

lunes, 25 de julio de 2011

La trampa del terror


El doble atentado del día 22 en Oslo tendrá largas consecuencias, independientemente de quienes hayan sido los asesinos. Es evidente que siempre cabe que alguien ponga en marcha un acto terrorista sin que sepa dar explicación precisa de cuáles han sido ni sus razones ni sus intenciones, pero esa vía de explicación no debiera ocultarnos que las democracias tienen enemigos muy obvios y poderosos, perfectamente capaces de aliarse con cualquier demonio para causar el terror, el desconcierto y el miedo. A primera vista, las sospechas parecen dirigirse hacia grupos extremistas, entre los que, hablando con propiedad, se hace muy difícil distinguir la derecha de la izquierda, porque su rasgo predominante es el desprecio de las libertades, su odio al mercado, y su burla de la democracia, caracteres que los identifican como grupos anti-sistema antes que de ningún otro modo. Tampoco sería la primera vez que los fanatismos se aliasen contra un enemigo común, ni que nazis e islamistas compartiesen objetivos.   No cabe, por tanto, sacar conclusiones políticas precipitadas de una brutalidad tan salvaje y absurda como la que nos afligió en marzo de 2004. Por cierto, que, a diferencia de lo que aconteció entonces, no hemos debido pasar por la vergüenza de ver cómo la oposición agita el miedo y la consternación de los ciudadanos contra un gobierno inocente de la barbarie. Algunos parece que no aprenden y tratan de seguir sacando ventajas políticas del crimen, Rubalcaba lamenta especialmente que las víctimas sean socialistas y Público evita el disfraz masónico del principal sospechoso para presentarlo como cristiano radical.
No hay otro remedio que tratar de entender lo que ha ocurrido acudiendo a, consideraciones muy generales sobre las razones que puedan hacer explicable un crimen tan espantoso, tan cruel y tan fríamente ejecutado. La sociedad noruega es ejemplarmente civilizada y tolerante y eso es algo que muchos extremistas consideran el peor de los pecados capitales.  Desde la guerra contra el nazismo, los noruegos no habían padecido ninguna forma de violencia política, de manera que se hace difícil pensar que las razones últimas del crimen se encuentren en la sociedad noruega. Parece más un caso de globalización por las bravas de ese oscuro descontento contra las democracias que anida tanto en el islamismo radical como en los grupos antisistema, y que ambos han decidido mundializar a base de atentados tan salvajes como inesperados e incomprensibles. Las democracias deben dejar de pensar que  viven en un mundo idílico porque los huevos de la serpiente pueden ocultarse en el rincón más insospechado, y deben adiestrarse en una nueva defensa de la libertad y de la tolerancia con el fin de establecer fronteras culturales muy nítidas contra las que se estrellen los que no saben hacer otra cosa que hablar con el lenguaje del terror.  El miedo que quieren infundirnos es un instrumento para la ofuscación, para que renunciemos a  pensar con libertad a cambio de darles todo lo que piden. Para nuestra desgracia, los españoles sabemos bastante de las artimañas de los terroristas para disfrazarse como ovejas que han reñido con los lobos.
No debiéramos renunciar a saber quiénes son los que han diseñado esta matanza pretendiendo que sea ejemplar. Lo único que es seguro es que quienes recurren al terror están, siempre, persiguiendo otra cosa, y no renuncian a tener razones para el asesinato. Esos objetivos y esas pretensiones tiene que ser esclarecidas sin que caigamos en la ingenuidad de dar por buenas las diversas trampas y trampantojos tras los que se ocultan los poderosos y crecidos enemigos de la libertad. Europa tiene que aprender a defenderse de esta amenaza que nadie debería reducir a un incidente casual.

sábado, 23 de julio de 2011

Ramón y Cajal en Aragón

Una de las alegrías que me ha deparado el reciente proceso electoral es haber visto a Luisa Fernanda Rudí, presidenta de Aragón, hablar de Santiago Ramón y Cajal, proponer su ejemplo a los ciudadanos y establecer un premio importante bajo su advocación. Es muy difícil entender  el descuido en el que se encuentra la figura de nuestro único científico de primer nivel.No tenemos, por ejemplo, una edición mínimamente decente de casi nada de lo que escribió. Don Santiago fue un español apasionado y un patriota ejemplar, un hombre tan excepcional como fácil de imit ar, se mire por donde se mire, aunque para hacerlo hay que esforzarse por alcanzar su carácter, su paciencia, su valentía, su tesón y su ambición, cosas poco socialdemócratas, hay que reconocerlo. Los lectores que quieran pasar un rato muy agradable deberán leer sus escritos autobiográficos, fuente de numerosas reflexiones y enseñanzas. Hay algunos trabajos míos que se pueden encontrar en mi página web y que pueden servir para que cualquiera comprenda las ideas políticas del aragonés. Hay que esperar que la invocación a Ramón y Cajal no se quede en una ceremonia. 
¡Pobre Microsoft!

viernes, 22 de julio de 2011

Un discurso más para vivir del cuento

La vieja sabiduría de los españoles da por cierto que es inevitable que un determinado número de personas se empeñen en vivir a costa de lo que trabajan los demás, a cuenta de nuestros sudores. Soportar a esa clase de granujas implica el pago de un canon asumible cuando no se exceden en el ejercicio de sus habilidades, pero se convierte en algo insoportable si se sobrepasan ciertos límites. Es lo que ocurre ahora mismo con la  incorregible tendencia de algunos políticos a la verborrea, a la solemnidad fuera de caso, a la conmemoración y el regodeo en la historia, en  lo desgraciados que hemos sido hasta que notemos contado con su benéfica presencia. Este tipo de vividores necesita justificarse y, como no puede apoyarse en lo que realmente hacen, andan siempre a la búsqueda de oportunidades para su lucimiento. A este género de ocasiones es al que hay que referir las palabras que dirigió a los Diputados el presidente del Congreso al finalizar una de las últimas sesiones. 
Aprovechando la proximidad del septuagésimo quinto aniversario del comienzo de la Guerra Civil, el Presidente del Congreso se ha sentido en la necesidad de perpetuar su memoria con unas palabras perfectamente prescindibles, y que no representan otra cosa que su personalísima manera de promover un discurso apartidista sobre la historia. Da grima, de cualquier modo, oír al pobre y decente Azaña en boca del riquísimo Bono.
La excusa de que resulta necesaria alguna conmemoración de la guerra civil es un recurso muy pobre, como lo muestra el hecho de que el propio Bono no haya sentido la necesidad de plantear de manera formal este asunto, y se haya limitado a forzar una especie de autorización de los grupos para que él pueda decir algo que supuestamente no moleste a nadie.
El Congreso de los Diputados ya realizó en 2002 una declaración institucional sobre esta cuestión, y cabría esperar que no se piense en renovarla cada año, como si se tratase de un rito. El Congreso de los Diputados hará bien en no excederse en sus celos historicistas pues son muchas las responsabilidades que ahora mismo le atosigan como para perder tiempo alanceando moros muertos. El buen sentido de los grupos lo ha sabido ver así, pero Bono no ha sido capaz de resistirse a unos minutos de efímera gloria pronunciándose de nuevo sobre un asunto que no está ni en la mente ni en el corazón de ningún español de a píe, que solo preocupa, en realidad, a aquellos que han sabido hacer de este asunto una buena percha de la que colgar subvenciones con la excusa de la Memoria histórica. Ha sido precisamente una de estas asociaciones tan escasamente desinteresadas quien se ha dirigido a la Cámara para pedir que no se pasase por alto el aniversario.
Izquierda Unida, ¿quién si no? había propuesto también una sarta de obviedades para recordar, como si hiciese falta, que nadie está legitimado para establecer regímenes totalitarios contrarios a la libertad y la dignidad de todos los ciudadanos, sin que nadie pueda explicar las razones de que Izquierda Unida no trata de promover esta clase de condenas allí donde podrían tener pleno sentido, en la Venezuela de Chaves o en la Cuba de los Castro.
Quizá se entiendan algo más estas triquiñuelas, si se ponen en relación con el intento de llevar a la Cámara a modificar la Ley de Amnistía vigente, y que tan buenos efectos ha tenido, para poder enjuiciar a quienes, según ellos, cometieron esta clase de crímenes en pleno franquismo. Bonita manera de entender la reconciliación y de seguir viviendo del cuento, en ausencia de beneficios más tangibles que los electores puedan llevarse a la boca.
ABC pierde un lector

jueves, 21 de julio de 2011

Que la Justicia no se detenga



Lo ocurrido con Camps marca un precedente de exigencia en las relaciones entre Justicia y política del que se sacarán, es de esperar, lecciones positivas, pues ha supuesto un calvario excesivamente largo. Lo más importante es que crea un precedente clarísimo en un asunto que los políticos tienden a oscurecer, la necesidad de asumir responsabilidades políticas en el momento mismo en que exista un procesamiento penal. En medio de tanta mediocridad y disimulo, algo es algo.
Lo que hasta la fecha se sabe del llamado caso Faisán configura el sumario más comprometedor que nunca haya afectado al Ministerio del Interior. Lo que la opinión pública desea saber con certeza es si el Gobierno llevó tan lejos su apuesta, equivocada e indigna, por lo que llamaron el proceso de paz, como para impedir que un grupo de terroristas a punto de ser detenido cayese en manos de la Justicia, que es, precisamente, lo que parece. Eso es lo que cualquiera puede colegir de lo que ahora sabemos, pero la Justicia no puede conformarse con lo que ya ha obtenido, y debe tratar de esclarecer de dónde exactamente salieron las increíbles órdenes que ejecutaron los policías ya procesados y que no eran precisamente unos policías cualesquiera, sino una parte muy importante de la cúpula antiterrorista que actúa sobre el terreno, en el País Vasco. Según publicó recientemente La Gaceta,   la investigación, que aún no está cerrada y ya ha obtenido poderosas descalificaciones de los sectores más asustados del Gobierno, puede dar un giro de ciento ochenta grados durante el próximo otoño, si se confirmara que se pueden encontrar indicios de delito suficientemente graves como para procesar al actual ministro del Interior, Antonio Camacho, quien, desde su puesto en el Ministerio, al lado mismo de Alfredo Pérez Rubalcaba, tenía, en todo caso, la obligación de seguir muy de cerca los que pudieran hacer sus hombres.
El problema es ya de enorme gravedad para el Gobierno, pero  si, en el otoño, se produjera el procesamiento del actual Ministro del Interior, el caso pasaría al Tribunal Supremo, una razón de peso que ha podido influir para nombrar Ministro al señor Camacho, pero, aunque eso supusiese un cierto respiro, la confirmación judicial de las fuertes sospechas sobre la responsabilidad de Camacho, colocaría tanto al actual Gobierno como al candidato socialista en una posición de extrema debilidad política.
Fuentes judiciales han llamado la atención sobre las iniciativas de la Fiscalía general tratando de retirar del caso al juez Ruz para ponerlo en otras manos, y sobre el envío de una circular de obligado cumplimiento exigiendo en los fiscales la “adhesión ideológica” como requisito del delito de colaboración con banda armada, un intento bastante desesperado de modificar  la calificación jurídica que pudieren revestir las acusaciones que resulten de la investigación en curso. Algo así como si una circular de la Fiscalía hubiese exigido para casos como el de los trajes valencianos el deliberado propósito de presumir, por ejemplo.
El juez Ruz no parece persona impresionable, y está dedicando a un asunto tan delicado y grave una atención muy detenida y escrupulosa que contrasta con la proclividad a perder esta clase de sumarios en cualquiera de los múltiples cajones de los que disponía un juez algo más descuidado como era Garzón.
El asunto que el juez tiene entre manos es de una extraordinaria gravedad penal y podría suponer, de llegar a buen término, una impagable lección sobre los límites penales y morales que los Gobiernos no pueden en ningún caso, sobrepasar. No hay doctrina política capaz de justificar una indignidad y una traición a los intereses de la democracia y de la Nación española, tratando de evitar que el conjunto de la sociedad española llegase a conocer lo que el Gobierno de Zapatero ha sido capaz de hacer con tal de conseguir una mínima y falsa apariencia de solución pacífica para un problema que cualquier democracia mínimamente respetuosa con la ley y con su dignidad política habría encomendado en exclusiva a los policías, bajo la atenta vigilancia de los jueces. El deseo de convertirse en aprendiz de brujo podría depararle a Zapatero un último y definitivo disgusto.

miércoles, 20 de julio de 2011

La guerra civil, tres cuartos de siglo después



Sería bastante inútil tratar de encontrar en la prensa de los años treinta discusiones políticas acerca del sentido de la Gloriosa, la revolución liberal de 1868, o sobre cualquiera de los episodios de nuestra convulsa historia decimonónica. Esta sucinta contabilidad cronológica sirve admirablemente para subrayar el absurdo de que un acontecimiento que se inició hace hoy setenta y cinco años, doce años más que los que median entre la Gloriosa y la proclamación de la II República, haya seguido siendo objeto de disputas políticas. Algunos no han aprendido la profunda verdad de las afirmaciones de  Luis Araquistain, figura determinante en la historia del socialismo español, cuando en 1958, poco antes de morir en el exilio, dijo que los españoles habían necesitado cuatro guerras civiles para darse cuenta de que resultaban inútiles. 
Setenta y cinco años después, la guerra civil española debería ser una poderosa razón, como lo fue en la Transición, para fortalecer la concordia entre los españoles, más allá de cualesquiera discrepancias, y, entre otras, de las disputas entre historiadores acerca de los orígenes, las etapas, las causas y los significados de cada una de las complejas circunstancias que se entrelazaron en un larguísimo y cruel conflicto. Es falso, sencillamente, que en la Transición hubiera voluntad de olvidar lo ocurrido, lo que hubo, y ese fue su mayor acierto, fue una voluntad general de no repetirlo, la certeza de que los españoles merecíamos la paz, la libertad y el progreso más allá de lo que pudieran haber hecho nuestros padres o nuestros abuelos décadas atrás. Es falso, por tanto, que no se pudiese hablar sobre la guerra, sobre la república o sobre la dictadura de Franco. Eso es justamente lo que se ha hecho, hablar con entera libertad y largueza, pero sin reiniciar la contienda y, en consecuencia, pocos acontecimientos han obtenido mayores atenciones de los historiadores de todas las tendencias, españoles y extranjeros, que lo ocurrido entre 1936 y 1939. Un testimonio absolutamente incontestable de esa abundancia de fuentes y de relatos es que, a día de hoy, si se busca “guerra civil española” en Internet  se obtienen más de tres millones de resultados en menos de dos décimas de segundo.
Son pocas las cosas de la guerra que permanezcan en penumbra o que ignoren los historiadores, precisamente porque el foco que se ha puesto en este asunto ha sido de una enorme potencia intelectual, y los resultados, y las controversias,  están ya, felizmente,  a disposición de cualquiera que quiera acercarse a estos asuntos con el ánimo de comprender.
El 18 de julio no es día de conmemoración entre españoles, desde hace ya décadas. Es, desde luego, una fecha muy señalada de nuestra historia, pero no debería ser de disputa civil. Por esta razón resulta realmente hiriente y espectacularmente sectario que este Gobierno que, afortunadamente, se acerca a toda prisa a un ocaso irreversible, haya gastado su energías y nuestro dinero en reintroducir lo peor de nuestro pasado en la agenda política, en reactivar una absurda memoria histórica, una expresión que como ha señalado Gustavo Bueno es, además, una contradicción en los términos, con el indisimulado propósito de arrimar adhesiones a su bando y en contra del supuesto bando de los supuestos herederos de los supuestos golpistas. Mucha suposición sin mayor fundamento, mucho aventurerismo político, y muchas ganas de repartir dineros a espuertas entre los amigos de la secta zapateril, aunque sea a riesgo de irritar innecesariamente a unos y a otros.  Para desgracia de todos, la guerra fue algo más, y algo más complejo, que un mero putsch de militares poco atentos a la disciplina debida. Ese intento de rehacer una historia ad usum delphini es, además de una estupidez, una muestra realmente insuperable de vileza política, de mala intención. En este punto, Zapatero y sus secuaces han llevado al PSOE a asumir unas posiciones que no es extraño que susciten escasa simpatía entre sus propios militantes que, como el resto de los españoles, quieren vivir en paz y en libertad, mirando al futuro y sin  sentirnos vinculados por los errores y los crímenes que hayan podido cometer los antepasados de cada cual. Es seguro que los más sensatos de entre los dirigentes socialistas han entendido ya el mensaje y saben que esa es un senda por la que no hay que seguir y que de continuarse, no llevaría a nada bueno. Contrasta esta actitud irresponsable con la de la mayoría de los supervivientes de aquel enorme desastre.  Nuestro pasado merece estudio y piedad, no necedad y sectarismo.
El Pentágono se enreda

lunes, 18 de julio de 2011

Una azaña atlética de Rubalcaba que conviene recordar



Cuando, en diciembre pasado, el señor Rubalcaba decidió poner en la picota a una de nuestras glorias nacionales, a Marta Domínguez, fue fácil advertí que las circunstancias ayudaban a que el Gobierno sintiese la urgencia de ofrecer una imagen justiciera, una conducta de ejemplar independencia y respeto a la ley que pudiera engañar a una buena mayoría de personas incapaces de imaginar siquiera el retorcimiento al que llegan algunos con tal de conseguir apartar de la cabeza de los españoles lo que realmente les importa. El sensacionalismo de esa justicia espectacular manejada a su antojo por los fiscales, esto es, por Rubalcaba, siempre ha sido una excelente maniobra de distracción de la opinión menos maliciosa.
La persecución a la atleta palentina vino a coincidir, seguramente que no por pura casualidad, con un resonante éxito parlamentario de Mariano Rajoy. En su discurso parlamentario Rajoy había dejado en evidencia la demagogia irresponsable de Rubalcaba cuando ejercía de oposición al primer gobierno de Aznar. Lo que hizo Rajoy fue poner en sus labios, con las muy sonoras protestas del patio socialista, siempre exquisito y delicado, las cínicas e irresponsables palabras que el ahora candidato había utilizado en 1999 para enjuiciar la actuación del entonces ministro de Fomento, Rafael Arias Salgado, palabras notoriamente injustas y exageradas, pero que, por una de esas justicias poéticas, definían con entera nitidez la irresponsabilidad y la chapucería demagógica de Rubalcaba y los suyos, en el momento  preciso del aquelarre organizado contra Marta.
Ahora el escrutinio sereno de la Justicia ha puesto las cosas en claro y ha restablecido la inocencia de una atleta ejemplar que, para su desgracia, no había ocultado nunca sus simpatías con el Partido Popular, algo intolerable, como se sabe, y que siempre merece público castigo. La Guardia Civil, ejemplarmente disciplinada, entró en el hogar de la atleta palentina, que, además, estaba embarazada en ese momento, con los modos que debiera haber usado para llevar a cabo la captura del jefe de todas las mafias de la droga. Como de casualidad, las televisiones amigas, estuvieron allí para contarlo. Los españoles hubimos de tragarnos una amarguísima medicina, el derribo de un mito deportivo basado exclusivamente en el esfuerzo, en el coraje, en el orgullo de ser mujer y española.

Nadie pagará jamás el daño causado a Marta, al atletismo español, a todos nosotros, pero Rubalcaba, que amenaza con intentar la conquista de la jefatura del Gobierno, ha sido el responsable moral y político de esa injusticia, de esa irresponsabilidad, y lo menos que podemos hacer es recordar las cosas de que ha sido capaz este personaje con tal de obtener alivio político, por momentáneo que resulte.
La noticia sobre la posible implicación de uno de los ídolos deportivos más populares nos dejó a todos estupefactos, y sirvió admirablemente  para apartar de nuestro magín el demagógico modo con el que Rubalcaba enjuiciaba al gobierno de Aznar y la tonta pretenciosidad con que el grupo socialista consideraba inaplicables esas palabras de Rajoy, que eran repetición literal de las que en su día pronunciara Rubalcaba,  a cualquiera de los miembros de su gobierno, porque cualquiera que se refugie bajo el manto incorruptible del socialismo está siempre por encima de toda sospecha, y al abrigo de cualquier crítica, como es público y notorio. El afán de Rubalcaba por manejar la opinión pública ha llegado al extremo de utilizar a la Guardia Civil para que invada el domicilio de cualquiera que le pueda convenir con tal de apartar de las portadas de la prensa las muchas y frecuentes noticias inconvenientes para su fama y el prestigio de su Gobierno. A pesar de tanto fuego de artificio, es evidente que Rubalcaba no ha conseguido su objetivo. Tendría que haber asaltado varias veces al día el domicilio de personas tan respetables como famosas para poder ocultar el desastre absoluto en el que se ha convertido el Gobierno de Zapatero, ese grupo de políticos desnortados que Rubalcaba fue llamado a salvar con un resultado que queda a la vista. 
Ahora que ha salido huyendo de la quema, sigue aplicando la manguera de gasolina en ciertos focos para apagar los incendios que le amenazan a él. ¿Cómo juzgar, si no, sus demagógicas palabras contra la Banca española en un momento de auténtico desastre para la imagen exterior de nuestra economía? Este hombre es un peligro porque carece completamente de principios, de límites morales, aunque presuma continuamente de lo contrario. Su principal preocupación es hacer creer a los electores que nunca ha tenido nada que ver con esos chicos, que no conoce a Pajín, que nada sabe de Aído, que pasaba por allí, y que lo único que ha hecho es dedicarse a detener terroristas, amansar a los del 11 M, y detener al malo de la película, a Teddy Bautista, uno de sus últimos montajes, mal instrumentado, como siempre, porque la chapuza es marca de la casa.

domingo, 17 de julio de 2011

Marías en el Oeste


Uno de esos buenos amigos que uno tiene por ahí, me ha hecho el favor de mandarme un artículo de Marías, el novelista, sobre el cine del Oeste. Confieso que empecé a leerlo con enorme escepticismo, pues la virtud que supone ser partidario de que Marías es un gran escritor, no se me alcanza, en absoluto. La próxima vez me fiaré más del buen tino de mi amigo, que lo es, pese a ser inusualmente discreto y prudente.
Al leer al novelista he recordado las buenas críticas que solía hacer su padre en la viejísima Gaceta Ilustrada, cuando yo las leía, aunque creo que luego prosiguió en otros medios. Creo que si el filósofo pudiera leerlas estaría contento con el gusto del chaval, que ya no lo es, desde luego.
Lo que más me sorprendió, sin embargo, no es que pudiera dar una interpretación que, a mi juicio, es básicamente correcta, del ocaso de ese género de cine, sino que coincido casi al cien por cien en los ejemplos que pone. El caso es que voy a echar un vistazo a alguna de las novelas del autor que dejé a medio leer, no sea que me hubiera equivocado.  De todas maneras, diré que siempre he considerado que ser un buen novelista y ser un buen crítico son dos cosas rotundamente distintas y que nunca entendería que un buen novelista perdiera el tiempo haciendo crítica, salvo el caso de Coetzee que me parece bastante bueno en los dos oficios, lo que no deja de ser significativo del tipo de novelista que es. 
Uno que sabe

sábado, 16 de julio de 2011

La historia se repite


Comentando a Hegel, Carlos Marx escribió que en la historia tienden a repetirse ciertas escenas, pero a hacerlo sin grandeza, con tono de farsa. Esa es la sensación inevitable al comparar los dos finales de período socialista, lo ocurrido en 1996 y lo que ahora sucede. Una crisis económica espectacular; un alto grado de desafección con el sistema, sobre todo entre quienes quisieran que la democracia se redujese al triunfo permanente de la izquierda; un déficit económico galopante debido a un gasto público descontrolado y estéril; las falsas promesas de recuperación, esos “brotes verdes”  de los que habló Salgado, y que se han secado antes de llegar a nacer; una corrupción generalizada que evidencia cómo muchos líderes de la izquierda no sirven a otro interés político que al crecimiento inexplicable de su patrimonio, propósito que sólo han podido mantener con una Justicia politizada y amordaza, al servicio no ya del socialismo, sino del enriquecimiento de unos pocos; una descomposición total del PSOE moviéndose al grito de “sálvese quién pueda”. 
Sin embargo, lo que llama más la atención es lo que gira en torno a Alfredo Pérez Rubalcaba, el único personaje que ha ocupado un papel decisivo en ambos finales, y que, por insólito que resulte, ha sido finalmente escogido como tabla de salvación de su partido, apostando, sin duda, por el apoyo de unos electores a los que la ley, la justicia y el estado de derecho, deberá importar bastante menos que las llamadas a la fidelidad a unas siglas, olvidando por completo cuanto se ha hecho bajo su amparo, fieles a ese estúpido slogan que establece que socialismo es lo que hagan los socialistas.
El ahora candidato del PSOE, es una figura política indisociable de los crímenes y el escándalo del GAL, y ha sido también el responsable político de la más inaudita actuación imaginable por parte de un Ministerio del Interior. Que los mandos superiores de la policía, directamente a sus órdenes, hayan facilitado a los etarras escapar a manos de la Justicia, es algo cuya enorme gravedad ni siquiera admite la comparación con el GAL. En tal caso, al menos, se trataba de acabar de mala manera con la ETA, y es verosímil que un policía se extralimite, pero no que se invente una “política de paz”. Salvo en ese matiz, en nada pequeño, el resto de la partitura es idéntica: el juez Garzón haciendo méritos a base de guardar el caso en los cajones, el ministro de Presidencia, fiel a la consigna de que se acatan solo las decisiones judiciales favorables, acusando al juez Ruz de politización, o el segundo de Rubalcaba, ahora su sucesor como ministro en este Gobierno terminal, llegando a declarar que los policías actúan siempre “a su aire”, como si no recordásemos todos las proclamas zapateristas sobre la paz, y la exquisita diligencia del Ministerio del Interior para seguir las altas directrices, tan desastrosas como nítidas,  de nuestro visionario presidente que se ha empeñado en “hacer la paz” a costa de la democracia y de la dignidad de los españoles decentes.
El caso Faisán se ha convertido en la guinda amarga de los grotescos intentos del mal llamado proceso de paz, y, en un país cuyas instituciones no estuviesen tan deterioradas por el partidismo como están las nuestras, debería suponer la tumba política de un personaje como Rubalcaba, por más que se haya apresurado a sacudirse el polvo del zapaterismo como si él hubiese estado estos siete años en la inexistente oposición interna, o de vacaciones. 

viernes, 15 de julio de 2011

Políticos en la picota



Por una extraña ley, no sé si natural o cultural, los escándalos de conducta de los políticos siempre van a pares: que un Senador del PSOE se sobrepasa en una sauna, enseguida aparece el procesamiento de Camps para compensar. Bueno, tal vez no sea así, pero a veces lo parece.
Este fenómeno de la corrupción es bastante peculiar. Yo estoy convencido de que hay una buena mayoría de políticos decentes, luego un gran número de gente bizcochable, sin que se note, y, por último, una importante force de frappe de tipos que están en la política para lo que están. Nunca es fácil distinguir a qué tipo pertenece cualquier de los encausados, pero habría que partir de que los peores casi nunca son sorprendidos con las manos en la masa; tiene unos patrimonios sorprendentes, pero todo es magia y, si acaso, labia, o eso parecen creer los jueces y fiscales frente a los que naufraga cualquier intento de preguntarse por el origen de determinadas fortunas.
El caso de Camps, que me causa un desagrado profundo, es de los que te hacen dudar sobre las categorías aplicables, porque, si bien es cierto que parece poco probable que se haya corrompido por unos pantalones, no acaba de entenderse cómo ha llevado tan mal un asunto que podría haber resuelto de formas mucho más inteligentes, por ejemplo, admitiendo que fue un gasto comprendido en una campaña de imagen, o cualquier otra explicación. La verdad es que el argumento de que lo pagó todo de su bolsillo pone a prueba la fe de cualquiera, tanto la de los muy tontos, como la de los que  se malician algo más, la teoría de la punta del iceberg en una operación tan bien urdida. Porque Gürtel es un caso ejemplar, desde dos puntos de vista: primero como sistema cañí a la hora de forrarse, pero también como instrumento jurídico-policial, ya saben a qué me refiero, para hundir al PP en la miseria, aunque esto no parece haber funcionado, por mucho que los chicos de la izquierda tengan dificultades para comprenderlo. No me extraña, qué quieren que les diga.  
Yo tengo mayores dificultades para entender que un juez se entretenga con los trajes de Camps, y no haya otro que se sorprenda de la Hípica de Bono, pero, sin duda alguna, es un problema personal.
Movistar y el arrepentimiento

jueves, 14 de julio de 2011

El riesgo político


Es evidente que la política es una profesión de riesgo, porque casi siempre termina personalmente mal, e imagino que ese es un pensamiento que le venga con alguna frecuencia a la cabeza de Rubalcaba. Ahora bien, una cosa es que ese riesgo sea inevitable y otra, muy distinta, es ser excesivamente arriesgado. Cuando se es se hace mala política, velis nolis, porque el político tiene que vivir de realidades, de resultados, no de experimentos. Cuando las cosas se apasionan en exceso, y entre nosotros ocurre siempre que el PSOE está a punto de perder y, no digamos, a punto de ganar, la moderación es algo especialmente inexcusable.
Ahora los jueces, bueno, sólo uno de ellos, el que toca,  parecen cercar políticamente a Rubalcaba, porque es bastante inimaginable que unos policías, aunque fuesen directores generales, se inventen una operación como la del Faisán, a ver qué pasa. Sin embargo, los líderes del PP no deberían sobreactuar y creo que Rajoy ha estado muy en su punto en lo que ha dicho hoy respecto al caso, que quiere que el Gobierno diga la verdad, y que Rubalcaba, que ya no tiene responsabilidades, es muy libre de hacer lo que quiera.
Hay momentos en que los votos no se ganan a gritos, por curioso que parezca a algunos. 

miércoles, 13 de julio de 2011

Un Gobierno de sainete


Nadie podía esperar de Zapatero otra cosa que una remodelación del  Gobierno destinada a o molestar al único cesante, a simular un impulso en el que nadie cree, y menos que nadie los mercados que han saludado la noticia con un alza de nuestra prima de riesgo bastante importante. Es obvio que los mercados tratarán de apurar sus intereses hasta que se vea si un Gobierno realmente nuevo y surgido de las urnas hace lo que hay que hacer para detener esa sangría.  Es penoso escuchar las excusas de Zapatero como si realmente tratase de conseguir que le creamos, cuando ya nadie le cree, cuando lo que dice no le importa ya ni a Rubalcaba.
Todo indica que estamos ante un adelanto electoral tan obvio como la negativa de Zapatero a reconocerlo. Si Zapatero tuviese la menor posibilidad de llegar hasta marzo habría intentado un refuerzo de mayor envergadura, y no esta mini crisis que no es ni eso. Este nuevo Gobierno no va a ser capaz de aprovechar ni siquiera esos escasos minutos de prórroga política que son, en realidad, lo único que le queda. Esta remodelación del Gobierno ha sido demasiado cosmética, y la tremenda crisis en la que nos encontramos necesita intervenciones de mayor enjundia que Zapatero no está en condiciones de abordar. Su tiempo está enteramente agotado, y los nombramientos y ajustes así lo certifican.
Aunque no haya conseguido imponer a Jáuregui, si es que de verdad lo intentaba, en la portavocía, Rubalcaba ha mantenido a su número dos en Interior, de manera que ese Ministerio, tocado en la línea de flotación por el escándalo policial y judicial del Bar Faisán, va a seguir la línea renqueante y oscura en la que se había instalado desde hace ya muchos meses. El hecho de que Camacho sea una persona avezada al manejo de eventos electorales muestra que no  se ha considerado prudente buscar otro sustituto, dada la inminencia con la que el nuevo ministro habrá de asumir el control de los procesos electorales.
Rubalcaba ha impedido también cualquier mínimo gesto de compensación a su gran rival en el simulacro de primarias que le ha consagrado. Zapatero no tiene ya ni la autonomía necesaria para compensar, siquiera sea de manera simbólica, a su delfina quien, en el colmo de la astucia,  pretendió hacerse pasar por la niña de Felipe.
Todo este mínimo revuelo muestra una vez más que Zapatero continúa instalado en ese limbo ilusorio en el que sueña que está haciendo grandes reformas, protagonizando hazañas portentosas que los simples mortales son incapaces de identificar. Su insistencia en que el Gobierno debe continuar por el bien de España produce vergüenza ajena.
Estamos ante un final de representación bastante cansino y previsible, muy escasamente estimulante, incluso para los humoristas. Hay que reconocer que se trata de una exequias de tercera para alguien que estuvo a punto, si se hace caso a sus voceros, de protagonizar un acontecimiento galáctico en la visita frustrada de Obama, para quien se ha convertido en el salvador del euro, como llegó a decir el nuevo portavoz del Gobierno, el otrora Pepiño, un personaje con cierta capacidad de adaptación y que parece haber aprendido a jugar con dos barajas sin hacerse demasiados líos.
Esta farsa tan estúpida pudiera acabar por salirnos realmente cara, dada la ausencia total de sentido de la responsabilidad en un gobernante tan endeble y huero. Tiene bemoles que nuestra esperanza tenga que estar en que Rubalcaba acabe por echar a Zapatero antes de que este sainete se convierta en un auténtico drama.
Cuando los jueces aciertan


martes, 12 de julio de 2011

¿A qué esperamos?



La proclamación de Rubalcaba como candidato del PSOE a las elecciones generales debería poner fin, de manera inmediata, a la legislatura, a un Gobierno que se ha quedado sin programa, sin líder, y sin otro objetivo que mantener una apariencia de normalidad, una  pretensión que se da de bruces con una crisis política  y económica  sin precedentes, y que reclama, cosa que ya nadie niega, la urgencia de las urnas. Hasta la sentencia de Bildu este gobierno tenía un motivo, equivocado y egoísta, pero efectivo, para continuar, pero, una vez que se ha hecho evidente la torpeza de ese propósito, y se ha consumado el desastre electoral, este Gobierno no tiene ya nada que hacer, y, por un elemental sentido de la prudencia, debiera permanecer con la boca cerrada. Zapatero no puede seguir dirigiendo un gobierno que ha dejado de existir y que, conforme con la tradición socialista, va a estar estrictamente subordinado a los intereses de su partido, es decir, a las indicaciones de quien todavía es su Vicepresidente primero. No se trata de una mera bicefalia, sino de un auténtico disparate.
Sería razonable que el PSOE pudiese solicitar un tiempo de espera para dar a conocer a su candidato si éste hubiese sido escogido desde las bases en un proceso de primarias, pero resulta que el partido, vista la magnitud de la debacle, ha tenido la ocurrencia de recurrir a un veterano, a alguien que lleva más de treinta años en el primer plano de a política y al que, si le aflige algún problema en el plano de la imagen pública, no es precisamente el de ser un desconocido. Todas las estratagemas, un poco tontas, todo hay que decirlo, que ha venido ensayando Rubalcaba, han tratado precisamente de ocultar lo mucho que sabemos de él tras una máscara publicitaria que permitiera presentar como novedad a uno de los políticos en activo de mayor edad, a quien ha sido un fijo en cualquier quiniela del poder desde hace más de treinta años.
El PSOE tiene difícil la definición de su política futura, pero se trata de una dificultad aparente y, en realidad, es parte del precio que tiene que pagar por los importantes y gravísimos errores cometidos. Rubalcaba no puede presentarse como un rival de Zapatero, aunque le tentará ensayar gestos que lo simulen, pero, menos aún, puede dedicarse a alabar los logros de lo que también ha sido su Gobierno. Se trata de un problema que no podrá resolver en el tiempo que queda de legislatura, de manera que mejor sería para él que se aviniese cuanto antes el castigo, seguro de que nadie le va a imputar el desastre, y cierto de que cualquier atisbo de ligera mejora se computará en su favor.
Después, si se atreve, tendrá tiempo para tratar de poner en píe un nuevo proyecto socialista, dado que las legislaturas de Zapatero   han supuesto, evidentemente, un intento equivocado de redefinir el socialismo posible en el siglo XXI. 
Hay que suponer que expertos de todos los pelajes estarán abrumando al candidato sobre la idoneidad de una u otra fecha para paliar los efectos del desastre reciente, que si en octubre, que si en noviembre, pero lo único que está claro, a día de hoy, es que no existe razón alguna para retrasar las elecciones, que todo lo que no sea convocarlas cuanto antes, supone un perjuicio a los intereses nacionales y al  conjunto de los españoles, y que es bastante dudoso que pueda servir a los intereses de un partido que no sepa retirarse del escenario cuando el público está arrojándole toda clase de objetos de manera escasamente cariñosa. 


Abusos de las telefónicas

lunes, 11 de julio de 2011

Hoy hace un año


Hoy hace un año viví unos de los momentos más emotivos de mi vida. España ganó el Mundial de fútbol, algo que parecía imposible que sucediese. Creo que la calle se llenó de gente que estaba entusiasmada por esa victoria, y por lo que significaba. Siempre he pensado que esta España nuestra está en todo  muy por debajo de lo que podría estar, debido a viejos vicios que no nos dejan vivir tranquilamente, a abusos de todo género, al increíble poder que llegan a alcanzar muchos muy, pero muy, tontos. No hay más remedio que reconocer que la culpa es de los que lo consentimos, desde luego, pero ver cómo se había logrado una meta tan alta y difícil haciendo las cosas bien fue realmente hermoso. ¡Ah! y además me gusta el fútbol, claro.  


Una utilidad maravillosa

domingo, 10 de julio de 2011

La asignatura pendiente


El problema del PSOE es el siguiente: si se dedica a cultivar su voto fiel, esto es, si se deja llevar por la cultura política inspirada en el resentimiento social y la envidia, que es, sin duda, una de las más hondas razones de ser de la izquierda española, tiene una parte de su trabajo asegurada, y estará siempre en una cierta mayoría moral frente a una derecha a la que pinta como insolidaria, egoísta y "antigua", aunque todos esos epítetos, quizá especialmente el último, sean difíciles de comprender, viniendo de quien vienen.  Entonces estará en condiciones de ganar siempre que la economía vaya bien y perderá cuando, casi inevitablemente, la desbarate. 
Si, por el contrario, se dedicase a reinventarse, a convertirse en una izquierda competitiva como la norteamericana, o la más común en el norte de Europa, ganaría amplitud de espectro social, pero su base, hasta ahora bastante berroqueña, se iría disgregando, poco a poco.
El problema está en que las políticas que suenan bien a la base, como las que ha insinuado APR en su presentación, son rigurosamente inaplicables, de hecho ningún gobierno del PSOE las ha aplicado nunca, de modo que ello les obliga a una esquizofrenia que, como mejor se representa es con el apellido de un banquero: Botín. Se trata de la vieja táctica de los teros: los huevos en un sitio, los gritos en otro.
Atreverse a dar el salto de ese píe forzado no es fácil. Zapatero lo ha intentado por el lado del pacto con el nacionalismo burgués, pero ya se ve que no le ha salido; ha intentado poner en píe un socialismo insoportablemente retórico, y el balance ha sido desastroso, como corresponde a una salida en falso.
¿Podrá intentarlo Rubalcaba? Creo que no le faltan ni recursos, ni ambición, pero no tiene tiempo. Si consiguiera un resultado decente y el liderazgo nacional a medio plazo, creo que lo intentaría, y no sería mala cosa. No creo que, de hacerlo, lo hiciere por generosidad, sino por instinto, porque las cuadernas del viejo rencor de clase son cada vez más débiles e inseguras. 


Google responde

sábado, 9 de julio de 2011

El candidato Rubalcaba



La proclamación oficial de Alfredo Pérez Rubalcaba como cabeza de la lista por Madrid en la lista del PSOE, y, por ende, como aspirante a la presidencia del gobierno español ha sido uno de esos típico actos que tanto gustan a los partidos españoles: entre nosotros y que la tele lleve nuestra imagen por doquier.
No tengo el placer de conocer personalmente a Rubalcaba, pero creo que su imagen es lo suficientemente potente como para que pueda convertirse en un candidato con posibilidades. Es evidente que se enfrenta a una situación muy complicada y a un destino incierto, por llamarlo de alguna manera, pero es fácil que sea uno de los personajes mejor preparados para afrontar la ardua caminata que le espera a un PSOE desprovisto del gobierno y sin apenas poder territorial.
De momento, ha hecho lo que cabía esperar que hiciera, separarse del Gobierno y girar a la izquierda, porque, de la misma manera que el PP siempre está girando al centro, el PSOE siempre está condenado a esa maniobra retórica. Adviértase el hecho, muy notable, de que ambos giran en la misma dirección, lo que certifica lo que, todavía hoy, se da por hecho, la superioridad moral y política de la izquierda, aunque se encuentre tan a la intemperie como se encuentra por culpa de sus pecados zapateriles, seguramente imperdonables para muchos.
Hay que estar atentos a dos cosas: a si el electorado que ha abandonado al PSOE da muestras de fiarse de Rubalcaba, y a si el candidato, poco a poco, empieza a decir algo distinto que lo más obvio y trillado.
Blogger draft a peor

viernes, 8 de julio de 2011

El sistema

Hay palabras que se ponen tan de moda que se convierten en una especie de talismanes, pero, en lugar de librarnos de algún peligro, lo que hacen es obligarnos a incurrir en todos los tópicos concebibles, convertirnos en esclavos de alguna supuesta sabiduría, rehenes de todos los malentendidos. He pensado en esto al ver unas declaraciones de  Ferrán Adriá, según las cuales,  "el sistema no aceptaba más el triunfo de El Bulli". El sistema. Hay es nada. Una palabra que lo mismo se encuentra con Mario Conde, que ha escrito libros sobre el asunto, que en un indignado con cierta tendencia a la retórica comprensible, que en un editorialista de periódico progre.
Un sistema que no es sistema de nada, es más un síntoma que un sistema, es un indicio cierto de que el hablante cree poder pensar algo que no sabe decir, o que cree poder decir algo que no sabe pensar, que me da lo mismo. Es curioso que una palabra que en su intención inicial apuntaba a la claridad se haya convertido en una sima tan oscura, tan hosca. Pero parece haber premio para quien presume de conocerla al dedillo, de los que se han atrevido a mirar a los ojos de la bestia y saben actuar como si no fuera nada más que un tigre de papel.

jueves, 7 de julio de 2011

El panorama ante Rubalcaba

La política es cosa difícil, tan compleja que, si hacemos caso a los filósofos, ni siquiera se sabe bien en qué consiste. En España, la política ha estado funcionando  relativamente bien sobre el gozne de un principio un tanto extraño, el de que hacer política es decir lo contrario de lo que dice el otro, el adversario; y digo decir, y no digo hacer, porque la trayectoria de la política española desde 1977 se había basado en una fuerte convergencia de las políticas hacia el centro del espectro, tanto por parte del PP como del PSOE. Esa ha sido, seguramente, la clave de lo que se ha podio considerar un éxito y, hasta hace muy poco tiempo, por tal se venía teniendo. Naturalmente había habido diferencias de matiz, no podía ser de otra manera, pero el respeto a una Constitución pactada, la certeza de que la sociedad española no estaba por los extremos, y la convicción de que habíamos entrado en la senda virtuosa de las democracias europeas facilitaron bastante las cosas. Esto fue así, con las pequeñas excepciones que se quiera, hasta Zapatero. Con él llegó a Moncloa un político que tenía un diseño distinto, la idea de que todos los males de la patria nacían de la maldad intrínseca de la derecha, de su concepción centralista y restrictiva de la unidad de España, un análisis según el cual algo estaba funcionando de manera profundamente equivocada, y eso era lo que había hecho que el PP hubiese podido gobernar por el corto pero insoportable período de ocho años.
Durante su primera legislatura, Zapatero pudo salir adelante viviendo del bienestar económico heredado, que fuese, o no, sólido, es otra cuestión,  y haciendo una política de reparto de golosinas y prebendas que apenas molestaba a una sociedad convencida de que la escasez, la pobreza y el paro habían pasado a ser definitivamente cosa del pasado.  Cuando el PP planteó sus serias dudas sobre el modelo en las elecciones de 2008, los electores no le hicieron demasiado caso, y el éxito del PSOE de Zapatero en Cataluña, obtenido a base de promesas sin cuento, y con un Estatuto plenamente inconstitucional, volvieron a dar el Gobierno a Zapatero.
La segunda legislatura ha sido muy distinta. Se cumplieron los pronósticos más pesimistas, y la moral de los españoles está por los suelos: un paro desbocado, una crisis de múltiples capas sin aparente solución,  la conciencia creciente de haber dado a luz un sistema insostenible, la bronca política permanente, el derrumbe de las cuadernas de la protección social, la ausencia de toda esperanza, los indignados, frutos amargos de un gobierno tan disparatado como estéril.   
Zapatero hubo de ser llamado al orden por los nuevos poderes fácticos al advertir que nuestra ruina podía perjudicar nada menos que al euro, a los EEUU y hasta a la mismísima China.  Desde aquel día Zapatero supo que su sueño estaba roto, y llamó en su auxilio a lo mejor del viejo socialismo que había querido superar en la teoría y en la práctica. Rubalcaba como vice-todo ha sido el símbolo de ese recurso a las esencias, al viejo partido de Felipe González. Después ha venido el varapalo electoral de autonómicas y municipales, y esa sensación de que los enanos del circo empiezan a crecer de manera desusada, una pesadilla que afecta a todos los gobiernos que perviven más allá de su caducidad política. En medio de tanta polvareda, y no sin detalles chuscos, Rubalcaba se hizo con la candidatura a las generales, lo que ha traído un cierto alivio en un panorama  de desolación para todos, aunque especialmente para los socialistas.
Si ésta es la herencia, ¿cuáles son las posibilidades a que puede acogerse Rubalcaba? Se acepta con cierta resignación que su figura es idónea para salvar los muebles, pero es razonable que él pretenda algo más, porque un viejo profesional sabe que no merece la pena empeñarse en perder, y, aunque defienda unos colores desprestigiados, puede contar con un gran afición, deseosa de salir del mal paso en que se ha metido, y ávida por recuperar el resuello, por volver a creer en algo y en alguien sin necesidad de agachar demasiado la cabeza. ¿Tendrá Rubalcaba algún remedio a este desencanto de los votantes de izquierda? Anécdotas aparte, esta es la gran cuestión que deberá suscita la decisión de Rubalcaba de asumir un papel que nadie le ha cuestionado con seriedad, lo que, desde el punto de vista democrático, no deja de ser, por cierto, lamentable.
¿Será Rubalcaba capaz de poner en píe un partido convencido de sus posibilidades? ¿Tendrá un programa mínimamente distinto al de asustar a los más medrosos con la catastrófica llegada de la derecha? De momento, lo tiene todo en contra: ni controla los tiempos, ni tiene el poder, ni se sabe por dónde vaya a salir. Sus primeros globos sonda han sido decepcionantes, y solo han suscitado el cacareo de Valeriano Gómez, una carga con la que no parece que vaya a llegar muy lejos. ¿Llegará a ser una sorpresa o se quedará en una farsa?

miércoles, 6 de julio de 2011

La factura pendiente de ZP

La última y descompuesta etapa de Zapatero en la Moncloa amenaza con salirnos muy cara. El Presidente, fiel a su programa de desguace del pacto constitucional, está dispuesto a pagar a precio de oro el apoyo mercenario de los grupos parlamentarios que le sostienen a cambio de dádivas inicuas, inimaginables siquiera para ellos, como confesó hace unos días en un arranque de sinceridad irreprimible el portavoz del PNV que reconoció que nunca había conseguido tanto con tan poco esfuerzo. En este punto, al menos, Zapatero ha sido coherente desde el principio: todo con los nacionalistas, nada con el PP, aunque sus patadas al buen sentido han maltratado a todos. En realidad, su política ha sido siempre concebida con esa regla, porque ha visto en ella la paradójica definición de una estrategia de reforma de la Constitución sin que parezca que nada se ha alterado. 
Que el presidente haya salido parlamentariamente indemne del tijeretazo social y de la reforma laboral, dos normas que son, a la vez, insuficientes y perversas, o que vaya a conseguirlo también ante los indefendibles presupuestos para el 2012, nos va a suponer a los españoles de a píe una factura abusiva, injusta e insoportable, justo lo contrario del beneficio oportunista que obtendrán en la oscuridad de estos tiempos muertos los bucaneros nacionalistas.
Las  intenciones de los nacionalistas, que, con este Gobierno, no han tenido la menor necesidad de disimular sus intenciones contrarias al interés general,  han quedado inequívocamente fijadas en las propuestas de resolución del debate sobre el estado de la Nación: austeridad para todos, financiación, amabilidad y liquidez para sus caprichos. Aunque cada vez sea más urgente el adelanto electoral, Zapatero y Rubalcaba se avendrán a incluir las exigencias nacionalistas en las cuentas estatales para el próximo año porque no quieren arriesgarse a que una derrota parlamentaria en toda regla culmine una legislatura tan lamentable. Como cuando hay apuros no hay apoyo pequeño, también los socios de Coalición Canaria han conseguido que Zapatero y Rubalcaba dieran el sí a sus propuestas, cueste lo que cueste, e incluso los del BNG han tenido la oportunidad de demostrar a los gallegos lo útiles que son sus técnicas de extorsión en el Parlamento de Madrid, lo bueno que es para los nacionalistas que gobierne esta izquierda que sigue creyendo que lo de la nación una idea discutida y discutible, siempre que hablemos de la nación española, por supuesto.
Para quienes piensen que no hay forma de entender esta absurda generosidad residual de Zapatero y Rubalcaba, que se hundirá con él, bastará con recordar que ambos se comportan con una fidelidad perruna a su interés, a su idea de que una España fragmentada, débil y confusa es lo que más conviene a su partido, porque es la única manera que adivinan, en su cortedad, para conseguir una relativa mayoría socialista, pero, además, porque, aunque estén ciertos de que su hegemonía esté acabada, necesitan prolongar su permanencia en el poder con el fin de encontrar buenos empleos a su cúpula partidaria, y es evidente que esa es una tarea que requiere mucho tiempo a la vista de la cualificación profesional de los personajes que andan a la espera de un momio de seis cifras, ya que no cabe esperar que el prodigio de la colocación de Bibiana Aído en las Naciones Unidas se reproduzca con excesiva frecuencia. Ahora, por tanto, además de padecer los enormes errores políticos y económicos del zapaterismo, nos toca apechugar con las indemnizaciones por cese que reserva para los más fieles.


El escándalo de Ramoncín

martes, 5 de julio de 2011

Siempre ha habido clases, y Bono nunca ha sido sospechoso

La reciente y súbita detención de Teddy Bautista puede servir de contrapunto para estimar la enorme suerte que siempre ha acompañado a José Bono en las abundantes peripecias judiciales en las que ha ido a parar debido al estrafalario tamaño de su patrimonio.  Las riquezas de José Bono han crecido muy por encima de cualquier índice normal de progreso económico, de manera inexplicable e inexplicada, pero el político ha tenido la suerte de que los fiscales, actuando muy sumisamente a las órdenes del gobierno, nunca hayan destinado la menor atención a los orígenes de una fortuna tan notoria. En este caso, muy al revés que en el de Teddy Bautista, los fiscales no han sentido ninguna necesidad de investigar, dejando que la opinión pública se haga una imagen fabulosa de la astucia y la pericia del manchego para, tacita a tacita, acumular un patrimonio inmobiliario y mercantil tan considerable, y que excede con mucho al que pueda arracimar cualquier servidor público mínimamente decente. Es una pena que no se le den a José Bono las posibilidades de explicarse que, sin duda, merece, porque los españoles creceríamos enormemente en nuestra cultura empresarial y financiera, y aprenderíamos a crear un imperio a partir de los sueldecitos y pequeños negocios que puede tener cualquiera.

Ahora empieza a saberse que una mano amiga está tratando de echar tierra al asunto de las más de 200 irregularidades urbanísticas detectadas en Seseña, y que fueron pasadas por alto por todos los órganos competentes  de la Junta de Castilla la Mancha, en la urbanización cuyo promotor tuvo el detalle de regalar un Porsche a la entonces señora de Bono. Algo parecido le ha ocurrido a la SGAE, que sus cuentas le parecían de rechupete al Ministerio de Cultura, pero ahora resulta que no estaban tan claras, porque seguramente a Rubalcaba le puede venir bien que la justicia le meta mano a un tipo tan impopular, nada que tenga que ver con Bono cuya limpia ejecutoria seguirá siendo el espejo en el que se miren los socialistas.

No cabe esperar que el Fiscal muestre con Bono la diligencia que ha desplegado con Teddy Bautista, pero sí habría que exigir que la Comisión parlamentaria que ha de examinar los informes del Tribunal de Cuentas no se dedique a disimular las graves carencias que ha detectado un organismo que tampoco parece tener ninguna manía persecutoria hacia ningún político. Según fuentes muy cercanas al  caso es muy llamativa la extraña diligencia que está mostrando Isabel Pozuelo, la presidenta de la Comisión parlamentaria que estudia los informes del Tribunal de Cuentas. La señora Pozuelo, socialista, por más señas, nunca había mostrado el menor interés en que se analicen las abundantísimas irregularidades que el Tribunal detectó en el caso Seseña, durante el mandato de Bono en Castilla la Mancha, y con alcalde del mismo partido. La señora Pozuelo, que siempre había aplicado a este asunto la lentitud que convenía a sus intereses, está experimentando un súbito ataque de celeridad tratando de dar carpetazo al asunto. Perdido el poder para los socialistas tras las elecciones, tanto en Seseña como en Castilla la Mancha, los del PP podrían tener la tentación de investigar esos y otros asuntos, conforme a la promesa de transparencia que figura en su programa electoral y la señora Pozuelo se apresta al corte, al carpetazo. Seguro que es algo que Bono lamenta, deseoso como está de acreditar que nada tuvo que ver con esa cumbre del ladrillazo  que se alza en las inmediaciones de Seseña.  
El canon y la vergüenza

lunes, 4 de julio de 2011

Un amigo


Nunca podría el hombre tan buen amigo hallar
sino Dios, que lo quiso con su sangre comprar.

Recuerdo lo mucho que me impresionó en el Colegio la primera lectura de un cuento, muy cruel en cierto modo, el XLVIII del Conde Lucanor, sobre la falsa amistad, sobre la ausencia de verdaderos amigos. Uno, que es bastante iluso, tiende a confundir amistades y conocimientos, y tengo la sensación de que la vida que llevamos facilita enormemente ese yerro. El caso es que muchas veces me pregunto quiénes y cuántos son realmente mis amigos de entre tanta gente a  la que trato y quiero. Es un tema que enseguida abandono, porque no soy propicio a dejarme llevar por la melancolía.

No creo que haya que hacer pruebas de amistad, y confío en que, de hacerlas, mi conclusión pudiere ser menos pesimista que la del cuento medieval. No es nada fácil, sin embargo, distinguir las situaciones intermedias entre la amistad fraterna y fiel hasta la muerte en el trafago de parlas, favores y lindezas con el que gastamos la vida con los demás. La cosa es tan clara que es posible que no sepamos distinguir a nuestros verdaderos amigos de entre los demás, de quienes nos quieren, pero se limitan a eso. No se trata, sin embargo, de una confusión dramática, porque no hay que convertir este asunto en un tema contable.

¿Qué distingue al amigo?: da mucho, sin esperar nada a cambio; ayudan, corrigen y consuelan; su nobleza certifica que siempre, y para lo que sea, se podrá contar con ellos.
Nora Catelli y la lectura