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miércoles, 30 de noviembre de 2011

El alcalde okupa

El alcalde de Parla, ciudad tranviaria, ha decidido encerrarse en el edificio de la Puerta del Sol, sede del gobierno de la Comunidad de Madrid, para que la comunidad le pague el tranvía que no puede pagar el Ayuntamiento que él preside. Me descubro ante la creatividad política del insigne alcalde. ¡Encerrémonos todos al grito de que me paguen lo mío! Así se acabaría muy rápido con la injusticia,  la indignación se convertiría en una fuerza positiva, y, seguramente, conseguiríamos acabar incluso con los financieros perversos que ponen los mercados en nuestra contra. En Parla no tienen un alcalde, tienen un profeta. 
Una calle para Jobs

martes, 29 de noviembre de 2011

Despedida y cierre

El Gobierno de Zapatero no se piensa ir sin dejar buenas muestras de que es un gobierno progre, disminuido por las circunstancias y los mercados, pero  como Dios manda. Lo del Valle de los Caídos, el premio a Sampedro y los nombramientos de última hora para agradecer el sacrificio de los más fieles dejan una impronta clara de la idea que se hacen de sí mismos. Gestos, ademanes, impotencia: el mundo sería de otro modo, de poder ellos. A dividirse, entre lamentar que no puedan, o que eso crean. 
Dos mundos

lunes, 28 de noviembre de 2011

El PSOE ante el abismo


Las reuniones formales de los partidos políticos suelen ser unos auténticos monumentos al eufemismo, pero la última reunión del Comité federal ha roto el récord del disimulo porque tanto unos como otros se han empeñado en echar la culpa de su derrota al empedrado.  El todavía secretario general del PSOE y presidente en funciones ha vuelto a dar una prueba más de su agudeza política al culpar a la crisis de la grave electoral de su partido; es cierto que admitió ciertos defectillos en la gestión de su gobierno, pero la responsabilidad, como siempre que un socialista fracasa, le parece que es de los demás. Como el PSOE ande tan clarividente en relación con su crisis como lo ha estado su secretario general no acertará a recuperarse en un horizonte razonable.  
Los socialistas harían bien en ser autocríticos, en aplicarse a sí mismos un cierto porcentaje de la crítica  implacable que siempre reservan para los demás. No es cierto tampoco que Zapatero sea el único responsable de cuanto ha sucedido, porque el partido entero, del primero al último, le siguió de manera mansurrona y zalamera en todos y cada uno de los innumerables disparates que ha perpetrado en sus años de mandato. Los estropicios causados por Zapatero han sido numerosos y de difícil reparación, pero no será el menor de ellos el daño que ha causado a su partido, eso sí, con el irresponsable aplauso de la totalidad de sus dirigentes que ahora se disponen a pelarse por gobernar los restos del naufragio.
El menor de los problemas del PSOE es la inexistencia de un verdadero liderazgo alternativo. La verdad es que lo que los españoles que antes le votaron han abandonado es una política, no simplemente unos errores de gestión de un personaje estrafalario. Zapatero ha intentado inventar un PSOE imposible e inviable, un partido avergonzado de ser español, incapaz de asumir nuestro pasado con tranquilidad y grandeza, miope frente al presente y al futuro, y que ha tratado de nutrirse del rencor, y de un antifranquismo tan fuera de lugar como inconsecuente y demagógico. Es una nueva política lo que necesita el PSOE y no simplemente un cambio de cromos, ni una vuelta al felipismo o una nueva apuesta zapateril por ese peculiar feminismo catalanista de quien parece creer que todos debamos votarla por ser mujer y catalana.
El PSOE debe ser un partido reconciliado con la normalidad con la que los españoles viven la democracia y la libertad, y capaz de promover soluciones realistas y factibles a los retos que siempre se le plantearán a la sociedad española, y que ya no tienen nada que ver con los que nos llevaron al enfrentamiento civil hace tres cuartos de siglo. Sería deseable que nos ahorrasen el espectáculo de una lucha por el poder completamente ayuna de ideas, aunque eso seguramente exigirá que abandonen por completo el escenario esos políticos que no han sabido hacer otra cosa que alabar las ocurrencias zapateriles, que contribuir al vano intento de engañar a la opinión prometiendo el pronto paso del mal rato, o echando la culpa a los mercados de sus inconsecuencias e incompetencias.  
El PSOE tiene que dejar de jugar al peligroso juego de quebrar el consenso o de excitar las contiendas civiles por motivos religiosos, éticos o educativos. Que no sepan construir una política alternativa sin necesidad de inventarse una nueva sociedad o una España inexistente, diría muy poco de la capacidad política, pero, en cualquier caso, si no aciertan a hacerlo no harán otra cosa que caminar firme y decididamente hacia el abismo que se ha abierto ante sus píes y que no van a conseguir  evitar con uno de esos maquillajes a los que están tan acostumbrados. 
Disparates españoles y digitales

domingo, 27 de noviembre de 2011

El saqueo de España


Ante el descomunal castigo electoral que les ha infligido el pueblo español, los ministros del Gobierno han reaccionado con más codicia que pena, y han decidido aprovechar los últimos días de su precario mandato para quedar tan bien como puedan con sus fieles y amigos, que, aunque pocos, se enfrentan a una etapa muy dura, lejos del cariño y el afecto que les ha prestado un gobierno tan amable con los suyos. Nada habría que objetar a este cariño hacia lo propio, si no fuera que se paga con el dinero de todos, y ante una duradera época de vacas flacas. El gobierno piensa llevar su solidaridad hasta el mismísimo día de la investidura, seguramente consciente de que van a tardar mucho tiempo en verse ante una oportunidad como la que han tenido y han acabado por malbaratar por su insolvencia y su sectarismo. Llama poderosamente la atención la enorme suma de dinero, de un dinero que, en realidad, no tenemos, que el Gobierno está dispensando en estos últimos días a sindicatos, fundaciones y organizaciones afines, a entidades cuyas siglas no se molestan ni en disimular su carácter de iniciativas oportunistas y aprovechadas.
El gobierno sigue erre que erre con la memoria histórica, dando estupendas ayudas a unas asociaciones de baratillo que le han hecho la ola durante estos años, por cierto que  sin ningún beneficio político visible, a precios de auténtico escándalo. Produce sonrojo la lectura de los títulos que exhiben esas asociaciones para quedarse con nuestro dinero, es un puro disparate y un auténtico descaro este reparto de sopa boba a entidades que no son otra cosa que listillos dispuestos a firmar unos recibos, y a gastarlo en lo que mejor les venga, aunque sea en comilonas como la viguesa para agasajar la presencia del ministro de las gasolineras.
El frente internacional tampoco se priva de las dádivas de la alianza de civilizaciones: Exteriores ha dejado caer un maná de nada menos que 100 millones de euros sobre las más insólitas iniciativas de los escasos personajes que les hacen algún caso, aunque con esas ayudas bien podrían convertir a Zapatero en un auténtico mito de los oprimidos del mundo. Estas acciones no solo significan tirar el dinero de nuestros impuestos, sino que comprometen la continuidad de la ayuda de España en el próximo futuro, es decir que estos socialistas no solo quieren gastarse lo que no tienen, sino lo que tampoco tendrá el próximo Gobierno.
Un gobierno en funciones debería suspender de manera inmediata este rosario de adjudicaciones, y, si no se siente inclinado a hacerlo por respeto a la mera decencia, debería pararse a pensar en los recortes que ha debido hacer, a costa de funcionarios y de pobres pensionistas. Solo alguien dotado de un imperturbable sentido del cinismo puede sostener que el pago de esas ayudas constituya una obligación del Estado. Parece mentira que haya socialistas que no comprendan que ha sido precisamente esa insolidaridad real con los españoles que pagan sus impuestos, y apechugan con la crisis que el Gobierno y el PSOE negaron primero, y agravaron después, lo que ha privado al partido de unos cuantos millones de votos. Poca perdida es si se mira a la luz de las desvergüenzas que siguen perpetrando.
El PP debería exigir que cesen estas fechorías, que a la vista de los sacrificios  que habremos de soportar todos, se acabe  con esta feria del reparto, con el  indecente saqueo de unas arcas que se han vaciado con su incompetencia y que pretenden seguir explotando hasta el último minuto, como si la cosa no fuese con ellos.



viernes, 25 de noviembre de 2011

Educación

Cuando se tiene una cierta experiencia en la educación, pronto se llega a perder la capacidad de asombro. Es realmente notable que no caigamos en la cuenta del daño que causa en el espíritu de los jóvenes una educación rutinaria, sin aliento, sin ninguna emoción, y cómo amputa muchas de las cualidades que debiera potenciar. Habría que dejar de hablar de educación, que suena a algo muy pasivo, y recordar a todo el mundo que nadie puede educar, pero que tampoco nadie debería privar a los alumnos de su capacidad de aprender, cosa que se hace a base de prohibir el interés y premiar la pasividad. A partir de cierta edad y nivel de instrucción hace falta que un alumno tenga vocación, deseos de saber, preparación y capacidad de sacrificio, y muchos carecen de esas cualidades sin las que es imposible que consigan nada, pero les hacemos persistir en el feo vicio de frecuentar las aulas  para acostumbrarse a repetir lo que oyen. Lo raro es que no haya todavía más desastres que los muchos que soportamos. 
Black Friday

jueves, 24 de noviembre de 2011

Los rumores

Los rumores sobre los ministrables constituyen un género muy español, y no de los mejores, ciertamente. Es absurdo que se de la importancia que se da a esta necia intención de averiguar lo que nadie, si acaso uno, puede saber a día de hoy con certeza, pero además, de poderse saber, sería una información bastante irrelevante, porque el nombre y la trayectoria de alguien  no permiten adivinar  lo que  vaya a hacer, incluso suponiendo que tenga autonomía y coraje para hacerlo. En fin, en algo hay que gastar el tiempo, en lugar de estar cada uno a lo suyo. 
Bibliotecas y librerías

miércoles, 23 de noviembre de 2011

La histeria

Todo lo que se está hablando acerca del acortamiento de los plazos para la entrada del nuevo gobierno está inspirado en una especie de histeria económica, en la demencia de confundir la celeridad con la eficacia, y las soluciones con los milagros. Creo que Rajoy haría bien en no perder la calma, y en no dejarse llevar por estas supuestas urgencias de los mercados que son, más bien, fruto de la frivolidad de los comunicadores de bolsa, y otras gentes de mal vivir. Eso creo, y no es porque desee la perduración del presidente en funciones que, para mi gusto, está de más desde hace cerca de ocho años. Un poco de calma, por favor, que no se toma Zamora en una hora. 
Virus androides

martes, 22 de noviembre de 2011

Comienza la esperanza



La amplísima victoria del PP en las elecciones del domingo ha demostrado que no hay en España nadie que discuta seriamente la necesidad de afrontar una etapa política completamente nueva, de iniciar un cambio radical que sea capaz no solo de sacarnos de la crisis sino de colocarnos en una senda de estabilidad y crecimiento que no pueda interrumpirse con facilidad. No estamos ante una ocasión como la de 1996, sino ante un reto de superior dificultad que hay que afrontar con decisión y audacia para que en un período relativamente breve los ciudadanos comprendan que no se trataba simplemente de cambiar, lo que era inaplazable, sino que han acertado a  escoger el buen camino. Es evidente que no será fácil, pero no es menos claro que cualquier error de rumbo tendría en un plazo muy corto consecuencias catastróficas para España.
El Gobierno de Rajoy se enfrenta a dificultades realmente graves y no va a gozar de un período de gracia especialmente largo, porque las expectativas de cambio ya están descontadas, y lo único que puede cambiar el miedo de los mercados hacia la fiabilidad de España es comprobar que nos encontramos ante un gobierno decidido, valiente, que tiene las cosas claras y que no piensa en otra cosa que en cumplir nuestros compromisos y en acabar con los defectos de fondo de nuestro sistema político y económico. No es, pues, poca ni fácil la tarea, pero, a cambio, las expectativas de éxito serán grandes si se afrontan los retos con decisión, con rigor y con generosidad.
Los españoles están, dígase lo que se diga, al cabo de la calle de los disparates cometidos, y comprenderán con facilidad que se hayan de tomar medidas muy radicales, a cambio, eso sí, de que la austeridad y los recortes se apliquen con seriedad, sin demagogias electoreras, con sentido de la justicia  y, sobre todo, si se aplican también a los innumerables excesos con que se han beneficiado los políticos de manera escandalosamente poco ejemplar.  No hay razón alguna que impida reducir en un altísimo porcentaje el gasto puramente político de las administraciones, y eso ha de hacerse porque no se puede imponer sacrificios a los ciudadanos si  quienes los imponen siguen gozando de empleos y prebendas inasumibles.
No se trata solo de corregir los errores y disparates de estos últimos años; hay que hacer cosas que nunca se han hecho y son inaplazables, como, por ejemplo, una reforma radical y muy rápida de la legislación laboral, que es la razón última de los casi cinco millones de parados; una reforma limpia y a fondo del sistema financiero que sea capaz de encontrar una solución al problema de los ruinosos activos inmobiliarios, lo que es técnicamente factible, y que permita que, de nuevo, afluya el crédito al sector privado; una severísima limitación del gasto público corriente con supresión, reunificación y  armonización de innumerables organismos administrativos paralelos e inútiles, lo que exigirá un plan muy ambicioso de reformas político-administrativas que se ha de implementar en menos de un año si queremos que nuestros acreedores, los ahorradores del mundo entero,  crean seriamente en nuestra capacidad de devolver lo que nos han prestado, y vuelvan a confiar en nosotros.
No se trata solo de economía; es la política lo que está en juego. Hay que acometer reformas serias de la Justicia, que supone una rémora a nuestra productividad completamente inasumible, y de la educación, sector en el que gastamos casi más que nadie y obtenemos bastante menos que la mayoría. Hay que meter mano al control de gasto en las administraciones, por ejemplo en la Sanidad, y evitar que haya organismos que rebasan sistemáticamente en más de un diez por ciento su capítulo de gastos de personal por la exclusiva razón de un absentismo laboral escandaloso, bien protegido por los sindicatos que, aunque se llamen de clase, son auténticos guardianes de los peores intereses corporativos.   También es política y no mera buena administración poner fin al despilfarro de las subvenciones, que no son sino una forma de corrupción y que evitan, interviniendo arbitrariamente en los diversos sectores, que salgan adelante con facilidad las mejores iniciativas y los mejores gestores. Si los españoles supiesen con certeza en qué han gastado el dinero de sus impuestos los Gobiernos hace ya tiempo que habrían puesto coto a estos desmanes, pero una espesa maraña de burocracia y eufemismos oculta ese espectáculo obsceno a los ojos del público; hay que acabar, a la vez, con el ocultamiento y con el despilfarro.
Si Rajoy acierta a hacer eso bien desde la primera hora, tendrá tras sí a una amplísima mayoría de españoles que sabrán atemperar su esperanza con la paciencia requerida hasta alcanzar la solución a  problemas tan hondos y tan extendidos.
El PSOE tiene también por delante un trabajo nada menor. España necesita una izquierda distinta a la caricatura que ha usurpado su papel en los últimos años, una izquierda que no viva del pasado ni de un rencor impostado, doblemente falso porque muchos de esos rencorosos teatreros son herederos directos de lo peor que pretenden denunciar; necesitamos una izquierda que crea en la Nación española, como lo hizo siempre hasta su reinvención tras el franquismo, y que no crea que nacer en distintos lugares de píe a derechos superiores; hace falta un PSOE que combata las desigualdades reales y no las que inventen a conveniencia. No será fácil para el PSOE que ha sido desde 1978 uno de los pilares del sistema, pero tendrán que encontrar su líder y su camino en la larga travesía que les espera, y ojala acierten, por el bien de todos.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Un panorama complejo

Las elecciones generales celebradas ayer han alumbrado un panorama político muy nuevo y bastante complejo. Su primera nota es el enorme descalabro que ha sufrido el PSOE, lo que plantea dudas muy serias sobre su orientación política en el futuro. La consecuencia inmediata de este desastre del PSOE es la mayoría absoluta del PP que, sin embargo, no sube excesivamente en el voto (en comparación con lo que sería razonable que subiera), ya que incluso pierde voto en algunas circunscripciones. La victoria de Rajoy es, pese a todo, una gran noticia, y su poder en el partido será incontestable a partir de hoy: su responsabilidad también será enorme, porque así lo es la expectativa provocada por su mayoría y el rango de los difíciles e inaplazables problemas con los que ha de enfrentarse. 
España es así. Diversa, compleja, desconcertante, y el panorama político y parlamentario va a ser completamente distinto de lo que era. Suben los nacionalismos, sube el separatismo, sube IU y sube UPyD, los primeros suben mucho con relativamente  pocos votos, los segundos suben menos con bastantes más, lo que pone de manifiesto, una vez más, la cara más fea de nuestro sistema electoral. Lo de IU ys se sabe que es un derivado, pero lo de UPyD parece ir más allá, y eso es una gran noticia para la estabilidad, el dinamismo y el equilibrio del sistema político. 
Toca esperar, no mucho, pero esperar. Los efectos de las políticas que emprenda Rajoy serán fulgurantes, para lo bueno y para lo malo. El panorama se ha movido mucho, y nada indica que vaya a quedarse quieto. 
Amazoneando

domingo, 20 de noviembre de 2011

Pausa publicitaria

A la espera de los resultados de la histórica votación de hoy, no todas lo son del mismo modo, no estará de más echar un vistazo a una noticia de aspecto agradable. Telecinco mantiene en antena un programa que puede considerarse el paradigma de la telebasura y, a iniciativa de un bloguero, la publicidad ha dejado de aparecer en él como castigo a su utilización de una entrevista que tiene que ver con el odioso y morboso caso del asesinato de una joven sevillana. 
Hay quienes, como Arcadi Espada, han visto en esto una nueva técnica publicitaria de las marcas más pudibundas, cosa que es posible, pero, en cualquier caso, quiero saludar el aspecto sano de la noticia, que halla maneras de decirle a una TV, donde más le duele, que su programación es indecente. 
Ordenadores y elecciones

sábado, 19 de noviembre de 2011

A fabis abstinete?

En estos días pasados una cierta variedad de amigos y conocidos me ha manifestado su deseo de abstenerse. Como hoy es jornada de reflexión, aunque dudo que sea mucho lo que se piensa a fondo sobre el particular, me voy a permitir un consejo, sin recomendar ningún voto en particular. Es muy simple, creo que votar es una obligación, y que es un error hacerlo en blanco. Comprendo los argumentos de quienes defienden la abstención o el voto en blanco, pero no me convencen. Creo que en ambos casos se incurre en el vicio, feo, de pretender una identificación con un cierto volumen de votantes,  como si quienes van a votar en blanco o a abstenerse estuviesen expresando  un propósito político definido. Creo que esto está reñido con una lógica bastante obvia, y que representa una postura comodona, cuando no hipócrita, en el preciso sentido de dar a entender una excelencia moral y política de la que seguramente están tan alejados como el que más. 
No negaré que la paleta electoral sea poco atractiva y, en cierto modo, insuficiente, pero creo que la vida está hecha de situaciones en que eso es precisamente lo que ocurre y no podemos deducir de ello una apología de la abstención, de la exquisitez. Votar es mancharse, desde luego, y hay que tener el cuajo de hacerlo con lo que nos parezca preferible, o menos malo, algo que siempre será mejor que esa pretendida excelencia de los que se entretienen en la delectatio morosa de un rechazo global al sistema, palabra preferida de cuantos se excusan de producir explicaciones precisas y pretenden que nos unamos a su inmaculada excelencia.  
En el peor de los casos, si se está decidido a no dar el voto a ninguno de los grandes partidos, siempre será mejor dárselo a uno de los pequeños que perderlo con la pretensión de formar parte de un reducto elegido y exquisito.
Comprender y decidir en el mundo digital

viernes, 18 de noviembre de 2011

Una campaña fallida


Algunos estrategas de los grandes partidos tienen una idea muy pobre de las posibilidades intelectuales del electorado. Esta presunción, sin demasiado fundamento, actúa como una de esas profecías que se auto-cumplen porque, al plantear campañas pobres, maniqueas y con un guión archigastado, arruinan de manera deliberada el rédito político que pudiera obtenerse con ellas. Es muy interesante preguntarse por las razones de esta elípsis de un debate realista y sincero cuando ninguno de los partidos principales tiene razones de peso que le hagan temer por su papel predominante. Si cualquiera de ellos estuviese seriamente amenazado por una alternativa en lo que consideran como terreno propio, podría tener sentido una actitud tan conservadora, pero, no siendo así, es difícil entender su resistencia a innovar, a hacer política de cara al público, a plantear a los electores españoles problemas reales y alternativas verosímiles en lugar de tratar de entretenerles, vanamente, con argumentos de parvulario.
El origen de todo pudiera estar en la imagen goyesca de la política que se ha hecho dominante: me refiero a la Riña a garrotazos, esa pintura negra del aragonés en la que seguramente quiso simbolizar la lucha fratricida entre liberales y absolutistas que desangró nuestro siglo XIX. Lo sorprendente es que cuando la sociedad española da signos obvios de madurez, pacifismo y serenidad política, los grandes partidos sigan teniendo interés en mantener una  simbología tan arcaica, tan disfuncional, y que, entre otras cosas, hace que tiendan a apartarse de la política las personas con un cierto nivel de exigencia intelectual y moral.
Nadie podrá negar que la ocasión era pintiparada para que el desempeño de la campaña hubiese podido ser un poco más sutil, menos aparatoso y más interesante. Al fin y al cabo, muy poco antes de la campaña los dos grandes partidos hicieron conjuntamente una cambio constitucional bastante significativo, como prueba de que ambos compartían el empeño de mantener a España en el núcleo esencial de la Europa del euro. Ambos habían pactado además, según se dice y ha podido parecer, apartar la discusión de ETA de la campaña, cosa de la que es posible que no se haya enterado Rubalcaba. Disponían, pues, de un amplio campo de acuerdos básicos para ponerse a discutir sobre medidas concretas, sobre ajustes, sobre lo que cada uno de ellos considerase necesario hacer. Podían, en suma, haber hablado de política y haberse dejado de retóricas apolilladas. Es obvio que si cualquiera de ellos hubiese empezado a hacerlo habría obligado al otro a entrar en el debate. Es particularmente notorio el error de Rubalcaba porque, aunque parte, se supone, desde el Gobierno, ha decidido actuar como un candidato de la oposición, renunciando a todo lo que no sea acusar a su rival de hacer lo que él mismo ha hecho, un escamoteo en toda regla  de cualquier discusión política con un mínimo de realismo. Al actuar así, Rubalcaba ha cometido seguramente su mayor error, porque aunque se pretenda que su estrategia está destinada a conseguir el control del partido, no se ha atrevido a hacer lo que habría hecho cualquier líder político con valor, lo que habría hecho, por ejemplo, un Felipe González, coger el toro por los cuernos y, apoyándose en el giro obligado del Gobierno, en lo que ha retirado a Zapatero de la escena, ofrecer un panorama de reformas y de políticas creíbles y atractivas.  No diré que fuese fácil intentarlo, pero Rubalcaba ha actuado más como un oportunista a la baja que como un auténtico líder, y seguramente no obtendrá nada de lo que habría podido ambicionar.   Dicho a la manera de Churchill, ha preferido la irrelevancia al desastre, y tendrá doble dosis de cada.
Creo que la actitud de Rajoy al no plantear ciertos debates es también equivocada, porque ha podido privarle de un plus de legitimidad que hubiese obtenido sin demasiado riesgo, pero, al menos, sus apelaciones al diálogo y a la confianza, además de ser necesarias, le colocan inequívocamente en el camino de moderación que insensatamente ha querido arrebatarle su adversario. 

La pereza y el conformismo que están debajo de esta estrategia de perpetuación de una estúpida batalla entre buenos y malos no tardará en pasar cuentas a quienes persistan en ella. Haya que suponer que tras estas elecciones nos abriremos a un panorama distinto, porque una democracia no puede prosperar sin libertad, sin debate, sin política, sin hablar de verdad de lo que nos pasa; dar gato maniqueo por liebre democrática puede acabar resultando muy caro a los tramposos. El 15M no fue más que un intento, muy manipulado por la izquierda radical, de mostrar la insatisfacción de nuevas capas de población joven con el clima político vigente. Se trata de una tendencia que no va a aquietarse a cambio de nada, aunque solo sea porque el público ya está al cabo de la calle sobre la escasez de los milagros, y detesta los supuestos debates ad usum delphini.
Publicado en El Confidencial

jueves, 17 de noviembre de 2011

Esperanza y la instrucción

Una de las cualidades que nadie osaría negar a Esperanza Aguirre es su capacidad para generar polémica. Esto de la polémica es una forma amanerada de llamar a lo que, también amaneradamente, se suele llamar debate. Ahora acaba de afirmar que el Estado debiera sacar su manos de la educación y dedicarse a la instrucción. Esperanza tropieza con que la gente está poco acostumbrada a los distingos, menos aún si estos son clásicos y no están muy vigentes en el lenguaje corriente. Así, es fácil malentender lo que dice la presidenta madrileña, incluso caricaturizarlo, pero no quisiera dejar de subrayar que dice algo muy importante para la democracia y para la libertad, aunque ya sé que a muchos les parece que la democracia es sólo su libertad... y que los demás se sometan a ella. Lo esencial es que en la educación se incluye, de hecho, la presentación y la jerarquización de valores morales y políticos ante los que el Estado tendría que ser neutral, porque son, y, sobre todo, debieran ser,  patrimonio de los ciudadanos, de su libre conciencia, no un bien que puedan administrar los funcionarios. 
Al distinguir educación de instrucción creo que lo que quiere decir es que los funcionarios del Estado, los colegios públicos y los planes de enseñanza, no debieran entrar en el santuario de la conciencia individual, allí donde se toman las decisiones morales y políticas. Esto debería ser evidente, pero vivimos en una época en que todo está confuso y en la que los que dicen pretender nuestra liberación pugnan eficazmente por imponer una ortodoxia asfixiante.  Esperanza tiene razón, aunque temo que haya empleado un lenguaje demasiado añejo, fácil al equívoco, a eso que cultivan con esmero y maestría los totalitarios de todos los partidos. 
Internet y la estupidez

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Ante la evidencia de la derrota


Ninguna de las encuestas publicadas ayer por los grandes periódicos nacionales concede el menor margen a una posible victoria del PSOE el próximo domingo. La encuesta de La Gaceta predice una cómoda mayoría absoluta de Rajoy, coincidiendo con las publicadas por ABC y La Vanguardia, y a diferencia de las de El Mundo y El País, que apuntan un resultado más abultado que supondría el funeral político de Rubalcaba. Sin embargo, no conviene olvidar que no sería la primera vez que las encuestas se equivocan, como pasó, sin ir más lejos, en la llegada de Zapatero en 2004.
Lo que es seguro es que el PSOE, en el que Rubalcaba es una especie de líder provisional a la espera de los resultados, y de lo que pueda decidir el todavía secretario general que no es otro que Zapatero, tratará de echar el resto en esta semana para conseguir que la derrota, sin llegar a ser dulce como calificó Guerra a la de 1996, no sea clamorosa.
No hace falta ser un avezado profeta para adivinar que Rubalcaba va a seguir con la estrategia que viene practicando, y tratará de añadir unas gotas de acíbar a su campaña para ver si consigue llevar a las urnas a un cierto contingente de los votantes que no piensan repetir el voto al PSOE, aunque no vayan a votar al PP.
Toda la estrategia del candidato del PSOE se ha fundado en dos olvidos clamorosos: el primero, que es el PSOE quien gobierna, y no precisamente bien, cosa que, sin embargo, no ignora ningún elector, lo que le permite hacer como que ejerce de oposición a Rajoy, en lo que tampoco está brillando a gran altura, por cierto.  En segundo lugar, Rubalcaba pretende que, al revés que lo que se reprocha al PP, el PSOE tiene un programa fiable y muy atractivo. Ese supuesto programa padece dos defectos realmente mortales: el primero que no hay manera de explicar las razones por las que no se ha aplicado estos años, además de que no se hable nunca de él, salvo para decir cosas que todos sabemos absolutamente imposibles cuando no enteramente fantásticas.
Como con esas dos recetas no está obteniendo el menor resultado, Rubalcaba destapará seguramente el tarro de las esencias y, a falta de mejores efectos especiales, se consagrará a meter miedo en el cuerpo de sus timoratos seguidores asegurándoles las penas del infierno si el PP llega al poder. Lo que ocurre es que este infierno con el que amenaza Rubalcaba es como el de los chistes clásicos, un lugar en el que se está bastante bien en comparación con el paraíso en el que nos ha metido el Gobierno socialista, la labor a dos manos de Zapatero y su inseparable Rubalcaba.

El PSOE siempre cree que, como se le escuchó decir a Zapatero en confidencia a un periodista de cámara, le conviene un poco de tensión, porque ellos mismos saben que sus argumentos no resisten ni por un minuto un debate sereno, quedan en evidencia en cuanto se les aplica la prueba del algodón. Se pondrán pues a lo que mejor saben hacer, a atemorizar, a mentir, a  tirar la piedra y esconder la mano. Lo tienen muy difícil porque los españoles no necesitan grandes esfuerzos para imaginar cómo podría ser un gobierno de Rubalcaba: lo llevan padeciendo ocho años. Además, ya les ha dicho el aspirante que su modelo es Andalucía, el paraíso del paro, la corrupción y el enchufismo. En esta apuesta por el todo vale, y si se descuida en su olvidadizo entusiasmo, Rubalcaba puede acabar dando un mitin con don José Blanco, y darlo en una gasolinera para criticar a fondo la corrupción… del Partido Popular, por descontado.
Cine y mujeres

lunes, 14 de noviembre de 2011

Lo que quieren los electores



Las elecciones legislativas convocadas para el próximo veinte de noviembre supondrán un ejercicio de soberanía por parte del pueblo español, que dará y quitará el poder. Pocas veces ha estado tan clara la voluntad popular como lo está ahora. 
Hay que subrayar, en primer lugar, que los electores rechazan rotundamente al PSOE, sin que haya servido para nada el cambio de líder ni el retraso de las elecciones, una añagaza que hay que atribuir a la supuesta sagacidad de Rubalcaba y a sus delirios respecto a su capacidad para dar la vuelta a unos resultados muy adversos para el PSOE. Los políticos están tan pagados de sí mismos que olvidan que no son las personas, sino las políticas las que merecen la aprobación o, como en este caso, el varapalo político de los votantes.
Con Rubalcaba, el PSOE obtendrá el peor resultado de su historia reciente. El rechazo a las políticas que ha llevado a cabo el PSOE, desde el reconocimiento de un supuesto derecho al aborto hasta las vergonzosas negociaciones con ETA, pasando por su irresponsable gestión de la economía y las cuentas públicas, inclina claramente al  electorado  a dar la mayoría absoluta al Partido Popular, lo que coloca a Mariano Rajoy ante una responsabilidad enorme, y ante un altísimo nivel de exigencia. 
Los electores están justificadamente hartos de la escasa calidad de la clase política, de su insensibilidad frente a la crisis, de su impudicia al seguir gastando como si estuviésemos en Jauja y la crisis económica fuese solo un mal sueño de antipatriotas, de manera que cerca de un ochenta por ciento de los españoles  se fía poco o nada de los políticos, lo que difícilmente puede considerarse un elogio. 
La actuación del nuevo gobierno deberá desmentir desde el principio esta impresión tan extendida sobre las verdaderas intenciones de los políticos, sobre su egoísmo y su insensibilidad. No le esperan al nuevo Gobierno retos pequeños, pero cualquier intento de evitar un supuesto desgaste mirando para otra parte le supondrá un deterioro infinitamente mayor, el abandono y el desprecio de sus electores y, consecuentemente, entrar en una etapa pronta de intenso deterioro e ineficacia que agudizaría hasta extremos peligrosos la crisis política y económica que atenaza a la sociedad española. No sabemos qué actitud tomará el PSOE en la oposición, pero vistos los antecedentes, no cabe tener grandes esperanzas; ahora bien, si el nuevo Gobierno se enfrenta con decisión y mano firme a los problemas la oposición socialista no tendrá otro remedio que moderar su mensaje y que colaborar con las medidas que el nuevo Gobierno promueva, de manera que también por este flanco le convendrá dejarse de eufemismos e ir directamente al corazón de las dificultades que nos atenazan.
Alfredo Pérez Rubalcaba, que hasta ayer mismo era el vicepresidente primero del Ejecutivo socialista se ha atrevido a presumir de ser “el único político del mundo que ha anunciado una subida de impuestos en una campaña electoral”, lo que muestra hasta qué punto le importa lo que los españoles de verdad piensan. Pero los electores parecen decididos a dejar de creer en tonterías y a echar cuentas sobre nuestra situación; saben que se debe exigir mucho más a los políticos, y que Rajoy inspira más confianza por su seriedad, su buen sentido y su preparación. Esperan mucho de él, y hay que apostar porque el nuevo presidente no tenga demasiado interés en defraudarnos.
De la confusión en la red ¡líbranos Señor!

domingo, 13 de noviembre de 2011

Berlusconi

La dimisión de Berlusconi es un ejemplo perfecto de suceso complejo. Incluso olvidándonos de su curiosa forma de actuar, lo que es bastante pedir, su caso es una prueba de la peculiaridad de la política italiana, y, más en el fondo, de las extrañas fuerzas que están actuando en el escenario europeo, de las formas de desafío con que la política está cercando a la democracia. No me siento ni con una milésima del ánimo preciso para hacer cualquier defensa de un personaje tan  estrafalario como representativo. Creo que es un caso que convendría analizar a fondo y que está lleno de sugerencias. Es obvio que la ausencia de una auténtica constitución democrática en Europa nos va a proporcionar sucesos dignos de meditación y que no todos tendrán, ni siquiera, la mínima apariencia de buena cosa que tiene el forzado mutis del italiano. 
Está por resolver

sábado, 12 de noviembre de 2011

ETA pretende la rendición de una democracia a la que no respeta


El último comunicado de ETA trata de ser cuidadoso y disimula su vinculación con las organizaciones  que se han creado para heredarla, pero  no hace ni el menor esfuerzo por aparentar siquiera un cambio en sus objetivos, una renuncia a sus utopías. Los terroristas pretenden conseguir mediante una renuncia simulada a las armas lo que no han podido conseguir con su lucha armada, con esa guerra unilateral, cobarde e injusta que ha sembrado de sangre y de dolor la tierra vasca,  a España entera, que se ha cobrado la vida de cerca de mil personas, y que ha dejado a muchos miles más malheridas en cuerpo y en alma.
Es difícil imaginar el deprecio que ETA debe albergar hacia los dirigentes políticos que supone capaces de aceptar un trato tan inicuo, tan cobarde, tan absurdo. Ceder a todo, sin una entrega efectiva de las armas por los terroristas, y sin que la organización  ponga sus efectivos a disposición de la justicia, darles cuanto siempre han pretendido a cambio de  una serie de vagas promesas, equivaldría  a escupir sobre la sangre de la víctimas, a tirar por la borda el sacrificio y el valor de cuantos han combatido a ETA, con la ley en la mano y respetando siempre los derechos de todos, incluso de los asesinos.
Es comprensible que ETA se pueda hacer estas ridículas ilusiones cuando se ve cómo algunos líderes políticos, aquellos  que habían prometido no hacer de ETA un tema de campaña, aseguran ahora haber logrado su desaparición, una situación delirante en la que, de hacer caso a lo que ETA pretende, no obtendríamos ni siquiera una victoria pírrica, sino que tendríamos un caso claro de traición, de estupidez extrema disfrazada de grandeza moral y de hipocresía, como siempre. Estamos tan acostumbrados a las mentiras de algunos que harán mal en creer que puedan engañarnos de nuevo.
Por mucho que nos duela, ETA no está todavía completamente vencida, y juega sus bazas porque, aunque se sabe fracasada, pretende tornar su derrota política en una victoria, en un paso hacia  esa paz que tan poco le ha importado cuando asesinaba, incluso a niños.
Es posible que ETA no vuelva a matar, pero, hasta ahora, no hay garantía alguna de que la proclamación de sus buenas intenciones sea algo más que un acto de propaganda. ETA pretende aprovechar la oportunidad que le brinda un gobierno absolutamente fracasado y con verdadera necesidad de apuntarse algún éxito para ver si consigue alguna concesión simbólica en la que poder apoyar su estrategia de convertirse en una fuerza de apariencia irreprochable colgando de un supuesto conflicto superado gracias a su generosidad el recuerdo de todo el dolor que ha provocado. Mentira tras mentira, ETA pretende convertir nuestro hartazgo con sus fechorías en un pasaporte hacia la impunidad, hacia el olvido. Es delirante que alguien pretenda ayudarles en esa burda trampa con el propósito de obtener réditos electorales o de imagen. Las indignas palabras de Patxi López y las mistificaciones de esos viejos y desvergonzados dinosaurios que ha resucitado Rubalcaba en su campaña de despropósitos no son precisamente tranquilizadoras sobre sus intenciones de fondo. Menos mal que dentro de muy poco perderán cualquier capacidad de hacer fechorías, pero es muy grave que pretendan engañarnos haciendo creer que han resuelto algo que sigue pendiente de que el Gobierno se mantenga firme en defensa de la libertad, de la dignidad y de la decencia.
TED

viernes, 11 de noviembre de 2011

La trastienda del debate



Es evidente que la política contemporánea conlleva un importantísimo coeficiente de ficcionalización, de creación de una realidad virtual, casi podíamos decir. Este hecho es el que explica que los partidos se hayan convertido en algo así como empresas teatrales, en instituciones cuya actividad decisiva sea la construcción de un marco simbólico en el que, además de que la empresa se sienta cómoda, se garantice la obtención de unos buenos resultados electorales. En una tesitura como esta, en la que indudablemente estamos, los debates devienen necesariamente en meras liturgias  en las que cada cual va a lo suyo, una especie de diálogo para besugos supuestamente animado por una apariencia de moderador (¿?) que pretende sugerir que, sin su presencia, los rivales recurrirían al navajeo, lo que se compadece mal con la  obviedad de que coadministran un negocio  en el que comparten intereses esenciales sobre los que es mejor hablar poco. No es de extrañar que el debate no hay suscitado demasiado interés, y que el público más ajeno a este negocio, los jóvenes, sobre todo, hayan pasado ampliamente de atenderlo.
Es verdad también que la situación en que realmente nos encontramos parece dejar poco margen para la creatividad política, pero, de cualquier manera, resulta sorprendente que una democracia que aún no tiene ni cuarenta años, haya llegado a tan altísimo grado de  ritualización. Si se admite el análisis, las paradojas se multiplican, porque resulta que la política se reduce a su mínima expresión en el momento en que sería más necesaria una gran política, como de hecho se admite cada vez que se echan en falta liderazgos de altura para poder lidiar con una situación tan endemoniada como la que estamos padeciendo. Ahora bien, cuando las crisis no se afrontan en su raíz, cuando no se hace política en serio, los resultados pueden ser catastróficos en un plazo muy corto, y los gobiernos que surjan en esas circunstancias pueden tener los días contados, como, sin ir más lejos, le ha pasado a Papandreu. 
Si se mira hacia atrás, el PSOE ha estado en el gobierno el 60% del tiempo de democracia y en la oposición sólo un 40%, es decir, que ha sido la fuerza políticamente dominante, cosa que ahora podría dejar de suceder, aunque esta perspectiva  haya  sido completamente irrelevante en el debate. Rubalcaba actúo como quien sabe que va a perder, pero también como quien espera que sea por poco tiempo, como quien está seguro de que va a estar ahí porque las bases de su superioridad van a permanecer inalteradas. Si a esto se añade que la situación económica parece forzar un incremento real de los niveles de desigualdad, no es muy difícil imaginar que el PSOE no tendrá que pensar en una larga travesía del desierto, especialmente si su resultado no fuere desastroso, que podría serlo, y no se ponen más nerviosos de la cuenta tras el 20N.
Lo que quiero decir es que me parece que Rubalcaba tenía más razones para evitar el debate que Rajoy, aunque Rajoy diese todavía menos sensación que Rubalcaba de buscar un enfrentamiento serio. En consecuencia, Rubalcaba hizo como que atacaba, mientras que Rajoy hizo como que se defendía, sin atacar nunca, más allá del ingenio gallego, sin buscar la barbilla del contrario.
Lo que hay detrás de este escenario, según lo veo, es que los estrategas del PP consideran que ya que se les ha brindado una victoria relativamente barata, aunque haya tardado dos legislaturas, por los disparates de Zapatero, es inteligente no dar una batalla política sino apoyarse en un cierto sentido común para obtener los réditos, llegar al poder,.. y ya veremos. Me parece que al actuar así, el PP sacrifica su posible capital a un rendimiento inmediato, mientras que el PSOE parece firmemente asentado en una estrategia inversora de largo plazo, aunque haya padecido la desgracia de tener un líder insolvente en medio de una tormenta más que mediana. No es fácil decir qué lecciones sacará el PSOE de esta peripecia, pero el universo de posibilidades a que se habrá de enfrentar tampoco es infinito.
La pregunta importante es si el PP acertará a rentabilizar sus ideas una vez en el poder, o incurrirá de nuevo, como pasó entre 1996 y 2004, en el error de cifrar todo su capital en ser buenos administradores de las cuentas públicas. Se puede entender que el PP haya considerado imprudente hacer exhibiciones ideológicas con un panorama tan prometedor, pero me atrevo a afirmar que si hace lo mismo en el Gobierno su hegemonía será muy corta, brevísima. Se trata de una vieja tentación de los conservadores, no solo aquí, en todas partes. Cuando se acepta que lo único interesante en la política es llegar al poder, cuando los supuestos liberales y/o conservadores asumen que las ideas están de más, entonces se hace cierto  el aserto de Chesterton: “La totalidad del mundo moderno está dividido entre conservadores y progresistas. Los progresistas se ocupan de cometer errores. Los conservadores se ocupan de que no se corrijan”.


jueves, 10 de noviembre de 2011

La democracia y los reglamentos

No puede haber democracia sin reglamentos, pero los leguleyos pueden conseguir la más ridícula caricatura de la democracia, y, con frecuencia, lo logran. De esta manera, los electores pierden el interés en las elecciones, creen que la democracia es mera ilusión, y acaba sucediendo. Para evitarlo hacen falta políticos, pero es preocupante que también los políticos decidan disfrazarse de leguleyos, sea por aquello del buen gobierno, sea por evitarse disgustos, y en esas estamos. De todas maneras, también hay leguleyos que van de poetas, y de esa especie de mezcolanza suele salir lo peor, sin que sea necesario mirar a nadie para comprobarlo, no vayan a decir aquello de "a rey muerto gran lanzada". 
Nuevos mercados para el libro

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Pelea por lo que quieres

Dentro de la representación, tantas veces bufa, en que ha venido a parar la política, sobre todo en tiempos electorales, hay poco que destacar, pero de vez en cuando algún detalle llama la atención. "Pelea por lo que quieres", que es el slogan de Alfredo Pérez Rubalcaba, no parece, a primer oído, un lema socialista sino, por el contrario, individualista. Menos mal que no se les ha ocurrido ponerlo en forma interrogativa, que quedaría en algo así como "¿qué hay de lo mío?". Seguramente será que ya da todo lo mismo, pero si realmente siguen intentando hacernos creer que buscan objetivos sociales, colectivos, solidarios, no han andado muy finos con el motete que han escogido.
Claro que en cualquier momento les podría responder la derecha con un lema social y comunitario, como, por ejemplo, "lo nuestro, lo de todos", para que luego algunos nieguen la convergencia ideológica de la izquierda y la derecha. 
PCs y televisores

martes, 8 de noviembre de 2011

Rubalcaba y sus ancestros, que son de su edad, más o menos

Hoy se lleva mucho hablar del debate, de algo que, en realidad, no hubo, porque todo fue demasiado comedido y cortesano como es casi inevitable cuando los antagonistas tiene mucho que perder y poco que ganar. APR está en ser secretario general del PSOE y tiene que ser agresivo al modo clásico, y MR sigue con lo suyo: llegar a Moncloa... y ya veremos. Por eso me parece que es más interesante hablar de Rubalcaba y de sus ancestros. 
No es necesario ser un observador sutilísimo para notar que el PSOE se siente perdido, pero, por si quedaba algún tipo de duda, con el mitin sevillano del pasado sábado se ha hecho evidente que Rubalcaba, puesto a preferir entre un desastre y un disparate, se queda con lo más vetusto, esperando que la memoria haya dulcificado hasta la obnubilación el recuerdo de los desmanes que protagonizaron, al principio a dúo bien concertado, luego en duradera desavenencia, Felipe González y Alfonso Guerra. En realidad se le podría reprochar a Rubalcaba no haberse acordado del estrellato de interior, de sus colegas Barrionuevo, Vera y Corcuera, el de la ley de la patada en la puerta, un gran amigo de las libertades, por no mencionar a Roldán, esas gentes tan entrañables y eficaces que Felipe no tuvo ningún empacho en acompañar hasta la puerta misma de la cárcel. Hay que reconocer que no es fácil escoger entre los errores de antaño y los de hogaño, pero Rubalcaba prefiere Guerra a Leire Pajín, aunque esa preferencia del político supuestamente astuto se ha hecho presente cuando la alicantina no estaba delante, porque no hace mucho que Rubalcaba declaraba exultante sentirse muy tranquilo porque el futuro de España iba a quedar en manos de gente tan competente y moderna como la ministra Pajín.
No se puede negar, por tanto, que Rubalcaba evoluciona al apostar por la desmemoria  frente al disparate prolongado del zapaterismo del que ha formado parte inseparable. No en vano Rubalcaba es el nexo de unión de lo peor de ambos socialismos, del paro abrumador del 96 y del galopante de 2011, que allá se andan, de la corrupción de Roldán y de Filesa, con los apuros en que se encuentran tantos compañeros de ahora mismo por meter la mano donde no deben, y eso que la Justicia siempre acude presurosa a tapar los vergüenzas de estos pájaros.
Hace ya mucho tiempo que se sabe que socialismo no es otra cosa que lo que hacen los socialistas, y que eso está sometido al imperio de la moda y de la circunstancia. Ahora se ve que no hace falta talante ni diseño, que se quiere recurrir a la pana, aunque, la verdad, Felipe desdice un poco de esa imagen de progre sin un real en el bolsillo, y al improperio de grueso calibre de Guerra que se gusta imaginar en dura lucha contra la religión y contra el sistema, cuando han sido sus cuates socialistas quienes han sido dueños del sistema nada menos que dos de cada tres años de democracia, y los únicos que han implantado algo similar a una Inquisición laica con su indoctrinamiento en los colegios, su moralina de género, y con su sañuda persecución a cualquiera que tuviese una idea propia, algo distinto que decir.  Es posible que los muy jóvenes no tengan presentes en la memoria las imágenes de ignominia que protagonizaron los viejos socialistas durante largos años, y que el recurso a esos viejos y zurrados fetiches del imaginario izquierdista no le haga mucho daño a la campaña de Rubalcaba; lo que es seguro es que Rubalcaba piensa que es mejor arriesgarse a reducir el socialismo a las recetas del abuelo Cebolleta que empecinarse en defender los logros de sus recientes gobiernos. Hay que reconocer que se puede parecer una decisión clarividente en alguien que conserva el mínimo de conciencia para reconocer que no es fácil escoger entre el hambre y las ganas de comer, entre el desastre que es ya historia y el disparate del que trata vanamente de distanciarse.
Rubalcaba olfatea el desastre y no repara en medios: si estará desesperado que ha encargado a estos viejos dinosaurios que proclamen que él, Rubalcaba, ha derrotado a ETA: Felipe y Guerra están achacosos, pero no han perdido desvergüenza.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Moretti y la Iglesia

Soy un admirador del cine de Nani Moretti: me encantó su Caro diario o La habitación del hijo, pero me ha decepcionado su Habemus Papam. Creo que es un trabajo que tenía ambición y se queda en nada. No lo digo porque sea poco respetuoso con la Iglesia, que no me parece, o que no perciba su aspecto sobrenatural, cosa que le pasa a mucha gente, sino porque hace una descripción bobalicona de su aspecto humano. En suma, hay una incongruencia obvia entre el problema que pretende plantear y la historia que cuenta, y eso es siempre imperdonable. 
Platónicos y aristotélicos, o así

sábado, 5 de noviembre de 2011

De la discordia a la concordia


Enric Juliana ha escrito recientemente que lo que está en juego en las próximas elecciones es si el PSOE seguirá manteniendo el lugar privilegiado del que, hasta ahora, ha gozado en el sistema político de 1978. Las encuestas que se barajan estos días hablan de que el suelo electoral del PSOE está en el aire, y eso podría suponer una profunda modificación de su papel de partido dominante.
Si tal cosa sucediere, que está por ver, se abriría un panorama muy distinto al del bipartidismo imperfecto que ha dominado la política española desde las elecciones de 1977. Para evitar las conjeturas precipitadas, parece más interesante preguntarse por las causas de que tal cosa haya podido llegar a plantearse. Una primera respuesta sería la de índole económica. El PSOE habría labrado su ruina debido a la desastrosa gestión de la crisis que ha realizado el Gobierno de Rodríguez Zapatero, hipótesis a la que habría que añadir el matiz nada desdeñable de que los socialistas hayan debido reconocer, aunque tarde y con desgana, que sus supuestas soluciones de izquierda estaban siendo parte esencial del problema al aceptar las sugerencias neoliberales, de reducción del gasto público y de ajustes sociales que le fueron impuestas al presidente por los poderes fácticos del mundo global, desde Obama a los chinos, pasando por la señora Merkel. Esta línea de conducta ha culminado con la constitucionalización del equilibrio presupuestario y ha dejado a las supuestas soluciones sociales de la izquierda en una posición francamente desairada.
No me parece que esta hipótesis económica tenga suficiente fuerza como para explicar por si sola el descalabro socialista, si es que, en efecto, aconteciere tal cosa. Me parece que hay un análisis mejor de las causas de lo que podría ocurrir, una explicación más política que económica.
Para introducirla me referiré al excelente ensayo que ha publicado recientementeOscar Alzaga sobre el abandono del consenso y el escaso acierto para escoger  una combinación adecuada de discrepancia y consenso, que es la causa del enrarecido clima político que hemos padecido. La dinámica del enfrentamiento ha alcanzado con el zapaterismo unos extremos antes desconocidos, se puso en riesgo el pacto constitucional, se negaron las virtudes de la transición, se pretendió expulsar al PP del campo de juego político, se pretendió que los españoles dedicasen más atención a un pasado escasamente ejemplar que a un futuro prometedor y exento de exclusiones y maniqueísmos. En estos años,  se ha dado  la sensación de que no es que los rivales políticos no alcancen a entenderse, sino que les ha parecido más rentable políticamente no hacerlo. Ha ocurrido eso, además, cuando un clamor social demandaba precisamente lo contrario, políticas de Estado, como aquí suelen llamarse, pactos, las soluciones de largo alcance que parece requerir una crisis tan honda y larga como la que estamos padeciendo.
No creo que el clima de discordia sea responsabilidad exclusiva de los socialistas, pero me parece que buena parte del electorado, también del que indebidamente se considera como propio, así lo ha entendido. Esa percepción se ha agravado, además, con los intentos de llevar a cabo una política territorial que exacerbaba las diferencias y, ahora mismo, con el insensato propósito de convertir a los etarras, los peores enemigos de la democracia española, en unos buenos chicos deseosos de reconocer los esfuerzos de Zapatero por resolver su situación. Es esta deriva radical y revisionista de nuestra democracia lo que le habría hecho perder al PSOE el lugar central que hasta ahora había venido ocupando en las preferencias electorales de los españoles. Independientemente de cuáles sean los resultados del próximo 20 de noviembre, y la distribución de los escaños en la Cámara, el PSOE deberá revisar su posición en el mapa político si no quiere verse amenazado por una decadencia que, aunque pudiera ser lenta, sería, finalmente, irremisible.
Si la hipótesis que propongo fuese correcta, el interés de todos, y muy en especial del PSOE, debería ser que la nueva legislatura se desarrollase en un clima político muy distinto del que ha presidido la última década. El libro de Alzaga recuerda una hermosa frase de Salustio, “la concordia hace crecer las cosas pequeñas, la discordia arruina las grandes”, y apuesta porque sepamos recuperar el diálogo y la capacidad de consenso que necesita cualquier sociedad civilizada y deseosa de bienestar y progreso. La mayor responsabilidad estará entonces en manos de Rajoy, que hay que suponer no se dejará llevar por  las tendencias más radicales de su grupo, pero también en quien resulte ser el líder del PSOE tras las elecciones.
La política española ha sido, tradicionalmente, bastante previsible, pero el mundo está cambiando de manera espectacular, y aunque los españoles seamos básicamente conservadores, puesto que somos un país muy viejo, pudieran empezar a pasar cosas antes nunca vistas.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Dinero barato

Que conste que no sé economía, pero me parece que buena parte de los problemas que nos hemos creado en este país se deben al exceso del dinero barato. Hoy, el nuevo presidente del Banco Europeo ha bajado el precio del dinero, se supone que para ayudar a los países en dificultades. Veremos en qué paran esta clase de ayudas.
El precio fijo de los libros

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Grecia

La economía muestra muchas señales de ser un sistema que genera diversas incongruencias, entre la teoría y la práctica, entre los intereses y las acciones, entre las previsiones y lo que acaba pasando efectivamente, pero todo eso es una broma si lo comparamos con las incongruencias de la política. Miren a Grecia y díganme si encuentran algún adarme de lógica en lo que allí sucede; es lo que tiene la costumbre, que te acaba haciendo ver como lógicos los disparates más absurdos.
Fomento de la lectura y culto a la rutina 

martes, 1 de noviembre de 2011

Rubalcaba se delata


Pese a la habilidad de Rubalcaba para decir lo que quiere sin que casi nada escape a su control, el candidato socialista ha cometido un desliz importante al hablar de ETA. En unas declaraciones destinadas a apuntarse cuantos méritos pueda haber tras el comunicado de la banda terrorista, Rubalcaba dijo textualmente que “ninguna organización terrorista se disuelve hasta que sabe qué va a pasar con sus presos”. Se trata de una afirmación extraordinariamente importante, tanto por lo que dice, como por lo que, en un descuido indudable, da a entender.
Vayamos primero a lo que Rubalcaba dice de manera expresa. La afirmación de que ninguna banda se disuelve sin saber qué destino se reserva a sus presos es, sencillamente, falsa. Cuando una banda terrorista es derrotada, la pauta que regula su comportamiento es la de “sálvese quien pueda”, y son numerosos los ejemplos que así lo acreditan, como, sin ir más lejos, el del GRAPO en España. Cuando una banda deja de ser viable, por las razones que fuere, la desbandada es lo que ocurre y de sus presos se ocupa, en todas partes y como es lógico, la Justicia. Solo cabe que la banda se ocupe de sus presos mientras siga existiendo, como es el caso de ETA, pero, además, no basta que la banda exista para que esa intención se convierta en algo efectivo, porque hace falta un elemento que, desgraciadamente, a veces se da, la complicidad del poder político legítimo para que la banda nominalmente disuelta pueda negociar el destino de sus presos, que para los terroristas no puede ser otro que la libertad.
En la situación que se ha producido a partir del reciente comunicado de ETA no hay ningún factor que nos lleve a pensar que la banda se haya disuelto, sino que es obvio, muy por el contrario, que está intentando entrar resueltamente en una nueva fase de su proyecto político sin renunciar a nada, tampoco a la violencia, aunque haya anunciado que en el futuro no cometerá atentados terroristas, anuncio que, en su caso, bien podría incumplir como lo ha hecho en otras ocasiones, la más reciente la del accidente de la T4.
Las declaraciones de Rubalcaba, de un aparente sentido común, dicen algo que él no querría decir, al menos de manera tan pronta y explícita; a Rubalcaba se le escapa que al hablar de disolución evita la palabra derrota, que es la única que podría hacernos hablar con sentido de una victoria sobre los terroristas. Lo dicho por Rubalcaba, es una de esas medias verdades tan de su gusto, como su afirmación de que “la policía no está para empeorar los conflictos”, que fue su coartada para tolerar la ocupación indefinida de la Puerta del Sol madrileña. Lo que dice ahora hace evidente que ha estado en una negociación con la banda, de ahí que conozca sus intenciones, que empiece por legitimar una política de excepción con el encarcelamiento de etarras, de la que dio excelentes ejemplos con el caso De Juana Chaos, y que se allane a las pretensiones  de la banda, con tal de que deje de matar. Ahora bien, esto no supondría una derrota de ETA, sino, por el contrario, rendirse a su victoria, otorgarle cuanto siempre ha pretendido, bendecir su lucha, olvidarse de sus víctimas, maniatar a la Justicia, y dar por buenos sus objetivos.
Afortunadamente, una mayoría muy amplia de españoles, cerca del 70% no se creen las palabras de ETA, aunque un porcentaje alto de los votantes de Rubalcaba, menos de la mitad, en todo caso, estén dispuestos a una negociación que no haría otra cosa sino certificar el éxito político de ETA. Esto es lo que Rubalcaba no se atreve a decir con toda claridad porque teme el efecto demoledor que podría tener.
Los españoles hemos de pensar con serenidad en la situación creada. Rubalcaba nos invita a la rendición, no de ETA, sino de la democracia. No deberíamos hacerle caso. ETA pretende aprovechar los últimos momentos de debilidad del PSOE en el Gobierno y conseguir sus objetivos. ETA sabe muy bien que nada de lo que ahora pueda conseguir lo podría alcanzar con un nuevo Gobierno; ahora bien, este hecho puede interpretarse de otra manera muy distinta a la que le da Rubalcaba, que está defendiendo una gestión claudicante del Gobierno, pretendidamente culminada con un falso éxito.
El comunicado es algo que no había ocurrido nunca antes, como ha subrayado Rajoy, pero no significa otra cosa que la siguiente: ETA comprende que no puede seguir atentando porque está minada por la policía y porque desciende el número de quienes la apoyan. De aquí no hay que deducir lo que hace Rubalcaba, sino reforzar el cerco a ETA hasta lograr su efectiva disolución, hasta derrotarla, y entregar a todos sus miembros al poder judicial. Esto sí que sería una victoria de la democracia y es perfectamente posible, aunque pueda suponer algún riesgo, no distinto al que asumimos desde el momento mismo en que ETA hizo su primer atentado y no accedimos a sus pretensiones. Derrotar a ETA es perfectamente posible, pero no con Rubalcaba, ni, como se ha visto, con los socialistas.