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viernes, 30 de septiembre de 2011

Del eterno retorno en política


La política es un campo sentimentalmente áspero, de manera que es poco probable que haya quienes sientan una cierta compasión ante la situación tan escasamente atractiva que ha debido afrontar Alfredo Pérez Rubalcaba, pero la verdad es que lo que tiene por delante, especialmente  a corto plazo, mueve a la conmiseración: una herencia política y de gobierno envenenada, con deserción muy fuerte de votantes, desánimo general entre los propios, reyertas propias de la desbandada, y un sinfín de problemas de todo orden, no configuran un escenario proclive al lucimiento, precisamente. Rubalcaba es, sin embargo, un profesional de la supervivencia y seguro que encuentra la manera de sacar partido a una corrida tan deslucida. Sus comienzos están siendo, sin embargo, decepcionantes. Ayer mismo nos desayunamos con que el PSOE va a hacer una gran campaña para anunciar el riesgo de que el PP desmonte el estado de bienestar, como si eso, caso de que haya de suceder, nada tuviese que ver con la desastrosa gestión de los caudales públicos tras ocho años de política disparatada.
Sin embargo, Rubalcaba no tiene la culpa en exclusiva, de este recurso continuado al fundamentalismo. La política española ha tendido a configurarse como una yihad, o, si se prefiere, como un ejercicio espiritual ignaciano, como una especie de guerra de banderas en la que los argumentos, o no existen, o no cuentan, ya que lo único importante es el ejército al que se pertenece y al que se debe fidelidad perruna: con mi partido, con razón y sin ella, podríamos decir parafraseando el dicho que los ingleses refieren, con algo más de lógica, a la defensa de su país.
Un aspecto particularmente tonto de esta guerra retórica entre los dogmas es que olvidemos que en la política se trata de discutir sobre procedimientos, más que sobre principios. Con mucha frecuencia, en política, los principios se convierten en el refugio de preferencia para los vagos. Parece como si bastase con encomendarse a los principios, que tienden a ser de naturaleza inmutable, y aquí si que hay tradición al respecto, para conseguir el voto de los respectivos fieles. Esto puede que le convenga a la izquierda, que no lo creo, pero es muy negativo para cualquier planteamiento mínimamente liberal. En realidad, en la sociedad española nadie discute, ni en la teoría ni en la práctica, determinadas cosas, como la posibilidad de una educación general gratuita hasta los 18 años, o el tipo de sanidad que tenemos. Bueno, en realidad aquí no se discute casi nada, salvo la cuota caricaturesca que corresponde a los reality shows, y no hace porque no se considera de interés, porque parece como si razonar fuese de mal tono. En consecuencia, la discusión se sustituye por el exabrupto, por la imputación de toda clase de taras, en ocasiones con fundamento, pero no se habla de lo esencial, de que no se trata de escoger entre bienes absolutos, sino entre políticas más o menos eficaces. ¿Cuál es la razón para que la sanidad o la educación, cuyos fines no están en cuestión, se haya de desarrollar al modo estatal, el que tenemos, y no de otro modo, como se ha hecho, por ejemplo, en Suecia? ¿Es que no significa nada que nuestras universidades, públicas, pero en manos de unos pocos, estén empeorando su ranking internacional, mientras que las escuelas de negocio española, competitivas y privadas, están a la cabeza del mundo? ¿De verdad los españoles prefieren pagar lo que no saben para que haya servicios aparentemente gratuitos, que no lo son de ningún modo, en lugar de pagar algo y poder exigir a cambio, calidad, control y competitividad? Puede que sea así, pero tiendo a creer que es la ignorancia de lo que realmente ocurre en los despachos oficiales, y el apego a ciertos privilegios, menores y aparentes, lo que mantiene la afición de muchos ciudadanos hacia lo público, eso que ha desmantelado con determinación el gobierno de Zapatero sin que haya pasado gran cosa,  pero sin arreglar nada, y que ahora, constituye, al parecer, la gran amenaza que exhibirá Rubalcaba contra la llegada de Rajoy.
Detrás de todo esto hay un tipo muy especial de pereza, la pereza intelectual, la escasa afición que la izquierda tiene a modernizarse, a ser una izquierda a la altura de los tiempos, como esas tiendas viejas que quieren seguir viviendo del privilegio de ser únicas, de la prohibición de cualquier competencia. Tal vez Rubalcaba pueda encabezar luego un proceso serio de renovación de su partido, pero ahora parece entregado a la fatalidad repetitiva del doberman.
El PP, por su parte, corre el riesgo de contribuir a que se perpetúe esta farsa, que le perjudica, en la medida en que predominen en él las raíces tecnocráticas y autoritarias que le impiden convertirse en un partido realmente moderno, en un lugar en el que españoles deseosos de que su país abandone el camino de la insignificancia, puedan debatir sobre las mejores políticas para ganar limpiamente, sin esperar al agotamiento del titular.

jueves, 29 de septiembre de 2011

Un paso adelante

La votación favorable del parlamento alemán al proyecto de ampliación del fondo de rescate europeo, es una gran noticia, pero debería ir seguida de una mayor seriedad de la política económica y fiscal de los países más afectados, nosotros también, desde luego. No tardarán en oírse, sin embargo, voces a la griega contra el egoísmo de los ricos y cosas así, mientras se evita cualquier consideración seria sobre el modo en que nos gastamos los dineros públicos. De seguir con políticas populistas y manirrotas, al final no bastará ningún fondo, ni habrá alemanes que estén dispuestos a esforzarse, que es exactamente lo que haríamos todos en su caso.
Edición y digitalización

miércoles, 28 de septiembre de 2011

El barullo económico

A todas horas se repite que el problema de Europa es un problema de liderazgo, no digo que no. Pero debe haber algo más que se hace obvio cuando se compara nuestra situación con la de los EEUU, que se permiten darnos lecciones, a saber, que el barullo institucional y político de Europa es capaz de paralizar lo que se le eche. Si de esta crisis se aprendiera que necesitamos arriesgar y simplificar, no estaría mal, de lo contrario todos acabaremos siendo griegos, y no de los mejores, porque, al menos, los griegos de verdad hacen bien lo malo que hacen.

martes, 27 de septiembre de 2011

La frivolidad política

La frivolidad es mala casi en cualquier escenario, pero en política es letal. La definiría como hablar y no hacer, simular batallas contra molinos de viento e ignorar los problemas reales. Es una tentación muy peligrosa, y muy abundantes los que se abandonan a esta moda tonta y perniciosa, pero con grandes posibilidades de sobrevivir en un país sectario y maniqueo, heredero legítimo de la guerra santa bautizada de diversas maneras. Es mal pernicioso donde los haya, y difícil de catalogar y combatir, porque simula muy bien lo que no es; puede hacerse pasar por liderazgo, y hasta por valentía. Es plaga que crece con la obsequiosidad de los cortesanos, y la idiocia general. 
Tonterías en la radio

lunes, 26 de septiembre de 2011

Las raíces de la vida, y del cine

He visto recientemente El árbol de la vida de Terrence Malik. Fui a verla con cierto temor a que fuese un bodrio pretencioso, pero no lo es. Resulta una película rara, también por su descarada buena intención. Pero los amantes del cine disfrutarán con imágenes realmente bellas y con una parte narrativa muy bien rodada, tal vez algo confusa, pero emotiva y muy bien ilustrada, con una música excepcional. Todo lo demás, por supuesto, muy bien, como corresponde a un buen producto de la gran factoría de sueños. Cine, en suma, para gente con buen paladar y que no se pone nerviosa frente a argumentos inconclusos pero emotivos y sugerentes, frente a insinuaciones y sugerencias que nos ponen en relación con el misterio de Dios y el sentido de la vida, eso que hay tantos que dan por hecho, sabelotodos, ellos.
De todos modos, pese al inicial abuso del recurso al off, reflexivo, al menos, las imágenes, que ees lo que manda en el cine, son de enorme calidad y están rodadas y montadas por alguien que sabe lo que hace, con contadas excepciones. Recuerda a Kubrik, a Dreyer, a Lars von Trier: merece la pena, en suma.
La apoteosis del móvil

sábado, 24 de septiembre de 2011

¡Por fin!



El último pleno del Congreso ha puesto fin a la legislatura más estéril y  absurda de la democracia, y aunque se hayan guardado las formas de la cortesía, se percibía con claridad que el fracaso político de la izquierda va a pasarles una factura muy gravosa. No bastan ahora los piadosos deseos zapateriles de que a los españoles nos vaya bien para olvidar la numerosa cohorte de disparates que hemos debido de soportar y que continuaremos pagando durante mucho tiempo.
El error principal del presidente del gobierno, que ha afectado a cuantos le han apoyado durante estos largos años, sin atreverse a discrepar ni a tratar de poner coto a la sarta de errores de todo tipo que ha encadenado hasta hace solo unos meses, ha sido la de confundir sus ilusos deseos con la tozuda realidad, creer que la confianza económica podría regenerarse engañando a los electores con afirmaciones voluntaristas, absolutamente impropias de un político profesional, sobre la solidez de la economía española, la solvencia de nuestro sistema financiero o, ya en el plano de lo directamente jocoso, las bondades de las bombillas de bajo consumo, el avance en las libertades que constituye la prohibición de fumar,  o el poder salvífico de las medidas ecoambientales.
Este gobierno se despide de los españoles con un balance desastroso, que no ha concluido en el precipicio, gracias a una intervención exterior que ha dejado en evidencia las carencias políticas y técnicas del gabinete y ha convertido a España en un país bajo permanente vigilancia; pero con haber sido la economía un auténtico dislate, no ha sido éste el flanco más dañino de su política.
Zapatero ha intentado reformar la Constitución por la puerta falsa y ha traicionado el espíritu y la letra de nuestra Carta Magna, jugando a arrinconar a la mitad, como mínimo, del electorado español al presentar a la derecha y al PP como los enemigos de nuestro bienestar, de las autonomías o del progreso. No ha dudado en dividir al país y en incitar a los enfrentamientos con tal de intentar una ventaja electoral tan precaria que, finalmente, se transformará, con toda probabilidad,  en un desastre para su partido.
El PSOE es una de las columnas políticas sobre las que se asienta la democracia española, y ha sido una irresponsabilidad supina que haya tratado de expulsar al adversario del campo de juego, empeño inútil y muy pernicioso que ha estado a punto de hacer naufragar al sistema mismo, traicionado de manera alevosa desde dentro. Es de esperar que los socialistas aprendan la lección y se limiten a competir con limpieza, sin cambiar las reglas de juego a mitad de partido, abusando de su mínima ventaja. Por el bien de España hay que esperar que no se repitan tamaños intentos.
El señor Bono se ha despedido como es, con un discurso vacuo y repleto de hipócrita buena intención, como dando a entender que su petición de perdón apenas tiene sentido. Sin embargo, bajo su mandato, la Cámara ha tenido bien amordazada a la libertad política, y su rigidez y manías se han impuesto como grandes reglas de sabiduría política, lo que no es el caso. Ha aprovechado su influencia para cortar de raíz las pesquisas sobre una serie de irregularidades urbanísticas que le beneficiaron, al menos de manera indirecta, y ha sometido a la Cámara a un reglamentismo que aborta la espontaneidad y la deseable viveza de la Cámara.  Anteayer mismo cometió su penúltima torpeza al quitar el uso de la palabra al líder de la oposición cuando éste se disponía a cerrar con cortesía su duro alegato político.
La democracia española ha dado muestra de su solidez al sobrevivir a los vaivenes del zapaterismo, pero no convendría abusar de su paciencia. 
Una opinión seguramente equivocada sobre las redes, pero es la mía

jueves, 22 de septiembre de 2011

Sutilezas y favores

La Audiencia nacional ha llevado a cabo uno de esas acciones que califican a nuestra Justicia: demorar, diluir, dilatar, embrollar.. y un sinfín de verbos más que no serían  suficientes para describir bien lo que ha hecho el pleno con un asunto de no poca enjundia. Las expectativas sobre el caso previo indicaban que se pretendía lograr algo que, al final, no ha sido posible, pero si se ha conseguido lo esencial para el interés de quienes lo tienen puesto en este asunto, que no en la Justicia: ganar tiempo, eso que todo lo mata.
El caso Faisán no es un asunto como para sentirse orgullosos, ni me parece un caso ejemplar para ejercer la oposición, quede dicho; pero cuanto ha sucedido es, además de lo que se determine, una chapuza y habría que castigarla. Detrás está lo de siempre, me parece, la no imputabilidad directa de los políticos, algo que debería cambiarse, para poder ir directamente a por ellos, con garantías suficientes, si de verdad queremos hacer una democracia. Nada más escribirlo me doy cuenta de que estoy soñando, pese al sol reluciente de la mañana madrileña. Pedir equidad en un país educado en la yihad es tontería.
Google en el banquillo

martes, 20 de septiembre de 2011

La mentira metódica


Hacia 1830 Arthur  Schopenhauer comenzó a publicar una serie de textos breves sobre el arte de la controversia, o la manera de tener siempre razón, que, finalmente, se reunieron en un libro con esos títulos, precisamente. El objetivo, irónicamente descrito por el filósofo, de todas esas estratagemas no era otro que derrotar al oponente, y una de las reglas más innovadoras del catálogo del pensador alemán, era, precisamente,  la que aconseja la necesidad de seducir a la audiencia, porque resulta ser algo mucho más importante que tratar de convencer al rival dialéctico. El libro, que todavía se lee con provecho, nos puede parecer hoy bastante ingenuo porque las estrategias de la retórica se han sofisticado mucho, o, dicho de otra manera, las tragaderas del público se han hecho mayores. Otro alemán perfeccionó mucho esta técnicas siguiendo la pista de su compatriota: se llamaba Goebbels y, aunque ningún político se atreverá a mencionarlo, son muchos los que lo imitan, además de que, no sin cierto disimulo, es considerado un profeta en muchas escuelas de negocios.

La mejor manera de entregarse por completo a la tarea de convencer de lo que haga falta es no tener absolutamente ninguna convicción firme, convertirse en un vendedor, en el peor sentido de la palabra. Felipe González volvió de China repitiendo aquello de que lo importante, fuese blanco o negro, es que el gato cace ratones, y no es especialmente difícil dar el paso siguiente diciendo que si se cazan ratones no importa nada quién haya hecho de gato. Muchos políticos actúan de manera puramente pragmática, buscando simplemente que los electores estén contentos, lo que requiere grandes dosis de persuasión y de propaganda, no que se hagan las cosas bien, y menos aún, cuando esas políticas puedan provocar tensiones o disgustos entre los partidarios. Si el fin es ganar elecciones, y  para ello vale cualquier medio, la mentira se admitirá por todos los que están deseosos de hacerlo, y mejor cuanto más enorme sea.

La pretensión de que el fin pueda justificar cualquier cosa que fuere necesario para lograrlo, circula con gran facilidad en la política y solo se detiene, hipócritamente, cuando se tocan algunos de los tabúes que se veneran en nuestra sociedad, generalmente no para dejar de hacer algo, sino para hacerlo sin que se note. La propaganda ha adquirido una importancia política desmesurada de modo que los políticos puedan tapar con retórica lo que no quieran que salte a la vista.  El gobierno socialista, que ha hecho tantas cosas mal, ha alcanzado en este punto un cierta excelencia: baste recordar que se atrevieron a presentar su nueva ley del aborto como un texto que garantizaba los derechos de los no nacidos.

El tributo que hoy se paga a las apariencias es muy alto. Corremos el riesgo de que la política acabe reducida a mera simulación, a hacer que parezca que se hace algo. Lo mismo vale para el decir: se puede decir lo contrario de lo que se dijo tratando de mostrar que no hay contradicción alguna, ahí está el detalle que diría Cantinflas. Así se comportan muchos políticos cuando dicen hoy algo que acabarán por negar, sin el menor rubor, unos meses después, si les place. Hay algo patético en esas conversiones, por ejemplo, en ver a Rubalcaba apoyar con empeño la reforma constitucional de la que se carcajeó hace un año. Es una forma muy cínica de hacer verdad aquello de que socialismo es lo que hacen los socialistas, de manera que siempre aciertan, digan lo que digan.

Muchos políticos se dedican a  hacer de la mentira verdad, y de la verdad mentira. Schopenhauer, y desde luego Goebbels, sabían que la trampa es posible por la enorme credulidad del público, que no puede ni imaginar que se le esté engañando por sistema. Lo peor es que quienes viven del engaño se saben en precario, y tienen que comprar las adhesiones a sus mentiras a precios cada vez más altos. Estos días se puede ver La deuda, una película que plantea con crudeza el debate moral entre dar a conocer una verdad que puede perjudicar, o, por el contrario, sostener una mentira que beneficie a todos. La verdad, sin embargo, es la que es y, más pronto que tarde, se toma su venganza, como efectivamente acontece en esta historia sobre una acción fallida del Mossad israelí.

La libertad política, y la libertad real de todos y cada uno de nosotros, depende de que sepamos oponernos a que la mentira se convierta en moneda corriente, a que se desplace completamente del mercado de la opinión cualquier análisis mínimamente riguroso y complejo de las cosas. Es muy peligroso que,  entre crédulos e interesados, se vaya formando un clima social favorable a que el mentiroso se vea convertido en héroe, a que sus engaños se presenten como profecías, a que sus contradicciones se presenten como signos de una sabiduría política superior. Quien quiera romper con esta situación insana deberá alejarse mucho del lenguaje establecido, ese brebaje en el que se han diluido pacientemente una serie de mentiras básicas, y que impide reconocer con facilidad que dos y dos siguen siendo cuatro.

lunes, 19 de septiembre de 2011

La España que funciona



Los hispanistas han dado cuenta cumplida de las múltiples ocasiones en que nuestro país ha caído en el desánimo y, si hacemos caso a Ortega, la mala calidad de las elites fue siempre decisiva en esos momentos de fracaso. Sea lo que fuere lo que se piense sobre ese diagnóstico, es evidente que estamos a punto de culminar una etapa histórica que ha roto con el ritmo ascendente que España llevaba, al menos, desde los comienzos de la democracia. Si existen circunstancias históricas proclives al desánimo colectivo, esta es, desde luego, una de ellas. Las dos legislaturas socialistas han desplazado a España de un lugar privilegiado en el concierto mundial para convertirnos en sinónimo de problema, de deuda, de incierto porvenir. Ni siquiera Zapatero va a ser suficiente, sin embargo, para doblegar las ganas de los españoles de prosperar, de vivir en libertad, de competir con los mejores en un mundo cada vez más accesible y atractivo.
Tal vez el mejor ejemplo de nuestras posibilidades sea, precisamente, el de los éxitos deportivos, una actividad extraordinariamente importante desde todos los puntos de vista, también el económico, pero afortunadamente alejada de las manos de este Gobierno, injustamente premiado con trofeos de máxima importancia, gestionado por entidades civiles, y, sobre todo, practicado por una generación ejemplar de deportistas. Es seguramente injusto destacar  a cualquiera de ellos, pero se nos permitirá que nos fijemos en Rafael Nadal quien hace tan solo unos días, al preguntársele por su participación en la Copa Davis, dijo: “yo por mi país lo doy todo y hago cualquier cosa”. Es evidente que si fuera ese el espíritu dominante entre españoles no habría crisis económica capaz de frenarnos, ni gobierno capaz de cometer tamaños dislates, porque los españoles no lo consentirían.
Frente al no escaso elenco de problemas y de disparates que amenazan la libertad y la prosperidad de todos, los éxitos de nuestros deportistas, deben servirnos no solo de ejemplo, sino de  prueba de cargo de que nuestras capacidades están lejos de haberse agotado. Es casi literalmente increíble que no solo dominemos disciplinas muy individuales, como el tenis, el ciclismo, o los deportes del motor, sino que estemos en un lugar de privilegio en deportes que exigen una complejísima maquinaria de equipo, asociación, colaboración. En dos de ellos, el fútbol y el baloncesto, deportes universales, estamos literalmente en la cima, y eso quiere decir mucho, significa que cuando los españoles nos olvidamos de cuanto nos divide, de lo que unos listos, pero paletos y miopes, agitan para controlarnos mejor, somos capaces de dar lo mejor, y allí ya no hay otra cosa que el juego colectivo para la gloria y el provecho de todos.
Esta España que triunfa y asombra es la España real, la España mejor, la España de todos, sin distinciones, sin historias, sin rivalidades necias y castrantes. Nuestra misión histórica podía formularse en estos términos: poner a España donde la ha puesto el deporte. Bastaría con eso, pero para ello hace falta ambición, sentido de la dignidad, deseo de competir sin trampas ni ventajas, espíritu de sacrificio, afán de colaborar, olvidar querellas que no hacen otra cosa que alimentarse, y que no tienen base alguna. Es mucho lo que debemos al deporte, emociones, alegrías que parecieron imposibles e impensables durante años. Pero los españoles que triunfan no son distintos de los demás, son mejores porque se han empeñado en serlo, y eso es lo que nos hace falta, una España que funcione en todo como lo hace en el deporte, unos electores exigentes y unos políticos audaces, responsables, patriotas y honrados. Es perfectamente posible hacerlo, de nosotros depende, sin duda. 
El dinero está en el aire

domingo, 18 de septiembre de 2011

Una buena sentencia

Me ha alegrado la sentencia condenatoria de Otegui, no porque le desee mal a nadie, y ni siquiera porque piense que Otegui merezca estar en la cárcel, sino porque me alegro de que alguien se crea que las leyes obligan a todos, también al Gobierno, y, desde luego, a los jueces más que a nadie. 
Larry Page no usa G+

sábado, 17 de septiembre de 2011

El siniestro carnaval de Bildu



Desde que Bildu ha accedido al poder en diversas instituciones vascas y navarras, no ha cesado un solo día en su empeño de burlar la ley para establecer un régimen político al margen de cualquier control que no sea el de ETA, y someter, empleando toda clase de recursos, a una férrea dictadura cultural y simbólica a las poblaciones en las que gobierna para desgracia de la libertad política y escarnio de cualquier atisbo de pluralismo y libertad personal.

El aberrante teatrillo escenificado días atrás en la localidad Navarra de Alsasua no puede considerarse simplemente como un divertimento de mal gusto, que lo es, porque es, también y clarísimamente,  un paso más en esa tarea de deslegitimación del Estado que, tras la infausta legalización de Bildu, se está llevando a cabo usando los medios y los caudales que el mismo Estado les proporciona.
 
Quienes siempre hemos sostenido que la legalización de este grupo constituyó un error político de enorme alcance, no podemos consolarnos pensando en que tuvimos razón, porque el conjunto de actos y manifestaciones que estos sujetos están protagonizando sobrepasa en mucho lo que una sociedad que no sea masoquista puede soportar. No basta tampoco con afirmar, faltaría más, que ni uno solo de los soldados de España van a abandonar ese territorio, hay que revisar con lupa cada uno de estos actos, y aplicar diligentemente la ley. La cobardía y la aparente indiferencia de las instituciones democráticas, se puede convertir en un acicate para que estos elementos continúen en su escalada agresiva, y en una muestra desoladora de falta de dejación para cuantos tienen que soportar las actuaciones de estos payasos, metidos a políticos por la candorosa ingenuidad, si es que no ha sido algo mucho peor, de una sentencia gravemente desafortunada.

Está muy bien que el Gobierno navarro proteste de manera oficial de los actos de Alsasua, pero si se queda todo en una protesta lo que haremos es certificar que lo que hacen no nos gusta, cuando lo que hay que impedir es que, con recursos que pagamos entre todos y no solo sus militantes,  se burlen de las instituciones, de la libertad, de la democracia, de las fuerzas armadas, de las fuerzas de seguridad, de los símbolos nacionales y de la persona del Rey. No se trata de que no nos guste, sino de que no se puede consentir que instituciones públicas apadrinen y promuevan tratamientos vejatorios, y no podemos ponernos un velo en los ojos para dejar de advertir que todo eso, como la quema de la bandera nacional y de un retrato del Rey en la Díada catalana,   constituyen agresiones programadas a las que hay que poner freno para que los españoles podamos seguir viviendo en libertad.

Los hechos de Alsasua dejan la  evidencia de que Bildu está desarrollando un plan de agitación, bajo la batuta de ETA, al que hay que poner coto. Para ello, lo primero que debiera de pasar es que no se cometiese error sobre error  legalizando a Sortu, pero eso tampoco basta. Es necesario que el gobierno establezca un plan de acción que garantice el pleno respeto a los símbolos e instituciones de la democracia y de la patria, y a la persona del Rey, en todo el territorio nacional, y no hay excusa para hacerlo cuanto antes. Junto a la crisis económica, este desafío constituye una gravísima amenaza a nuestro futuro, y hay que actuar sin falsas excusas. El gobierno que no ha dudado en reformar la Constitución por necesidades económicas, no puede contentarse con mirar para otra parte,  porque, tampoco en este caso, sus previsiones sobre el escenario no están siendo las que imaginaron.


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viernes, 16 de septiembre de 2011

Un escenario político enrarecido



Es frecuente acudir a la comparación entre las circunstancias políticas del cambio de gobierno de  1996, el fin del largo período felipista, y las que se adivinan ahora frente al presumible triunfo del Partido Popular. Se trata, sin embargo, de una analogía bastante poco ajustada. Es verdad que el PP heredó una crisis económica muy grave, pero todo indica que lo de ahora es bastante peor, también en el plano puramente político. La posibilidad de incorporarnos al euro, como coronación de nuestra integración en Europa, iluminaba en 1996 el difícil escenario económico con matices favorables al esfuerzo por alcanzar unos objetivos tan ambiciosos; ahora, por el contrario, el sentimiento predominante es el del miedo, sin apenas espacio para la ilusión colectiva. Cuando se sabe que nuestra economía, y algo más, está intervenida, y no hay certeza de que se pueda llegar a la fecha electoral con un mínimo de normalidad, es muy difícil encandilarse con metas de cualquier tipo.
Desde el punto de vista político, a la pujanza del PP de 1996 se contraponía un PSOE desgastado, pero sin fisuras importantes, y todo lo demás estaba en su sitio. Ahora, el PP puede alcanzar la victoria,  pero el escenario político que le espera ofrece numerosos signos inquietantes. El PSOE no se encuentra, simplemente, desconcertado por una bicefalia asimétrica y estrafalaria, sino que se halla, realmente, frente a una amenaza de naufragio, frente a un revés de proporciones históricas. Los optimistas tendemos a pensar que esa pudiera ser una ocasión inmejorable para que se produzca una auténtica transformación de la izquierda, pero no hay signo alguno que haga verosímil una eventualidad semejante. Un PSOE que, al margen de los ataques de pánico del presidente que le han llevado a hacer cosas tan precipitadas y extrañas como la modificación urgente de la Constitución, es capaz de votar una propuesta de los nacionalistas más radicales para tocar las narices al poder judicial, no ofrece el más leve signo de que pueda reformarse de manera inmediata, aunque las derrotas son muy pedagógicas.
Los nacionalistas, por su parte, además de no renunciar ni al último segundo para sacar tajada, parecen haberse echado al monte, aunque muchos vuelvan a casa por la noche a dormir con comodidad. No es necesario dar muchos más detalles, pero bastará con recordar que el ex secretario general del PP, y presidente de Asturias, señor Álvarez Cascos, presenta un lista rival del PP por Madrid para darse cuenta de que el escenario político está profundamente alterado.
Así las cosas, el panorama con el que se va a  encontrar Mariano Rajoy, si, en efecto, gana las elecciones, probablemente con muy baja participación y con amplia mayoría, será bastante más complicado que el de 1996, y va a exigir algo más que unas políticas de ajuste eficaces, rápidas y creíbles. Un factor determinante será la solidez de su grupo parlamentario, que se habrá de enfrentar con amenazas y situaciones inéditas, y otro su capacidad de establecer una alianza de fondo con el PSOE para afrontar una reforma política y constitucional que permita poner el orden y la austeridad imprescindibles para que la recuperación económica pueda ser sólida y duradera. Es obvio que lo que quede del PSOE para esa fecha podrá sentir la tentación de negarse a colaborar, pero, al menos a mi entender, eso sería clavar el último clavo en su propio ataúd político, y no será fácil que Rubalcaba, si sobrevive, se preste a ello. 
Me parece, sin embargo, que en este panorama tan poco halagüeño, va a existir un factor con el que se suele contar poco, y que convendría tener muy presente, la hartura de un altísimo número de españoles frente a tanto disparate, su convencimiento de que nuestra situación económica exige cambios drásticos, y su escasa disposición a seguir las presumibles consignas revolucionarias de sindicatos, indignados y desplazados de los beneficios de un sistema tan dadivoso como insostenible. Creo que una amplísima mayoría de españoles se pondrá detrás de un gobierno decente y razonable, que acometa sin dilaciones las reformas necesarias, y que se proponga poner coto a la infinita variedad de disparates políticos y económicos que, poco a poco pero sin pausa, hemos ido conociendo en los últimos meses y que han desangrado las arcas públicas hasta extremos lamentables. Es evidente que una nueva política va a exigir un tono moral muy distinto, y es lógico que algunos puedan sentir temor a las resistencia, pero la confianza de los ciudadanos se gana con determinación y con coherencia. Habrá que hacer una poda bastante radical, y eso va a resultar molesto para algunos, pero no  para cuantos saben que no se puede seguir viviendo del cuento, ni de las subvenciones hasta para pedirlas. Claro es que si Rajoy quiere triunfar ante esta difícil tarea, habrá de empezar predicando con el ejemplo, disciplinando a los suyos, y ni siquiera eso será fácil.

jueves, 15 de septiembre de 2011

A vueltas con el patrimonio

Todo lo relativo a la reintroducción del impuesto sobre el patrimonio ha sido penoso y refleja la falta de respeto que los políticos, al menos alguno, y Rubalcaba a la cabeza, sienten por la inteligencia media de los votantes.  Cuesta trabajo creer que Rubalcaba pueda hacer algo de cierto fuste al frente de la oposición, cuando se empeña en batallas tan demagógicas como la de este impuesto. 
El drama del PSOE es que parece haber perdido completamente su capacidad de analizar la realidad social en función de criterios relevantes, y se conforma con agitar superficialmente las aguas al estar bastante seguro del apoyo de sus incondicionales. Esto se traduce en que mientras no mejore mucho la capacidad de análisis de un gran número de electores, los dirigentes del PSOE van a seguir cediendo a la tentación de hablar de temas irrelevantes, como si fueran decisivos, y no tocar los temas decisivos, los que deberían caracterizar a una izquierda moderna, por considerarlos irrelevantes para sus intereses. Mal asunto, porque tampoco cabe esperar que esas cuestiones las plantee la derecha española. 
Algo se mueve

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Ya han empezado

Unos miles de personas se han manifestado en Madrid contra las medidas educativas de la Comunidad en Enseñanza secundaria. Dejando aparte que la forma de proceder del gobierno madrileño no ha sido un ejemplo de habilidad suma, lo que es evidente es que la manifestación y la huelga, si llega a haberla, responde a los intereses de la izquierda desencantada y, ahora mismo, perdedora. Que sujetos que no dijeron nada cuando ha habido una bajada histórica de sueldos vengan ahora con protestas y en defensa de lo que llaman escuela pública de calidad es bastante sonrojante, pero habrá que acostumbrarse porque, hasta que se cansen, nos queda mucho por ver de este estilo,aunque  nada tenga que ver ni con la calidad ni con el profesorado, por supuesto. Es cosa de su oficio: o en la pomada o armando lío.
¡Se van a enterar!

martes, 13 de septiembre de 2011

Llamazares y el circo

Los amantes del circo se quejan de la decadencia del espectáculo, pero es que ven poco la televisión, y no me refiero a los programas más obvios de lucha de fieras por una gilipollez cualquiera, que son muy abundantes, lo que, desde luego, dice poco y mal de los espectadores, sino a los informativos políticos. Ayer, por ejemplo, vi a Llamazares en 24 horas y hacía tiempo que no me reía tanto. Su número tratando de contraponer los derechos de los acreedores (en este caso, germánicos y calvinistas según el astro) y los derechos sociales de la clase obrera (en este caso, griega) fue digno de cualquiera de los grandes payasos de la historia, a lo que ayudaba no poco su cuidada barba blanca que el daba un cierto aire de clown enharinado y listo, y, por supuesto, serio. 
Es muy sabido que el número de los tontos tiende a infinito, lo que no se sabe tanto es que hay determinadas tonterías que son resistentes a cualquier tratamiento. Es posible  que aumenten los votantes asturianos de Llamazares tras verle en el cenit de su gloria, admirados, seguramente, de que su inmensa cultura, no sea incompatible con su enorme gracia: un tipo que sabe decir calvinista, no puede ser ningún necio.   
Amazon rompe moldes

lunes, 12 de septiembre de 2011

Victimismo nacionalista



Como cada año, los partidos nacionalistas catalanes, con la inseparable comparsa del PSC de Montilla y Chacón, auténticos malabaristas de la simulación y el doble juego, han encontrado la oportunidad para convertir la festividad catalanista del 11 de septiembre en un memorial de agravios, en una serie confusa de lamentos y amenazas  contra gigantes que son molinos de viento, aunque puede que esta comparación quijotesca resulte ofensiva a sus castos oídos nacionalistas.
El alcalde de Barcelona, que va por la vida de moderado, ha cargado contra quienes no les dejan, a su entender, ser como son. Hace falta ser muy miope para ver en la sentencia de sus lamentos un intento de recortar los derechos de los catalanes o el rango de su autogobierno. Hace ya mucho que es evidente que el catalanismo político es esencialmente reactivo, y que si no encuentra motivos de agravio, los inventa, simple y llanamente, a no ser que, por alguna razón incomprensible para cualquier espectador ajeno, Cataluña sea el único y orwelliano lugar del mundo en el que los derechos iguales se aplican de manera desigual, según convenga a  la minoría política que rige los destinos de esa Comunidad, y que, al parecer, lo hace  con tanto acierto que no puede celebrar la así llamada fiesta nacional sin establecer un cordón de seguridad de centenares de metros que evite que los catalanes de la calle les saquen los colores, o les muestren de cerca el entusiasmo que provoca en los ciudadanos esa dedicación a batallas que, en realidad, sólo les interesan a ellos.
El presidente Artur Mas, cuyas capacidades para la exageración y el discurso rimbombante nadie ignora, tras asegurar que la reforma constitucional ha roto los consensos de la transición, esos que el proyecto de Estatuto tenía, al parecer, tan presentes, afirmó, contra toda evidencia que “en las mentes de la gente de Catalunya cala un sentimiento de mayor soberanía y libertad”, tratando de convertir la ley vigente en un peldaño para sus confusas, contradictorias y voluntaristas aspiraciones de independencia política, un propósito que sin duda cumpliría de no darse la molesta circunstancia de que los ciudadanos catalanes, en una mayoría sólida y de buen sentido, no quieren saber nada de esa clase de aventurerismos.
Jordi Pujol ha insistido desde Igualada en las metáforas catastrofistas, en este caso “una ruptura de puentes”, para  asegurar que el cumplimiento de la sentencia llevaría a Cataluña a la irrelevancia, sin que se haya molestado en explicar las razones. Su hijo y heredero Oriol Pujol, al frente de su partido, y seguramente destinado al sitial que fue de su padre, y que, de manera interina ocupa Mas, se despachó a su gusto con metáforas militaristas para asegurar que la Generalidad no va a rectificar su defensa a la inmersión lingüística. Tal vez la mejor imagen para reflejar el espíritu victimista de esta celebración, que conmemora lo que los nacionalistas entienden como una derrota, sea la aportación cultural a cargo de uno de los escritores en nómina que, para que no hubiera dudas sobre el carácter de la cuestión, y tras sumergirse en metáforas pedestres a partir de la idea de inmersión, culminó su discurso con un palíndromo, “Català a l’atac”, lo que no deja de ser toda una confesión freudiana de que el victimismo es la cara equívoca de un proyecto de imposición que choca, inevitablemente,  con los derechos individuales que, también en Cataluña, defiende la Constitución, pese a los afanes agresivos de quienes confunden el respeto a la ley con imaginarias agresiones a su quimérica soberanía. 

domingo, 11 de septiembre de 2011

José Bono lo deja todo atado y bien atado



José Bono es un hombre de recursos y que no duda en inspirarse en toda clase de fuentes cuando se trata de conseguir lo esencial. Ahora, al imponer un abrupto final en la comisión parlamentaria que lleva las relaciones con el Tribunal de Cuentas se habrá inspirado, sin duda, en lo conveniente que resulta dejarlo todo atado y bien atado, conforme a las enseñanzas recibidas en sus años mozos.

Al dar este carpetazo, ha impedido que los diputados ahonden en un tema que él conoce bien, y en el que está seguro de que no hay nada que, saliendo a la luz, vaya a redundar en su bien ganado prestigio de hombre hacendoso y capaz de construir, tacita a tacita, un envidiable patrimonio.  Pretende enterrar así  un asunto que podría traerle algunos quebraderos de cabeza con quienes no acaban de estar convencidos que las lecciones de economía doméstica de Bono, indudablemente exitosas, puedan servir de texto en cualquier escuela de negocios.

El informe en el que se trabaja, afecta de manera muy directa  a la fiscalización de su etapa como presidente al frente de la Junta de Castilla-La Mancha, y en particular a lo que se conoce como “caso Seseña”, un asunto que nada tuvo que ver, seguramente, con los afectuosos detalles que el constructor de esa ciudad, ha tenido con Bono y su parentela más inmediata, como el Porsche Cayenne que le regalo a la entonces esposa del avispado político, que fue, además, uno de los grandes benefactores de la Hípica que  Bono levantó sacrificadamente para satisfacer las querencias ecuestres de uno de sus vástagos. El presidente de las Cortes ha debido pensar, en un arranque de humildad, que no pretende que le vitoreen, y que ya es sobradamente conocido lo mucho que él ha hecho siempre que ha podido por facilitar viviendas dignas a sus paisanos.

El “caso Seseña” constituye, sin embargo, uno de los casos más irregulares y sorprendentes en la poco ejemplar historia del urbanismo nacional.  Al constructor Francisco Hernando (conocido como “El Pocero”) se le concedieron toda clase de facilidades para llevar a cabo una operación urbanística que afectaba a 1,8 millones de metros cuadrados, y que acabó en la construcción de una urbanización que puede ponerse como ejemplo señero de la cultura del ladrillo. Construir unos miles de viviendas en unos terrenos que poco antes habían sido terreno rústico, y apenas nada valían, es hazaña reservada a muy pocos.

Ahora, la diligencia de Bono en dar carpetazo a un caso que le afecta, trata de evitar que el informe pueda quedar pendiente hasta la próxima legislatura en la que, presumiblemente, ya no podrá controlar con tanta autoridad los ritmos de la investigación y el alcance de sus conclusiones. Los socialistas han hecho causa común con los interese de Bono, muy lejos de cualquier intención de esclarecer definitivamente las cosas y han impuesto, contra la costumbre de aprobar los diversos trámites de este tipo de informes por unanimidad, su ritmo acelerado para terminar cuanto antes la faena.

Aunque el recorrido parlamentario del caso llegue a su fin por el empeño de los afectados, subsistirá la vía jurisdiccional que se sigue en el Tribunal de Cuentas para depurar responsabilidades que están en la raíz de las irregularidades y modificaciones del planteamiento no justificadas en el interés general que se han detectado. Bono se esfuerza en lo contrario, pero la democracia exige que se sepa de una buena vez lo que causó tantos atropellos al interés general, y que se enjuicie a quienes se hayan beneficiado ilícitamente de semejantes artimañas.

sábado, 10 de septiembre de 2011

La inmersión lingüística y la Ley



El Tribunal Superior de Justicia de Cataluña ha dado la razón a una serie de familias que recurrieron a la Justicia frente al hecho de que las autoridades educativas les negasen su derecho a escolarizar a sus hijos en español, en un auto que establece con claridad lo que solo alguien muy ofuscado por los prejuicios puede negar: que cualquier español que resida en Cataluña tiene derecho a ser educado en la que considere su lengua materna, sea el español, la lengua común que todos tenemos el derecho de utilizar y el deber de conocer, según establece la Constitución, o el catalán que es la lengua propia de esa Comunidad Autónoma. Este derecho esencial, cuyo respeto debiera ser una exigencia elemental de cualquier autoridad en una democracia, no puede ser pisoteado invocando razones puramente políticas o aludiendo al respeto debido a la lengua catalana, que nadie pone en duda.
Los nacionalistas catalanes, con la impagable ayuda de los socialistas, y con cierta tibieza del PP, han establecido un sistema que impone la inmersión lingüística como norma general; pues bien, independientemente de lo que se piense de dicho sistema, lo que establece el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña es que los alumnos que así lo desearen siguen teniendo el derecho a ser escolarizados en su propia lengua, de manera que no se puede imponer por razones puramente políticas o administrativas una lengua distinta a la que el alumno y sus padres prefieran, puesto que tienen un derecho previo a cualquier ley o estatuto a ser educado en la lengua de su elección, especialmente cuando esa lengua en la que exigen ser educados es la lengua  común de todos los españoles y que, además, goza de plena vigencia y poderío en la sociedad catalana que acepta y usa el bilingüismo de manera completamente natural como, por lo demás, se viene haciendo desde época inmemorial.
Los nacionalistas catalanes tienen una muy amplia capacidad para convertir cuanto no les gusta en una agresión, en un imaginario choque de trenes. Dice mucho de su ideología que consideren una agresión la defensa de un derecho tan esencial como es el que nos ocupa. Los nacionalistas catalanes, y sus comparsas, aunque sean ministros de Defensa, tienen que respetar los derechos y tienen que cumplir las leyes como todo el mundo y, en caso de duda, someterse a los Tribunales y acatar lo que estos establecen de manera incuestionable. El auto del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña es particularmente claro y solo quienes estén moralmente ciegos por su totalitarismo cultural y político pueden ver en él una agresión a los derechos de nadie.
Por más que lo puedan desear, el nacionalismo no puede ser una patente de corso para hacer lo que les plazca con el Estado de derecho, con la ley y con los derechos de quienes no forman parte de su comunidad imaginaria, del paraíso nacionalista en sus formas más puras. La libertad, decía Hayek, consiste en que pueda haber quienes hagan cosas que no nos gusten, y la libertad consiste en Cataluña en que quienes lo deseen puedan ser educados en la lengua materna de su elección, también cuando ésta sea el español, por mucho que les moleste a los nacionalistas catalanes.
Los que se han mostrado supuestamente tan respetuosos del consenso constitucional para rechazar la reforma reciente de la Constitución no debieran ignorar que el consenso más básico de cualquier democracia debe ser siempre el respeto a la ley y el acatamiento de las sentencias firmes. Está claro que los nacionalistas catalanes, y sus comparsas, creen que pueden sermonear a todo el mundo con una supuesta superioridad política y consideran un abuso intolerable que ellos tengan que cumplir con las exigencias básicas de cualquier democracia.
El líder del PP, en contraste llamativo con el silencio aquiescente y cobardía de los socialistas, ha advertido a Mas de lo dramático que resultaría que la Generalidad se aprestase a aplicar a la sentencia cualquier disculpa que llevase a su incumplimiento. Es razonable que recurran, aunque seguramente volverán a perder, pero sería intolerable que no cumpliesen desde ya mismo las exigencias que se derivan de los derechos vulnerados a esas familias que han acudido al amparo de los Tribunales de Justicia, lo que permite ver los importante que es que estos conserven plena independencia y que no hayan caído bajo las garras insaciables del poder político de los nacionalistas. Cuando no se acata una sentencia se liquida el Estado de Derecho, y cuando se pretende liquidar el Estado de Derecho los poderes constitucionales deben salir en su defensa haciendo uso de los abundantes recursos de los que les provee la Constitución para evitar excesos tan caprichosos como totalitarios y fuera de cualquier razón.
El estado de derecho debería ser una preocupación conjunta de todas las fuerzas políticas: desgraciadamente no lo es, porque absurdos y equívocos intereses electorales ayudan a los partidos a mirar para otra parte cuando creen que no les conviene. Es hora ya de que asumamos que el respeto a la ley no solo es una exigencia ineludible de la democracia, sino una clave maestra de la credibilidad de nuestra economía, de nuestra supervivencia. Es de esperar que las palabras de Rajoy no se queden en nada si, cosa que sería funesta, los nacionalistas catalanes llevan a efecto sus baladronadas e incumplen la sentencia.
Libros y textos

viernes, 9 de septiembre de 2011

La insólita alianza



El episodio de la apurada reforma de la Constitución está lleno de enseñanzas políticas. No es la menor de ellas el que se haya producido una alianza objetiva, como podría decir un marxista que creyese en este tipo de epítetos,  entre los partidos nacionalistas, de extracción típicamente burguesa, y los sindicatos de clase en contra de la reforma. No se pueden ocultar con facilidad los defectos que afean tanto a la reforma misma como a su trámite, pero vista la clase de enemigos que ha concitado habría que acabar reconociéndole alguna virtud, al menos de carácter hermenéutico. ¿Qué pueden tener en común los aplicados políticos de CiU, los coriáceos sindicalistas españoles, y muchos de los energúmenos del 15M que hace no mucho impedían la entrada en el Parlamento catalán a los atribulados convergentes? Y luego dicen que la política española escasea en sorpresas.
Hay razones de primer plano y motivos menos obvios en esta curiosa amalgama. Las primeras se refieren al factor oportunidad. Los sindicatos deberán agradecer a Zapatero, su íntimo hasta hace muy poco, el haberles dado una plataforma de desenganche tan bien mullida como la de una reforma de la Constitución a pachas con el PP. Poder decir, sin demasiado sonrojo, tontadas contra que se cuelen en la Constitución principios neoliberales, constituye un favor insigne que les permite ir tomando carrerilla para la ardua tarea de oposición que les aguarda. Por el lado de los nacionalistas catalanes, el don tampoco es chico, porque les autoriza a un buen número de baladronadas contra el PP en vísperas electorales. Los nacionalistas catalanes se quedan en nada sin su retórica y sus lamentos, aunque es posible que se estén administrando una sobredosis al unir las protestas contra la ruptura del pacto con las indignadas manifestaciones contra la  incomprensión que, al parecer, refleja el auto del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña sobre la enseñanza. Esto de que cualquiera que lo quisiere pueda ejercitar su derecho a ser educado en español en la red pública de la enseñanza en Cataluña, es cosa que, al parecer, sobrepasa lo admisible. 
He aquí, pues, que una medida indudablemente precipitada y traumática, pero seguramente inevitable, ha permitido la afloración de efectos colaterales beneficiosos para sujetos políticos tan distintos, que cualquiera reputaría antagónicos. Pero hay más.
Independientemente de su alcance técnico, lo que indica la reforma constitucional es que, en adelante, se habrá de estar mucho más atento a las cuentas públicas, y eso es algo que quienes han hecho virtud de su habilidad para ir arrancando, en un inagotable saqueo, apetitosos bocados del presupuesto no pueden tomarse sin sofoco. Esto es lo que los sindicatos llaman neoliberalismo, que alguien les pida cuentas de cuanto se llevan, lo que, como es lógico, solivianta a cualquiera que pretenda que no le controlen, pero es que los perversos mercados están hasta el colodrillo de tener que acudir en aval de los gastos que se hacen sin ninguna clase de consulta, sin ninguna especie de límite, ese tipo de gastos sociales que entusiasman a los avezados cazadores de rentas en que han venido a parar los sindicatos españoles. ¿Ha oído alguien  que vayan a pedir ayuda a sus hermanos de clase de Alemania o Finlandia para que les amparen ante una agresión tan violenta? 
Por razones muy similares, los nacionalistas, tampoco ven con buenos ojos que se ponga límite a lo que puedan gastar ellos, aunque seguramente son muy partidarios de que se ponga coto a lo que gasten todos los demás. Hubiera sido muy notable ver a los nacionalistas enfrentarse de manera directa y rotunda con una exigencia que se deriva  de la necesidad de mantener el proyecto europeo, así que han sido discretos, y se han concentrado en los agravios interiores, en que se les haya apartado del pacto constitucional de manera tan brusca, lo que, de paso, tiende una espesa cortina de humo sobre que han hecho mangas y capirotes con el consenso constitucional siempre que les ha convenido. 
Tanto en el caso sindical, como en el de los nacionalistas, y no digamos del 15M, se trata, por lo tanto, de protestas rituales, oportunistas y previsibles. Ahora bien, en el caso del PSOE, la cosa es más interesante y grave. La gran cuestión que se cierne sobre nuestro inmediato futuro es relativamente simple: ¿será capaz Rubalcaba de contener las ansias de derribar al PP que anidarán en el corazón de los derrotados socialistas? ¿será el PSOE lo suficientemente sólido como para controlar sus deseos de revancha en aras de una reconstrucción de amplio aliento de la economía española, gestionada por el PP? El PSOE que ha acatado disciplinadamente la decisión impuesta a su líder desde el corazón de la Unión Europea, una vez liberado del peso del poder,  ¿será capaz de mantener el tipo en los duros tiempos que se avecinan, o se dejará llevar por su carácter, como el escorpión del cuento inmemorial?












        









         

jueves, 8 de septiembre de 2011

Antología del disparate

Hace unos años estuvieron muy de moda los libros que recogían respuestas disparatadas de alumnos en los exámenes. Imagino las razones por las que no se hace ahora. 
Habría que hacer un libro con los disparates políticos y hoy les brindaré uno de los más notables que haya oído nunca. Resulta que el anterior gobierno de las Baleares ha comprado un tren, por la módica cifra de 26 millones de euros, que no puede circular por las vías existentes en las islas. ¡Qué mala suerte tienen algunos! Ahora, el tren está a la espera de que alguien lo compre. Tampoco sería mala idea cambiarle el ancho de vía y probar a ver si puede unir Albacete con Toledo por la vía de alta velocidad, otro enorme disparate que tiene aún peor remedio: una vía que vale miles de millones de euros por la que no circula ningún tren de pasajeros. ¿Cuál prefieren? 

martes, 6 de septiembre de 2011

Luis Bárcenas

Había tenido la oportunidad de almorzar en un par de ocasiones con Luis Bárcenas y algunos amigos comunes antes de que se viese salpicado por el maloliente Gürtel. Cuando su nombre saltó a la primera página con motivo del sumario, mi intuición me decía, y parece que no me equivocaba, que en el caso del tesorero del PP se trataba de una extensión torticera de las investigaciones, de una mala faena policial del todopoderoso Rubalcaba, con la ayuda del muy probo Garzón, y con miras a implicar al PP y poder equipararlo con el PSOE de Filesa y mil chanchullos más, pero todavía hay diferencias, me parece a mí. A través de sus amigos fui conociendo su versión del caso que me parecía sumamente verosímil, porque siempre pensé que era un caballero. Ahora la Justicia, tal y como imaginaba, le ha restituido en su honorabilidad, pero no podrá olvidar nunca las dentelladas que le dieron los bienpensantes de la prensa, esos que se comen la presunción de inocencia siempre que afecte a uno de enfrente, y, por omisión, muchos de los que podían considerarse sus amigos. Aunque no pude hacer nada por él, al menos mantuve siempre la versión de sus amigos, de los que le conocían bien y sabían de su inocencia respecto a imputaciones tan artificiosas. Como es un hombre fuerte y generoso espero que se recupere y pueda dedicarse a lo que desee. ¡Bienvenido de nuevo al mundo de las personas decentes del que algunos canallas pretendieron expulsarle!.. y menos mal que todavía quedan algunos jueces que juzgan sin tener demasiado en cuenta lo que privadamente piensen.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Las trampas de Rubalcaba



Hace tan solo unos meses una expresión como la del título es seguro que sugeriría a todo el mundo algún engaño urdido por Rubalcaba, un personaje con fama de astucia y escasos escrúpulos.  Ahora, sin embargo, es él el que va cayendo en una serie de trampas, porque, en el fondo, las realidades que pretenden ocultarse se toman su venganza.
La Gaceta ha publicado una detallada información sobre las andanzas telefónicas  de Fernando Mariscal, jefe de seguridad del PSOE,  el día del chivatazo del Bar Faisán, esa operación política que Rubalcaba ha pretendido negar repetidamente en el Parlamento. El día del chivatazo, el teléfono de Mariscal establecía repetidos contactos con la Moncloa confirmando así el cariz político del caso. Mariscal habló precisamente con Presidencia del Gobierno poco antes  y algo después de que se llevase a cabo el chivatazo policial a los etarras que abortó una importante operación policial contra la red de extorsión de ETA. Se trata de algo que hasta ahora no habíamos podido saber porque el habilidoso juez Garzón, sometido a un triple proceso por prevaricación en el Supremo,  se había encargado de considerarlo irrelevante. Rubalcaba no podrá substraerse por más tiempo a la responsabilidad política consiguiente, y a la evidencia de que ha estado engañando al Parlamento. Fernando Mariscal había sido también quien mantuvo al tanto a Ferraz de cuanto se cocía en la policía en los tempestuosos días del 11M, de manera que venía siendo, desde hace mucho tiempo, una persona de la absoluta confianza del actual candidato del PSOE.
A Rubalcaba se le han torcido mucho las cosas desde que dio el salto para ponerse al frente de la candidatura socialista. Las revelaciones de La Gaceta en relación con las conversaciones ente los implicados en el caso Faisán  y los cargos políticos sacan a la luz la absoluta falta de escrúpulos  de quienes estuvieron dispuestos a saltarse las normas de la ética política y todos los principios legales con tal de conseguir lo que se proponía, esa ilusa, torpe y miope paz con los asesinos de la ETA, tramada a espaldas del Parlamento y engañando a la opinión pública, una auténtica traición a los intereses legítimos de la nación española, a la ley y a la misma democracia, que todavía pretenden seguir negando frente a evidencias cada vez más contundentes.
Tampoco ha debido sentarle nada bien al candidato que un juez de simpatías claramente progresistas haya desmantelado las imputaciones aducidas por la policía, y disciplinadamente apoyadas por el Fiscal General del Estado, para lograr la implicación de altos cargos del Partido Popular en la trama Gürtel, de modo que una operación de relojería para que le estallase a Rajoy a las puertas de las urnas se ha convertido en una prueba de la mala fe y las artimañas de nuestro Fouché, de tan mala calidad que finalmente ha acabado en nada, por más que haya servido de cebo a la prensa adicta durante años.  Rubalcaba ha coqueteado siempre con lo ilegal, con lo que no puede salir a la luz sin que se conmuevan hasta los más tibios. Su calculada ambigüedad con el 15M ha sido otro de sus malabarismos que, finalmente, tampoco le va a servir de nada.
Quien consiente lo siniestro no se va a andar con chiquitas por cualquier fruslería, pero la supuesta astucia de Rubalcaba ha dado en un rosario de desastres: ya no le cuadran las operaciones, y hasta el propio líder que le permitió alzarse, en precario, con el liderazgo del partido, le ningunea en los tramos decisivos del final de la legislatura. 


Los clientes no son bobos, ¡qué pena!

domingo, 4 de septiembre de 2011

Añoranzas

Cuando se oye a algunos supuestos pensadores de la derecha hablar del nuevo gobierno del PP, no son pocos los que entonan una especie de llanto preventivo lamentándose de que la derecha vaya a volver  de nuevo a ocuparse del empleo y de la economía, pero olvidándose de la regeneración moral, así suelen llamarlo, los valores, la familia y cosas de este tipo. Yo, para estas cosas, soy barojiano, y en cuanto oigo la palabra regeneración me mosqueo, pero, aparte de mi manía, creo que los que así piensan, si es que lo hacen, ponen el carro delante de los bueyes. Los partidos y la democracia están para gobernar, no para hacer una sociedad al gusto de unos pocos o de unos muchos. En esto parecen algunos querer ser como Zapatero, imponer el código moral de su preferencia, y eso es siempre un error, con independencia de la calidad del tal código. Lo pasmoso es que muchos de los que dicen este tipo de cosas hablan también de sociedad civil, como se ve, no se privan de nada. No negaré yo que sean preferibles ciertos valores, los cristianos, sin ir más lejos, a muchos de los que son dominantes en la sociedad española de ahora mismo, pero no creo que esa sea tarea del PP, francamente. El PP bien haría en apartarse cuanto pueda de este género de individuos que todo lo confunden, pero tal vez sea mucho pedir.
La tableta de Amazon

sábado, 3 de septiembre de 2011

La huelga de profesores

Tengo mis dudas de que la anunciada huelga de profesores alcance el éxito que desea la izquierda. Sin embargo, hay algo de anticíclico en el comportamiento político de los profesores: recuerdo, por ejemplo, la huelga muy masiva de las enseñanzas medias con el primer gobierno de Felipe González, con Maravall,  no mucho después de su estruendosa victoria del 82. Creo que las autoridades educativas se explican solo de manera regular; es un error, por ejemplo, hablar de las 18 horas de trabajo como si se tratase de un privilegio que mereciera correctivos, tal vez para ganarse la antipatía del público por esa huelga y acobardar a muchos profesores. Yo no creo que eso vaya a pasar, pero me parece muy mala táctica de los gobiernos del PP, aunque hay que reconocer que el personal sindical es de aúpa. Sospecho que entre la mayoría de los profesores se impondrá, más pronto que tarde el buen sentido y no harán esa huelga de tan evidente intención política y de tan obvias y estériles consecuencias, nada bueno.
Android crece y gana

viernes, 2 de septiembre de 2011

Rubalcaba lo hace mejor que Montoro


Como decíamos ayer, Montoro dijo dos tonterías, pero al menos no mintió descaradamente, se limitó a usar un lenguaje idiota para hacer ver que algo le gustaba poco. Rubalcaba ha mejorado el registro, pero, además, ha mentido, lo que no creo que les extrañe mucho. Tonterías de Rubalcaba: para reducir el gasto público, vamos a quitar las diputaciones y vamos a subir los impuestos a los ricos. Nosotros, los de APR, no vamos a tocar ni la sanidad ni la educación, eso lo hacen otros (nótese la sutilísima alusión al maligno). Son tonterías porque ninguna de las dos medidas afectan, ni de lejos, al fondo del problema, pero constituyen, además, una mentira porque ni lo van a hacer, ni, de poder hacerlo, que no podrán porque van a perder, dejarían de hacer también algo de lo que los otros tendrán que hacer.
Los otros ya llevan su penitencia en negar los recortes como si se tratara de las penas del infierno: ahí tienen una huelga de profesores, no se bien si por melindrosos o por tontos.

jueves, 1 de septiembre de 2011

Una tontería como otra cualquiera

Tengo una cierta admiración por lo que parece saber el economista Montoro, que fue, además, un buen ministro de Hacienda, pero debo declarar y declaro que el político Montoro tiene una cierta tendencia a decir cosas que, en un régimen normal, deberían ser tomadas por sandeces. Ante la actuación de Sacyr frente a Repsol, Montoro ha hecho dos comentarios entre los que sería difícil decidir cuál es el más tonto: que estas cosas no se hacen en los finales de legislatura, y que este tipo de actuaciones debería hacerse siempre en beneficio de la totalidad de los accionistas y, en especial de los pequeños. La verdad es que la tendencia de los políticos a decir cosas absolutamente memas y vacias es insoportable. Se le perdona a Montoro por aquello de que las obras valen más que las palabras, pero que sea  la última vez que dice bobadas similares para dar a entender que algo no le gusta, o que le parece mal: si no quiere dar las verdaderas razones, callarse puede ser una gran idea. 
Un paso de gigante en el marketing tecnológico