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martes, 31 de enero de 2012

Otra de Eastwood

La última película de Clint Eastwood me ha parecido levemente decepcionante. Yo creo que Eastwood es un director de primerísima fila, tal vez el más grande y clásico de los directores vivos, pero su obra es un tanto desigual: hay películas excepcionales y otras no tanto, aunque sean siempre interesantes y estén bien hechas.  La que ha dedicado a J. Edgar Hoover pertenece al último grupo, es una gran película, no hay duda de su ambición y de su calidad, pero Eastwood no acaba de encontrarse a gusto, me parece a mi, con una historia tan amplia, tan compleja, tan controvertida, y eso hace que su pulso, habitualmente muy firme, se vuelva algo más vacilante, pese a que trata con maestría algunas situaciones en las que muchos ni se atreverían a entrar sin hacer el ridículo. Esto me ha parecido al mi, al menos: una historia obviamente llena de interés histórico y documental, pero a la que no se le acaba de encontrar el sentido dramático que Eastwood suele manejar con brío y brillantez. Al acabar la película hay una aparición de Nixon que me ha parecido, incluso, algo demagógica, un calificativo que me cuesta mucho utilizar con el maestro americano, pero me parece que es consecuencia de no haber encontrado el ángulo exacto para que esta historia pudiese resultar conmovedora, emotiva, polémica. El peso de una realidad demasiado amplia y obvia ha desdibujado, probablemente,  el perfil de una narración que yo esperaba más emotiva, menos documental y convencional. 
Ambos mundos

lunes, 30 de enero de 2012

El libro de Alejo

He estado en la presentación del nuevo libro de Alejo Vidal Quadras, cuya adquisición y lectura recomiendo vivamente a todos los optimistas. Tenía interés en saludar al autor y en celebrar lo que dice, pero he de confesar que también tenía ganas de reír, y a fe que lo he conseguido. Alejo es un tipo realmente divertido, irónico, sumamente ingenioso, una auténtica rareza en el panorama político, y, tras el rito de las presentaciones, su intervención ha sido realmente jocosa y atractiva. Hablaré de alguna de las cosas que dice, pero ahora quiero subrayar que Alejo piensa por su cuenta y piensa bien, consigue ser respetuoso y mordaz a un tiempo, cosa que parece imposible hasta conocerle, es, en suma, uno de los pocos españoles que podría dar una charla digna de TED. Es penoso que un hombre tan clarividente esté en una especie de vía muerta de la política, sobre todo teniendo en cuenta la nube de mediocres que hace brillante carrera, pero así son las cosas, y Alejo ha sabido dar siempre, además, muestra de paciencia, de resistencia y de una rara ecuanimidad, señas todas del patriotismo crítico de un catalán, hasta la médula, y de un español admirable y cabal.

domingo, 29 de enero de 2012

Reinventar la educación

Una de las cosas más penosas que nos ocurren es que la educación esté en manos políticas, que se vea sólo como un problema político, cuando nos plantea algo mucho más complejo y profundo. No nos damos cuenta de hasta qué punto estamos perdiendo oportunidades, tiempo y dinero con un sistema basado en la pura repetición y gobernado como si se tratase de un registro puramente administrativo. Los malos hábitos en este terreno lo contaminan todo y, así, vamos cada vez peor. La mejor de nuestras universidades estaba hace diez años entre las 150 primeras (la 150, en concreto), mientras que ahora hay que bajar un centenar más en la lista, y no es que haya empeorado, pero las demás se mueven, y las nuestras no, y es solo un ejemplo de los miles que podrían ponerse, a todos los niveles. 
Los estudiantes se olvidan de estudiar y gastan su tiempo en asistir a clases; los profesores se olvidan de innovar e investigar y gastan su tiempo asistiendo a clases o a reuniones sobre las clases, todo es presencial y rutinario. Afortunadamente, empieza a cobrar cuerpo un estado de conciencia sobre lo inútil de este sistema y de las actitudes que lo nutren. Les voy a dar tres pistas que debo a una anotación de Arcadi Espada que se fijó en un sugestivo post  de Garicano que remitía a un TED de Khan
Sospechas sobre Google

sábado, 28 de enero de 2012

La mInistra y las multas

Oigo a la ministra de Fomento la relación de castigos y reprimendas que le va a caer a Spanair y me quedo pensando que es una pena que un Ministro confunda su trabajo con la lectura de catálogos legales. Está muy extendida la confusión del Gobierno con los funcionarios y de los políticos con los tecnócratas. A un ministro no se le pide que anuncie expedientes y  multas, sino que evite que pasen ciertas cosas y haga que sucedan otras, por ejemplo, que trate de arreglar el panorama de la aviación civil. Es verdad que la titular apenas lleva un mes, pero para confundirse siempre tienen tiempo.
¿Censura Tweeter?

viernes, 27 de enero de 2012

La crisis, esa máscara



Los políticos debieran temer las crisis, pero, en realidad, más parece que las adoren. Las crisis constituyen un auténtico paño de lágrimas en la desgracia, y así el PSOE se lame las heridas pensando que ha sido la crisis, y no los electores, quien les ha sacado por la puerta de atrás de su lugar natural, de La Moncloa. En lo que se suponía ser la otra orilla, en el PP que ha llegado al Gobierno, la crisis está siendo, cada vez más, el único tema de conversación, la gran excusa para hacer lo que se supone que hay que hacer, esto es para gobernar sin asumir responsabilidades, con derecho a esperar la más amplia de las comprensiones, incluso una sonrisa de complicidad, de los afectados por decisiones tan dolorosas como discutibles, tal que la subida del IRPF, que naturalmente ha habido que tomar… a causa de la crisis. Ya no hay política, sólo crisis, hasta el punto que el Gobierno mismo podría entrar ya en crisis de manera natural y súbita, para mimetizarse en el paisaje, para hacer más creíbles esas expresiones de condolencia con las que nos comunican las malas noticias que, de momento, solo son ligeramente mejores que las que nos atizan observadores menos preocupados por el qué dirán, como el FMI y otros  servicios escasamente atentos a procurar el sosiego debido a quienes nos dirigen.
Las reformas se ralentizan por miedo a encalabrinar la crisis, y las que afectan a otras cuestiones menos susceptibles a los vaivenes del dinero, se relegan a la espera de momentos más proclives a la mudanza, conforme al dicho ignaciano  de que son poco aconsejables en tiempos de tribulación. Lo primero que llama la atención es que se pretenda superar la crisis sin alterar los fundamentos de nuestra peculiar constitución económica, eso que nos encamina a los seis millones de parados. Este gobierno parece haberse creído la parte más tonta de su previa propaganda electoral, la atribución a Zapatero de ser la causa universal de las desgracias, cuando lo que Zapatero hizo, que es no hacer nada, capear el temporal, da la sensación de que se está convirtiendo en la tentación dominante del nuevo ejecutivo. Si las cosas fueren a seguir así, lo que se podrá discutir es el número, siempre escaso, de meses que tardaremos en atribuirle a este gobierno la responsabilidad de que todo se deteriore aún más, hasta que Zapatero y Pajín acaben por parecernos víctimas de una honda incomprensión, víctimas inocentes de la naturaleza virulenta de esta crisis, capaz de comerse a un nuevo gobierno que se esperaba milagroso, y que da la sensación de estar a la espera de que su mera existencia, sin hacer gran cosa, obre el prodigio.
Es un error muy de fondo tratar de sobrevivir a la crisis sin afrontar sus causas, sin alterar los errores políticos de fondo, sin corregir el despilfarro de los servicios públicos, sin poner coto al abuso de tantas grandes empresas a costa de la infinita paciencia de los consumidores, sin abolir los privilegios de sindicatos y partidos políticos, su derecho a la pereza, sin tocar los renglones más significativos del gasto público, ya que el servicio de la deuda no podemos ni anularlo ni aplazarlo. El problema es que no se puede salir de la crisis sin decir qué educación se quiere, o qué sanidad se quiere, y eso es pura política, algo que, efectivamente, puede resultar explosivo, pero el miedo al desorden puede  acabar por ahogarnos, llevarnos a la muerte por inanición.  En este Gobierno hay quienes pretenden disculparse de hacer política emboscándose en la crisis económica. Otros exhiben una variante más historicista para explicar la sensación, apenas levemente corregida tras algunos anuncios como el de la reforma del Poder Judicial, de que el gobierno adora la calma chicha y no quiere líos, ni en Televisión, ni en Tráfico, ni en la reforma laboral, en ninguna parte. Se alude entonces a la necesidad de esperar a la victoria, al parecer histórica, en Andalucía, pero la verdad es que tras la histórica victoria en las autonómicas y municipales, y la histórica derrota del PSOE en las generales, aquí no ha pasado nada, salvo Montoro al PSOE por la izquierda, y más o menos eso será lo que puede seguir ocurriendo si los afectados no se encalabrinan lo suficiente y a tiempo.
El gobierno apenas lleva un mes, pero es muy preocupante su tendencia a desdibujarse en la crisis, a envolverse en una retórica churrigueresca sobre sus consecuencias de todo tipo, sin hacer gran cosa por eliminar sus causas. Pretender que podamos salir de nuestra situación porque nos lleve cualquier ola es ignorar el estado del mundo, cosa sobre la que muy bien podría ilustrar al gobierno el ministro que dedica su tiempo a hablar de la Europa federal o a reivindicar castizamente el Gibraltar español. El PP se equivoca posponiendo reformas esenciales con la pepla de la crisis, y puede naufragar muy pronto si no acierta a aprovechar una oportunidad única, la muy amplia convicción de que no podemos seguir así.
[Publicado en El Confidencial]
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jueves, 26 de enero de 2012

Metafísica y justicia

La resolución, supongo que momentánea, dada la saña de los fiscales políticos, del caso Camps sirve para poner de manifiesto varias cosas poco agradables. La primera es que los políticos, casi todos, no se andan con chiquitas cuando se trata de perseguir al adversario, aunque, a veces, como ahora y de momento, las cosas les salgan medio mal. La segunda, que una justicia capaz de perder meses con un asunto relativo a tres tristes trajes es una justicia de broma; la tercera, que todo eso ha hecho que pase a segundo plano, o más al fondo, el desastroso estado de las cuentas públicas valencianas. Es bastante inevitable acordarse de algo como lo de la parábola de la paja y la viga, aunque, en este caso, la paja y la viga estaban en el mismo ojo. Consecuencia última, la absoluta inanidad del PSOE valenciano, y ojalá fuera solo eso. 
El cierre de Megaupload y el cine

miércoles, 25 de enero de 2012

La cuestión universitaria

No es fácil leer un análisis tan claro, completo y estimulante de la situación universitaria como el que ha hecho el profesor Canosa en Cuadernos de pensamiento político. ¿Se dará por enterado alguien del gobierno?
Revistas científicas

martes, 24 de enero de 2012

Ministros boquirrotos

Un amigo suele decir que la mayor diferencia que existe entre una persona inteligente y un necio es que el primero se puede recuperar de los fracasos, mientras que los segundos jamás se recuperan de un éxito. A veces pienso que eso les pasa a algunos ministros que se dedican a decir bobadas y generalidades sin haber leído nunca la fábula de la zorra y el cuervo
En España hay un cierto vicio de hablar de reformas sin estudiar a fondo el caso, y sin que nunca quede claro de qué se habla, lo que constituye el primer mandamiento de lo que muchos llaman arriolismo, aunque tenga nombres mucho más viejos: debe ser cosa del predominio de los economistas, con una ideología más o menos  prêt-à-porter, sobre los políticos. Los impuestos, en particular, no son algo que pueda bajarse sin límite o subirse sin freno, además de que siempre se alteran pro-tempore,  por lo que al afirmar que se quieren subir o bajar habría que decir para qué, y no vale sólo lo de el equilibrio fiscal, porque el mejor equilibrio fiscal se dará cuando todos estemos muertos. Sin decir qué educación se quiere, o qué sanidad, es bastante demagógico hablar de pagar más..., o de pagar menos. 
Google+ y el buscador

lunes, 23 de enero de 2012

En Hawaii también cuecen habas

De Alexander Payne había visto Entre copas, que tenía interés, y ahora acaba de estrenar  Los descendientes con Clooney de protagonista. El guión, una novela previa, está bien y la historia es relativamente original, pero la construcción del personaje principal me parece poco lograda, tal vez por las obvias limitaciones expresivas del actor. La película se sigue con atención por su tono realista y su mezcla de dramatismo e informalidad, además de que transcurra en Hawaii, lo que siempre supone una cierta novedad, si bien la música de fondo, imagino que étnica, resultó bastante insoportable a mis fatigados oídos. 
No está mal que el cine incurra en alegatos razonables a favor de la paciencia y el buen sentido, mientras muestra lo espantosamente frívolos y mentecatos que solemos ser, y que lo de la adolescencia suele superarse, mal, pero se pasa, pero la película no llega a emocionar en ningún momento, por mucha habitación de hospital y mucho soliloquio ante la persona ausente que se le eche, porque todo es perfectamente previsible, como la vida misma. Lo mejor las dos actrices, la adolescente Shailene Woodley, y Judy Greer la esposa engañada por el cantamañanas. 

sábado, 21 de enero de 2012

Miles gloriosus

El Gobierno parece divertirse, aunque no se sepa muy bien por qué. Hasta ahora, SSdeS ha actuado de   cerrojo retórico, y ofrece a las fieras unas consideraciones muy apropiadas como afirmar, por ejemplo,  "no hay que ocultar que se intenta fichar a los mejores". Tal vez por eso el nombramiento de ministros se llevó con tanta discreción. En fin, parece poco serio que unos señores tan mayores se dediquen a decir cosas a los periódicos que están levemente en contra de un cierto buen sentido, dejando al margen que ciertas formas de fanfarronería pueden hacer creer al respetable que el gobierno no sabe qué hacer, quiero decir, más allá de lo evidente. 
No a más leyes

viernes, 20 de enero de 2012

El fiasco del Cervantes

Alguien, y estoy casi seguro de quién no ha sido, ha demostrado ser un auténtico bocazas en el asunto del nombramiento de Mario Vargas Llosa para el Cervantes. Es otro ejemplo más de que no es lo mismo predicar que dar trigo, y parece mentira que un gobierno supuestamente experto haya regalado a sus enemigos, no muchos, y a sus escépticos, tal vez más, un argumento tan obvio. Esperamos que no se repita, pero no será fácil evitarlo.
Libros de texto digitales

jueves, 19 de enero de 2012

Debilidad frente al delito


La sentencia por el caso de Marta del Castillo ha vuelto a producir escándalo, hasta el punto que el Gobierno ha anunciado que habrá que modificar la ley para impedir que se vuelva a dar este tipo de casos, una suerte de impunidad amparada por la ley que va mucho más allá de lo razonable en aras de un garantismo que se acaba por convertir en indeseable aliado procesal de determinados delincuentes. Acierta el Gobierno, y se equivocará si demorare excesivamente una reforma a todas luces necesaria.
Sea por un exceso de protección a la minoría de edad, sea por un rigorismo formal que está fuera de lugar, y acaba en caricatura, el caso es que abundan los casos en que los jueces se ven en la necesidad de dictar sentencias que incluso ellos pueden considerar objetivamente inadecuadas.  Hemos de revisar, pues, lo que ya es una peculiar tradición de legislación que parece más hecha para que sus autores se hayan podido sentir henchidos de satisfacción por la grandeza de miras de sus ideales, que para hacer justicia y dar consuelo a las víctimas de unos delitos, que, tal vez, menudean más de lo razonable al rebufo de un garantismo blandengue e injustificable. Cierto es que no se puede legislar al calor de la indignación popular, pero es evidente que han sido muy numerosos los casos en que inspirarse para reformar el sistema procesal, penal y penitenciario. No puede ser que la habilidad de unos abogados, que saben manejar muy bien los recursos de una ley ingenua, injusta con las víctimas, e increíblemente favorable a la impunidad de los criminales,  acabe por convertir en verosímil lo que es completamente increíble, por ejemplo, que el asesinato de Marta se haya podido realizar en solitario, o que se interprete que no quepa condenar una conducta que supone objetivamente vejar, envilecer y humillar a los familiares directos de la víctima, aduciendo que la intención del criminal no ha sido esa, sino la de evitar ser descubierto… y condenado.
No se trata solo de los delitos cometidos por menores o contra menores, aunque hayan sido estos los casos que han alcanzado una mayor repercusión, por la impunidad que han consagrado, tanto si se ha debido a deficiencias de la investigación de la policía, como a las triquiñuelas legales que permite el sistema procesal. Muchos españoles se preguntan a día de hoy, por ejemplo, si es lógico mantener una policía incapaz de encontrar un cadáver ocultado entre cuatro mozalbetes, o si los jueces no pueden hacer más de lo que han hecho. 
Habría que reducir la edad penal, visto que no supone mayor inconveniente para cometer crímenes horribles. Es necesario que la cárcel consista en algo más que unos pocos años de asueto pagado por todos, y hace falta que, al alcanzar la mayoría de edad, los menores cumplan en una cárcel común. Tampoco parece muy razonable que se borren los antecedentes penales de estos sujetos, y es obvio que hay que adoptar medidas de control cuando se encuentren en libertad vigilada.
Nuestra legislación produce en ocasiones una lamentable impresión de detestar el castigo, de estar dirigida únicamente a proteger la suposición de inocencia de personajes que se ciscan en nuestros excesos de buena conciencia. También da la sensación de que nos olvidamos de la víctimas y de sus familias, que se quedan en un auténtico desamparo y sin ninguna ayuda psicológica frente a la brutalidad criminal de que han sido objeto. No son pocas las cosas que hay que revisar y hay que ponerse a ello de inmediato. 

martes, 17 de enero de 2012

Garzón frente a la ley


Seguramente nunca imaginó el Garzón borracho de poder en los días de su gloria que nadie fuere a atreverse a procesarle, porque, con el Gobierno a sus píes, y la vara de la justicia en su mano, se sentiría  omnipotente, inaccesible a cualquier censura. Ésta es, sin embargo, la grandeza de la democracia y de la ley, que nadie, como recordó recientemente el Rey ante otro caso doloroso, está ni por encima ni al margen de ella, absolutamente nadie, ni siquiera Garzón, como empezará a comprobar muy pronto.
La diferencia entre la democracia y el totalitarismo reside fundamentalmente en esa constatación, en que la ley se aplique de manera universal, sin excepciones, también a los jueces. Garzón ha actuado en muchas ocasiones con la convicción de que, dada la supuesta bondad de sus fines, la condena del franquismo, la lucha contra la corrupción, aunque solo fuese la de la derecha, por supuesto, o establecer su muy peculiar idea de la justicia con lo que le conviniera, no tenía que respetar ni leyes, ni procedimientos. Sus instrucciones han sido anuladas en muchas ocasiones precisamente por el descuido de los detalles, por esa obsesión por ir al bulto e, invariablemente, por su afición a provocar la noticia. Para conseguir lo que pretendía, Garzón no ha reconocido frenos ni límites, y su desgracia va a consistir, precisamente, en que la ley sí los reconoce, es más, se asienta precisamente en su respeto, en las normas, los procedimientos y las cautelas que, de manera muy especial, deben respetar los jueces precisamente porque tienen en sus manos la vida, las propiedades y el honor de los ciudadanos que se han de someter a sus juicios. 
Con la débil disculpa de una Justicia absoluta, mostrando la más completa confusión de la Justicia, que es ciega e imparcial, con un izquierdismo ridículo y risible, quienes ahora defienden, contra toda evidencia, a Garzón, tratan de obtener argumentos para ocultar sus fechorías y los disparates jurídicos cometidos en la supuesta excelencia inmaculada de los fines que todos ellos persiguen, de unas quimeras que supuestamente autorizarían cualquier arbitrariedad, como violar los derechos de un detenido, cobrar suculentas cifras de quienes iban a comparecer ante su tribunal, o procesar a los muertos.
Comisiones Obreras ha cometido el desliz de prestar sus salones para que una tribu de exaltados haya confundido la solidaridad con Garzón con un ataque en tromba hacia el Tribunal Supremo dando lugar a un acto en el que se han escuchado las barbaridades más arbitrarias, injustas e inciviles que se puedan decir contra la independencia de la Justicia. Garzón va a tener, sin embargo, la suerte de ser juzgado con el máximo de cautelas, con una dosis masiva de prudencia y rigor en las disposiciones para asegurar la independencia de la Justicia. Garzón va a gozar de todas las garantías que él ha regateado a quienes caían en sus manos. Se enfrenta no a uno, sino a tres procesos, y es difícil esperar que aumenten el esplendor de su gloria. Hay que estar muy fuera de los cabales para ver en el Supremo un “instrumento del fascismo”, un “aliado de la extrema derecha” o un enemigo de la “legalidad nacional e internacional”, como sostuvo Jiménez Villarejo frente a los aplausos delirantes de los incondicionales del juez que ahora se enfrenta a esa Ley que ha de ser siempre igual para todos, incluso para él y sus secuaces. Hay que esperar que la ley brille, pero, lamentablemente, también se puede dar por sentado el espectáculo.


Palabra de Woz

lunes, 16 de enero de 2012

Catalanes y gitanos

El Presidente Más es un genio profundo e incomprendido, sin duda. Acaba de comparar a los catalanes con los gitanos, ambos despreciados por los españoles, ¡qué paciencia la de los catalanes con sus políticos! Hace falta estar un poco tocat del bolet como se dice en la lengua perseguida, según Mas, para meterse en semejantes jardines. A decir verdad, nunca se me hubiera ocurrido una comparación semejante, se ve que la meseta atonta. No me extraña que los huelguistas le amenacen con hablar en castellá, que es lo que parece dolerle más. Es muy triste que la democracia produzca personajes de tan poca enjundia, tan catetos y dispuestos a lo que sea por ser cada vez más suyos. 
WhatsApp para todos

domingo, 15 de enero de 2012

La chispa de la vida

Fui a ver la película de Alex de la Iglesia por recomendación de dos amigos y con el escepticismo que me es propio en esta clase de cosas. Tal vez por la actitud reservona, la película me ha gustado, me lo ha hecho pasar mal, a veces he reído y, desde luego, mueve a pensar, mucho más de lo que se nos suele ofrecer en las pantallas españolas. Además nadie sale ni en pelotas ni cagando, lo que es una auténtica novedad, a mi modesto entender. 
No es que sea perfecta, pero Alex de la Iglesia, que desde luego conoce el paño, ha moderado razonablemente su tendencia al circo, y ha contado una historia original, actual, contenida e interesante. Hay algunos excesos, desde luego, porque, por poner un ejemplo, es evidente que nuestros alcaldes no son lo mejor del país, pero, en general, tampoco son tan gilipollas como el de la película: también en la caricatura hay que ser modosos, pero predominan los aciertos y, lo que no deja de ser casi increíble, una mezcla grata de buenos sentimientos y valores muy recomendables.
Una SOPA indigesta

sábado, 14 de enero de 2012

El Gobierno y la Justicia

Además de la economía, este gobierno debería empeñarse en otras muchas cosas, que es lo que debe hacer cualquier gobierno que no se limite a estar. La Justicia, sin ir más lejos. Ayer Soraya S de S declaró que iban a hacer algo para que casos como el de Marta del Castillo no sean tan normales. A mi me produce auténtico estupor que se pueda razonar en una sentencia del siguiente modo, “el hecho de que D. Miguel (el asesino) no haya dicho dónde se encuentra el cadáver no supone que haya tenido la intención de vejar, envilecer y humillar a los familiares directos de la menor, ya que lo que pretendía con esta vil acción era intentar evitar ser descubierto”, supone un auténtico despropósito, aunque no soy jurista y hablo desde fuera, pero creo que con buen sentido. ¿Encontrará Gallardón al constructor de la Justicia que arregle su estado calamitoso, aunque no sea levantando autopistas o vías de alta velocidad? Los Gobiernos suelen encomendar a gentes que se forran el gastarse el dinero que nos sacan, sin cortarse un pelo, y es de suponer que algo ganan en el trámite. 
Lo dice Ballmer

viernes, 13 de enero de 2012

La paciencia del Gobierno

El Gobierno muestra paciencia con la esterilidad de las negociaciones entre la patronal y los sindicatos, aunque tal vez no sea exactamente paciencia. ¿Qué podría ser? Cuando un gobierno da muestras de que espera a que otros le indiquen el camino está comprando billetes en una lotería que no le conviene, y, más pronto que tarde, puede hacerse evidente que no sabe a dónde ir, pero si no se sabe cuál es el destino siempre se llega a otra parte, que es lo que está pasando, de momento.
Lo dice Google

miércoles, 11 de enero de 2012

El viejo corporativismo

Es bastante asombroso que aceptemos como si tal cosa que la legislación laboral deba ser pactada entre empresarios y sindicatos. Si se aplicase el principio al resto de las actividades se vería lo absurdo que resulta. Por fortuna, la cerrazón corporativa va a obligar al gobierno a enviar al parlamento una legislación laboral que hay que esperar no sea timorata y pueda servir para cambiar algo el panorama de la contratación y del empleo. Esto que se considera excepcional es lo que debería ser normal, lo contrario es un resto absurdo de corporativismo o, si se prefiere, de franquismo.
Abaratar el uso del móvil

martes, 10 de enero de 2012

Lo que la verdad esconde, a propósito de Urdangarín


El proceso en el que se ha visto implicado Iñaki Urdangarin está mostrando aspectos muy poco recomendables en la conducta del yerno del Rey, y esa circunstancia familiar tan especial, que ha provocado una serie de alarmas, puede servir para ocultar  un buen rimero de circunstancias que no son menos descorazonadoras que la presunta ambición y la falta de escrúpulos del antiguo deportista. Para empezar, no es del todo desdeñable que el caso haya saltado a la opinión como pantalla de otros asuntos, aunque esto sería lo de menos, porque no  por eso la peripecia del marido de la infanta Cristina resultaría menos escandalosa. Hay que fijarse muy bien en el contexto político que lo envuelve para valorar adecuadamente la importancia de este episodio tan poco edificante, y, sobre todo, para extraer conclusiones y enseñanzas que puedan permitirnos mejorar nuestra ética pública, que sean capaces de generar una nueva atmósfera de confianza en torno, no solo a la Casa Real, sino a los políticos y empresarios que se han visto envueltos en las andanzas que retrata el sumario.
Parece evidente que la responsabilidad de cuanto ha ocurrido recaerá, principal, pero no únicamente, en la persona de Iñaki Urdangarín, como es de esperar que establezca la Justicia. Si este personaje ha podido cometer las fechorías que se le atribuyen, sin embargo, no se debe a ninguna rara habilidad suya, sino al clima de ficción y a la prodigalidad en el manejo de los fondos públicos que explican que España se encuentre en la desastrosa situación económica en la que nos hallamos. Con Urdangarín han colaborado de manera entusiástica una serie de políticos que estaban jugando a hacer magia con la imagen, mientras no hacían otra cosa que acrecentar el agujero de las cuentas públicas, creyendo que gastaban pólvora del rey, una metáfora especialmente aplicable al caso, cuando lo que estaban haciendo era fabricar las condiciones que acabarían por obligar a subir los impuestos a un gobierno ideológicamente opuesto a ello. Sin un gasto irresponsable, y sin un cultivo paleto y demagógico de las operaciones de imagen, de los fastos y los eventos, nada de lo que ha hecho Urdangarín hubiera sido posible. Su proceso es, por tanto, también el proceso a una forma irresponsable y cateta de ejercer los poderes públicos, el gasto desmedido, la demagogia populista disfrazada de mecenazgo, la boba creencia de que una imagen bien trabajada pueda acabar modificando la realidad que en verdad cuenta. Se acabó la fiesta y ahora hay que pagar. ¿Sabremos sacar las enseñanzas que razonablemente nos ofrece este episodio en el que la vieja picardía se ha puesto al servido de la hodierna adoración de lo banal? Por supuesto que habrá habido casos de personas valientes y decentes que han parado los píes al atrevido, pero no se puede exigir a todo el mundo el grado de virtud y de heroicidad como para decir que no a la sugerencia de quien parecía hablar en nombre de lo más alto.
En resumidas cuentas, hay dos cosas que se deberían evitar en relación con este escándalo, la primera convertir a Urdangarín en un chivo expiatorio de delitos de los que no es, ni muchísimo menos, el único culpable, o, lo que aún sería peor, encontrar en algún subalterno el monigote sobre el que descargar las iras que ha provocado el yerno real. La segunda cosa que habría que evitar, y ahí la responsabilidad del nuevo gobierno es bastante grande, es dejar pasar el caso sin tomar las medidas para que no pueda volver a ocurrir nada similar,  para que se clarifiquen de la manera más nítida los límites y los controles en el gasto de las administraciones públicas en esta clase de operaciones de imagen, pero también para que quede claro cuál es el papel de los miembros de la familia del Rey y del propio Rey en esta suerte de actividades de patrocinio, promoción, mecenazgo y apoyo a los negocios españoles, a las que supuestamente se dedicaba Urdangarín, que, ejercidas con el debido control, y con plena transparencia, pueden resultar beneficiosas para España y para todos los españoles. Hay que clarificar, por tanto, las reglas a las que deben sujetarse las actividades del Rey y de los suyos, evitando esa zona de sombra en la que han sido posibles los disparates de Urdangarín, insuficientemente advertido de lo que le era lícito y lo que no, y acogido con entusiasmo vergonzoso por políticos que no han dudado en aumentar la deuda y el desprestigio del país a costa de unas fantasmagóricas operaciones de relaciones públicas. Es muy satisfactorio que el Rey haya recordado que la Justicia se ha de aplicar a todo el mundo, pero para poder sacar algún beneficio de este esperpento, y evitar que pueda repetirse en el futuro, hace falta que se establezcan con claridad cuáles son las normas que se le deben aplicar a él y a los de su Casa. 
El dominio de los demonios

lunes, 9 de enero de 2012

La Thatcher está senil

He visto la película dedicada a Margaret Thatcher. Es una película que hay que ver, pero como cine, me parece un producto fallido, excepción hecha de la caracterización de ese genio de la transfiguración que es Meryl Streep. La película naufraga al equivocar el interés del espectador. La directora ha querido centrarse en la mujer, pero lo interesante es la peripecia de la primera ministra, de manera que su narrativa se pierde en incontables flash-backs que impiden al espectador centrarse en una historia que le atrape. Luego está el hecho de que se presenta  a una mujer en plena demencia senil, lo que, además de poco piadoso y escasamente grato, puede tener un sesgo político un poco infantil.
Lo mejor es el comienzo, la política joven y con ganas, luego todo se pierde en una especie de publireportaje sin muchas razones. Desde el punto de vista político, lo interesante habría sido ver la extrañeza que supone una acción política basada en principios, pero eso no se ve de ningún modo, porque todo parece que se debe al carácter un poco atrabiliario de la señora. Yo creo que las cosas no fueron así, pero no estoy en condiciones de demostrarlo, aunque me parece fuera de duda que el interés del personaje está, precisamente, en esa insólita posición de quien cree que gobernar es seguir unas razones y unos principios, más allá de conveniencias y de lo interesante que resulta ganar las siguientes elecciones. En cualquier caso, Thatcher fue un personaje tan excepcional que, a veces, la película emociona. 

El futuro de la TV

domingo, 8 de enero de 2012

A qué se llama autocrítica

Todo el mundo sabe que las palabras mudan de significado en función de muchas circunstancias, y, en concreto, de la posición del hablante. Un caso claro es el de Carmen Chacón, que pretende ser la jefa del PSOE y ha dicho ayer que iba a hacer autocrítica, aunque yo lo único que entendí de su discurso es que Rajoy es un tipo perverso, ausente y aprovechado. Se ve que esta señora no quiere que la autocrítica le haga perder electores, y por eso se la aplica al de Pontevedra.
Lo que ocurre con el PSOE es un espectáculo triste, porque da toda la sensación de que ninguno de sus líderes quiere darse por enterado de lo que les ha pasado. Dudo de que exista alguno que lo entienda, pero lo que parece evidente es que no están dispuestos a que sus electores, los pocos que les quedan, puedan llegar a pensar que los socialistas tienen algo que corregir, ellos que son la democracia, la igualdad, la justicia y el progreso. Y, además, buena gente, víctimas de crisis provocadas por individuos perversos. ¿Se puede pedir más?
¿Solo dos tabletas?

sábado, 7 de enero de 2012

Rumores de fuego amigo




En diversos sectores cercanos al PP predomina un estado de ánimo que, lejos del regocijo por la victoria, refleja un desencanto muy mañanero de quienes no van a conformarse con el trabajo de un gobierno que da pinceladas, algunas no muy comprensibles, sin que se sepa qué va a pintar: tal dicen amigos y partidarios. A este clima sordo de desafecto se ha añadido la perplejidad por algunos nombramientos, cosa que, aunque siempre pueda explicarse por cierto resentimiento entre los no agraciados, es llamativa. Que un partido con cientos de miles de afiliados no sepa encontrar, por ejemplo, persona más adecuada para llevar la política científica  que una sacerdotisa del aquelarre contra los del PP en el lejano año 2008, no deja de ser notable. Tampoco ha ayudado nada la evidencia de que el voto al PP va a salir muy caro al bolsillo de muchos de sus más entusiastas, buenos profesionales que siguen confiando en que el país consiga tener un gobierno que no les avergüence, y no acaban de ver claro que los miles de euros que les va a levantar la inmediata subida del IRPF sean exactamente lo que ellos hubieran hecho. Ya se sabe que en esto de la política, cada elector lleva en su mochila el bastón de mariscal.

Es, en cualquier caso, demasiado pronto para que las críticas puedan crear un estado preocupante de opinión, pero puesto que lo normal es que los gobiernos, aún los mejores, acaben mal, es llamativo que algunos piensen de Rajoy está comenzando por el final, haciéndolo mal desde el principio. Tampoco ha habido entusiasmo con la política de comunicación, que empezó con una aparición casi surrealista de Rajoy para dar a conocer la lista de ministros, como si se tratase de la lectura de los premios de un sorteo, y continuó con una torrencial rueda de prensa de la vicepresidenta en la que abundaron esos buenos sentimientos con los que no sólo se hace mala literatura sino, muy frecuentemente, peor política. 

Cuando uno se emplea en defender a este Gobierno con argumentos obvios, como la escasez del tiempo transcurrido o la dificultad de la tarea, los críticos más exaltados recuerdan la conveniencia de advertir cuanto antes a los amigos de los errores, para evitar que la deriva puede llegar a ser realmente peligrosa.

Hay otro factor que ha facilitado enormemente que esta erupción crítica se haya desbordado de manera tan rápida, la certeza de que el enemigo político está tan postrado que se pueden permitir ciertas alegrías en una casa tan propensa al aplauso como la del PP. De todos modos, las críticas han menudeado más entre votantes que entre militantes, poco acostumbrados a que el disenso obtenga recompensa, especialmente si resulta motivado.

Es un hecho evidente que el país está deprimido y eso es algo más que la mera constatación de que tiene motivos para estarlo, cosa que nadie en su buen juicio discutiría. Estas navidades se han parecido, en muchos aspectos, más al puente de todos los santos que al festín de alegría, excesos y gasto al que hemos estado acostumbrados. Esto puede estar bien para un asceta, pero es muy inquietante en el plano político. Lo más preocupante que se puede pensar de este nuevo gobierno no es que no acierte en las medidas, es lo que, al fin y al cabo, suele pasar siempre, sino que se equivoque en el diagnóstico del problema al que se enfrenta, o, lo que es lo mismo, que se confunda sobre las razones por las que ha llegado al poder que ahora mismo tienen, y las obligaciones que ello comporta, unos deberes que no pueden reducirse, de ningún modo, a una especie de rutina funcionarial o tecnocrática. El país está muy descuajaringado y necesita un proyecto político de altura, un proyecto que sí aleteaba en el programa electoral del PP, y puede parecer que algunos no han leído ese análisis con la debida aplicación.   

Todos los gobiernos comienzan con titubeos, cosa que a nadie puede extrañar. Me parece que en este caso lo que se echa más en falta es una carencia de picardía que ha resultado llamativa, por ejemplo, en la prisa con la que han procedido a condecorar a los salientes, algo que muy bien podía haber esperado unas semanas, porque no creo que nadie suponga que es asunto más urgente que, por ejemplo, la reforma laboral. Zapatero ha encanecido, aunque no a base de aciertos, y a Rajoy le espera un calvario que, visto lo visto, parece que va a ser especialmente cruel e intenso, al menos en esta primera fase.

Los expertos sugieren que parte de las supuestas salidas en falso se pueden explicar por la cautela ante las próximas elecciones andaluzas, un argumento maquiavélico que, de todos modos, va a gozar de una  vida muy corta. Anda por medio un congreso del PP que puede convertirse en otro fiasco si se pretende que sea mera escenografía electoral, porque debería servir para algo más. Rajoy y el PP van a verse sometidos a una prueba extraordinariamente difícil, en la que todos nos jugamos muchísimo, y los nervios están a flor de piel.

miércoles, 4 de enero de 2012

La asignatura pendiente

La democracia española tiene una asignatura pendiente que es el fortalecimiento de la nación, que es principio de libertad política, es decir lo contrario del nacionalismo, una realidad tontamente atacada, preterida y olvidada por unos y otros con los más necios, hipócritas y falaces motivos. El gobierno se la juega en este punto, y sus electores no le perdonarán ninguna vacilación, menos aún un paso en falso; pero, aparte de la retórica al uso, la nación es tanto Cataluña como Andalucía, y no se puede reprochar a los primeros que se quejen de las arbitrariedades y privilegios  que se cultivan entre los segundos. Una ola de igualdad jurídica y política en lo esencial debe dejar las diferencias en su sitio, sin un solo cuento. 
La incompetencia de los competentes en materia de competencia

martes, 3 de enero de 2012

Retos

Persiste un descontento muy mañanero con el gobierno que parece dar pinceladas sin que se sepa qué va a pintar: eso dicen muchos amigos y partidarios. Luego está la historia de algunos nombramientos, como el de Carmen Vela, que ofició de sacerdotisa en un aquelarre contra los del PP en el lejano año de 2008, aunque personalmente pienso que exageran los críticos y que es una buena conocedora del terreno que ha de administrar, aunque con un bajón de 600 millones que es como para echarse a temblar. Va a ser esencial la política de comunicación, pero no hay arte que la salve si no hay mensaje claro y portavoz con aurtoridad, alguien que no puede limitarse a leer una lista de ministros como quien lee la de la lotería. 
Un aparato, dos aparatos, tres aparatos

lunes, 2 de enero de 2012

Abundan las críticas

Entre muchos de mis amigos ha cundido el cabreo y la decepción por la subida de impuestos. A mi tampoco me gusta, pero no acabo de entender a  críticos tan tempranos. La situación parece no solo grave sino urgente, y había que empezar por lo más obvio, además de dar una señal de que se va en serio. Creo que eso es lo que se ha hecho, y no me parece mal, Veremos lo que viene luego.

domingo, 1 de enero de 2012

El gobierno no vacila

Rajoy ha tomado medidas rápidas y valientes, aunque siempre discutibles. Lo de los impuestos puede acogerse a la cláusula de "no hay más remedio", pero caben dudas de que resulte una medida eficaz para reactivar la economía, además de que debería acompañarse de mayores esfuerzos en el gasto. Seguramente debieran haberse suprimido las subvenciones, en concreto, a partidos, sindicatos y patronal, que suponen un gasto muy discutible y plenamente insolidario: ni siquiera los afectados se atreverían a protestar, tal como está el patio. Las medidas van acompañadas de un calendario, lo que indica que no gustan al gobierno, pero le gustarán menos si no funcionan. Es cómico que los socialistas critiquen que otros hagan lo que ellos no se atrevieron a hacer; lo peor es que se suponga que estas cosas son para que las hagan los socialistas, no, precisamente, el gobierno del PP, pero ya se sabe que es un gobierno magmático, aunque, de momento, no parece indeciso.