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sábado, 31 de marzo de 2012

Signos de ipotencia

El gobierno debe tener cuidado para evitar que sus gestos y decisiones no anulen sus propósitos, me refiero a los proclamados. Lo de la amnistía suena realmente mal, y la falta de valentía para concretar unas reformas, aunque sean en modo de promesa y de estudio, que atajen de verdad el mal del exceso de peso del Estado, y de sus excrecencias de todo nivel, amenaza con que, si no se produce un milagro económico, el gobierno pueda encontrarse en una situación muy comprometida a menos de un año de las elecciones, y por no hacer nada, más que por hacerlo mal. 
Leyendo en el parque

viernes, 30 de marzo de 2012

La valoración de la huelga

Creo que la fuerza de los sindicatos es enteramente residual y que se nutre no de que convenzan a nadie sino de ese residuo absurdo de idolatría de la violencia y la insumisión, de la rebelión (re-bellum) etimológicamente entendida como el volver a la guerra de todos contra todos. Estoy, por tanto, en contra de la interpretación de que los piquetes violentos y los anti-sistema son ajenos a la huelga: en realidad son los que mejor interpretan lo que hay detrás, algo que es jugar con fuego y que podría llegar al incendio grave. No es razonable que se use ninguna especie de violencia para combatir una norma que tiene el apoyo del Parlamento, y menos para amenazar chulescamente con no parar hasta que se haga lo que estos señoritos quieren. Así es, por más que miremos a otra parte. 
La tableta de Google

jueves, 29 de marzo de 2012

Este blog no hace huelga

Son muchas las razones, pero la principal es que la forma en que los sindicatos conciben la huelga me parece un acto plenamente antidemocrático que fía su éxito a la violencia posible, que a Dios gracias no pude ser mucha, y a la coacción, nunca a la persuasión ni al argumento. es posible, no me atrevo a negarlo, que en otros momentos eso fuese justificable, ahora me parece un privilegio absurdo y retardatario, de modo que no haría huelga ni aunque me pareciese justificada, lo que, desde luego, no es el caso. Aprovecho para recordar a que habría que acabar de una buena vez con los privilegios corporativos de los sindicatos que son directamente contrarios a los intereses reales de los trabajadores, de los que viven directamente del salario que ganan en un mundo que no deja de ser difícil y lleno de trampas para ellos, pero los sindicalistas al uso no se ocupan de esas pequeñeces. 
Libros digitales

miércoles, 28 de marzo de 2012

Las almas bellas

Siempre me ha llamado la atención que el número tan alto de almas bellas no sea capaz de ahogar, aunque se pueda emplear una expresión más suave, la abundancia de desastres. No digo que los aumenten, ni que sea mala en sí misma esa abundancia, pero me cansa oír los reproches de los bien pensantes, sobre todo  porque suelen no enterarse de nada. 
Edición en papel

martes, 27 de marzo de 2012

Gala tronado

Siento que esté enfermo, pero me parece que el  comentario de Antonio Gala en su "Tronera" de hoy en El Mundo es de las cosas más necias, populistas y obscenas que he leído en mi vida. Se regocija del resultado andaluz, está en su derecho, y acaba celebrando una soleá que dice algo así como "no soy ladrón, pero me tira robarle al gobierno". Que un personaje tan elemental y oportunista pueda ser un faro de nuestra cultura explica  bastante bien lo que nos pasa, y las razones de fondo de la debilidad de la derecha: robarle al Gobierno, ¡con dos narices!
Cables, ¡qué lata!

lunes, 26 de marzo de 2012

Lo peor de la derrota

Se dice que las derrotas no tienen padres, pero tienen muchas consecuencias, sobre todo si no se analizan bien. La decepción del PP de ayer no puede ser disimulada con análisis estadísticos para proclamar una victoria histórica, y, además, los políticos hacen muy mal en creer que los demás seamos tontos. El caso es que Rajoy ha tropezado con la primera piedra, y puede tropezar  en muchas más si no analiza bien lo que ha pasado. Arenas no es el único culpable, no mucho más que otros: la culpa es de una política sin garra y con mucho disimulo. Habrá que examinar mejor los datos, pero me parece evidente que los casi medio millón de andaluces que votaron al PP en noviembre y ahora no lo han hecho tienen razones para haber actuado así, tantas como para no echar la culpa al empedrado. El juego de dar la espalda a los incondicionales para halagar a los extraños pasa factura, afortunadamente para la democracia.

domingo, 25 de marzo de 2012

Machado, el terrorismo y la técnica

En Francia un terrorista de Al Quaeda hace unas matanzas, y se organizan manifestaciones contra el racismo. No es que manifestarse sea, en si mismo, un prodigio de lógica, pero habría que cuidar un poco las apariencias. Leo un libro sobre la técnica y es, como de costumbre, un libro contra la técnica. Este tipo de cosas me recuerdan lo que decía Juan de Mairena a propósito de un discurso contra los banquetes, que era, en realidad, contra la humanidad a propósito de los banquetes. Hay que reconocer que los prejuicios son casi invencibles y que Descartes anduvo muy fino cuando veía la raíz del error en la voluntad, eso creo. 
Más de redes

sábado, 24 de marzo de 2012

Otra vuelta de tuerca

Sobre liberales y absolutistas. En mi columna de El Confidencial escribí sobre este asunto y noté, con cierto regocijo, que algunos lectores, seguramente progres, pero es posible que también de otro tipo, se sentían molestos con mi analogía entre la derecha radical de antaño y la izquierda contemporánea. Como toda analogía es parcial, pero hay dos ángulos en que creo que es atinada: el desprecio de ambos extremos hacia la libertad, en general, y, en especial, a la libertad de pensamiento, y el miedo al futuro, el fondo conservador, del antiguo régimen, por llamarlo de algún modo, antes, del estado de bienestar, ahora. Mi recomendación más simple para entenderlo es leer a Pérez Galdós. 
cansados de las redes

viernes, 23 de marzo de 2012

Liberales y absolutistas, doscientos años después


Por una de esas casualidades de la historia, se han cumplido los doscientos años de la Constitución gaditana al tiempo  que culmina una de las más extraordinarias concentraciones de poder político en la España contemporánea, sobre todo si el domingo que viene se confirman los pronósticos. De este modo, Mariano Rajoy, uno de los políticos con perfil menos agresivo de la democracia, tendría en su manos una enorme cantidad y variedad de poder político, una supremacía perfectamente comparable a la de Felipe González en 1982.   Ni que decir tiene que este extraordinario capital político estará inexorablemente sometido a la lógica de la erosión, no puede sino ir a menos, de forma que la pregunta relevante habría de ser a cambio de qué.
Una tentación comprensible podría llevar a los usufructuarios de esa extensísima legitimidad a administrarla de manera parsimoniosa, a relajarse y gozar de un momento extraordinario que, además, bien pudieran imaginar duradero. Adoptar una actitud  de este tipo constituiría, con toda probabilidad, un error histórico, tanto a corto como a medio plazo. En primer lugar, porque el predominio político no asegura el bienestar general, ni tampoco la calma ciudadana. De persistir el tipo de crisis que padecemos, bien pudiera suceder que las cañas se tornen lanzas, y que un amplio y profundo descontento popular de gravedad inusitada venga a alterar las ensoñaciones placenteras de los partidarios del relajo. Pero, aunque eso no llegase a suceder, cabe suponer que todo lo que le espera al PP, si no hace nada por evitarlo, es que se repita el ciclo del 96, y que en apenas dos legislaturas se desvanezca el espejismo: si se dan las mismas causas y circunstancias, cabe suponer que se producirán los mismos efectos, incluso en España.
La alternativa a este conformismo se encuentra, evidentemente, en aprovechar la supremacía política para apostar a fondo por las reformas, tratando de reorientar la cultura política de los españoles. No cabe duda de que esto provocará duelos y quebrantos, pero, a la larga, facilitará un panorama más risueño.
La historia de estos años de democracia muestra un desequilibrio radical en la manera de ejercer el poder entre la derecha y la izquierda. La derecha apenas se atreve a ejecutar su programa, más allá de la apuesta por la buena gestión económica, y la izquierda no tarda ni dos segundos en poner en marcha la versión más radical del suyo, cosa que no cuadra solo a Zapatero sino también a los gobiernos de Felipe González. A consecuencia de esas dos maneras distintas de entender el gobierno, la derecha acepta el marco legal de sus adversarios, mientras que la izquierda no ha vacilado en cambiarlo.
Algo parecido ocurrió con la Constitución de 1812, los liberales querían cambiar, y no dudaron en ofrecer, como forma de aplacar el adversario, la conservación de cosas que se suponía muy queridas para estos, pero de nada les sirvieron esas precauciones para evitar un largo y profundo absolutismo que barrió rápidamente las modestas reformas liberales. Ahora los papeles están ligeramente cambiados, pero la regla sigue en píe: el absolutismo de izquierdas no vacila en demoler las reformas liberales, como la independencia de la Justicia, por ejemplo, mientras que la derecha tiende a conformarse con ocupar el gobierno sin alterar el orden, y, en consecuencia, los liberales son pasajeros y los socialistas tardan poco en volver al poder del que solo son ocasionalmente desalojados por su incompetencia o su mano larga.
En suma, o Rajoy acierta a poner en marcha reformas profundas y atrevidas, o pronto volverán las aguas a su cauce… y los socialistas a escribir en el BOE con la alegría que les es característica. El hecho de que el poder de Rajoy parezca inmenso puede resultar enormemente equívoco si no se actúa a fondo en Justicia, en Educación, en Política territorial, en Hacienda y en las Administraciones  públicas.
El tiempo, decía Quevedo, ni vuelve ni tropieza, y desaprovechar esta oportunidad se pagará muy caro. Nuestra circunstancia  presenta caracteres extraordinarios para facilitar la adopción de cambios profundos: los españoles se sienten expoliados, detestan la corrupción pública, y comprueban que las administraciones suelen ser tan voluminosas como inútiles; van experimentando cómo muchos de los avances sociales se están quedando en agua de borrajas: que tener un título universitario no sirve de mucho para evitar el paro o el subempleo, o que acudir a la justicia es siempre una desgracia, además de un completo azar.  Demandan unos servicios menos onerosos y más eficientes, una administración menos ensimismada y más transparente, un poder que no se multiplique ni les maree con exigencias barrocas e incomprensibles, una autoridad pública que no les persiga como si fuesen delincuentes mientras los malhechores  campan a sus anchas por las calles. Nada de esto se puede conseguir dejando que pase el tiempo, siempre más fugaz de lo que parecía.

jueves, 22 de marzo de 2012

Es distinto, o no

El supuesto caso del marido de Soraya, su contratación como asesor  de Telefónica, ha sorprendido al personal cuando aún no se han apagado los ecos del cabreo que produjo el intento de colocar al marido de la otra número dos como consejero en Red eléctrica, una empresa privada pero manejada por un ex-político y tutelada de algún modo por el gobierno. Ciertamente se trata de un episodio diferente, por muchas razones, pero no deja de ser sorprendente la escasa sensibilidad al efecto que puede producir la noticia, y la poca astucia, por no decir prudencia, en la presentación del asunto. Claro es que el marido de la Vice iba a dar que hablar en cualquier caso,  hiciere lo que hiciese, pero su paso a mejores comisiones podía haberse hecho de manera menos estruendosa, supongo. Si esto acaba por ser un síntoma de que el PP se siente tan fuerte que no va a andarse con miramientos, aviados estamos. Por si acaso, Camps ya avisa de que se siente más preparado que nunca para optar a lo que haga falta.
Cotorreo electrónico

miércoles, 21 de marzo de 2012

¡Viva la Pepa!



El día de San José, se cumplieron los doscientos años de la proclamación de la primera Constitución  española. En su reunión en las Cortes de Cádiz en 1812, celebradas en un clima de enorme tribulación interna y bajo un implacable asedio militar extranjero, la Nación española supo estar por encima de los complejos y las carencias de sus autoridades para fijar un rumbo político con altura de miras. En Cádiz se afirmó con solemnidad y valentía la unidad de la Nación, su deseo de felicidad colectiva y la importancia de la libertad y la soberanía popular.  Al conmemorar esa fecha no nos referimos meramente a un hecho del pasado, sino al inicio de un proceso, a la voluntad inteligente de fortalecer los vínculos que nos unían y nos unen, lazos que la Constitución de 1978 ha revivido para fortalecer, como es obligación de cualquier español que no sea un traidor o un inconsciente.
Los españoles de 1812 supieron muy bien lo que querían y lo que estaban dispuestos a lograr. Luego, nuestra historia no ha sido siempre fiel a la grandeza generosa de ese impulso, pero lo importante es que, doscientos años después, hemos recuperado lo mejor de aquella aventurada apuesta, y que tras unas largas y afortunadas décadas, la convivencia y la libertad están mejor asentadas que nunca.
La democracia en España está firmemente establecida de modo tal que haría sonreír con orgullo y satisfacción a cualquiera de los padres de la patria gaditanos. Pero, como muy bien sabían los constituyentes, una Nación no es únicamente un legado del pasado, sino que supone un ejercicio continuo de convivencia y de civilidad, de democracia. Son todavía muchas las cosas en que podemos y debemos mejorar, y el bicentenario no debiera ser únicamente motivo de legítima satisfacción por la buena marcha de nuestra historia colectiva, sino un catalizador de las reformas que tenemos pendientes, de las soluciones que nos impiden dar lo mejor de nosotros mismos, superar nuestras limitaciones y tocar con los dedos nuestros sueños españoles. El espíritu reformista de Cádiz es una excelente medicina del espíritu, un recordatorio de que no podemos ni dormirnos en los laureles, ni dejarnos vencer por la adversidad. Nuestro pasado, por tantos motivos glorioso, es un testimonio vivo de las posibilidades de esta Nación cuando apuesta por la libertad, por la convivencia y por la democracia. No habríamos podido lograr esto sin el impulso generoso y audaz de aquellos patriotas valientes, sin su aprecio a la libertad, su reconocimiento de la tradición histórica y su apuesta por un futuro de bienestar y progreso. Que su ejemplo generoso sea guía efectiva de nuestra convivencia.
Hábitos de compra

martes, 20 de marzo de 2012

La cámara quieta o no

Uno de los grandes cambios del cine ha sido el del punto de vista de la cámara, que se pretende sea el del espectador. La aparición de las cámaras ENG que se podían lleva al hombro para captar noticias nos hizo creer que la realidad, lo que sale en los telediarios, era móvil, estaba fuera de un encuadre fijo. Esa regla tan simple de verismo, de simulación de verismo, en realidad, ha sido adoptada ad nauseam por todos los directores con ganas de hacer cine distinto, y se abandonaron los planos clásicos, primeros o panorámicas estables, que le dieron al gran cine de la primera mitad de siglo su calidad y su dramatismo. Está por ver que con la cámara al hombro se pueda hacer algo medianamente parecido en calidad, emoción y efectividad, pero los directores mediocres, que son la mayoría, continúan moviendo la imagen como si el cine fuera eso, ¡qué tontería!
Tecnologías y rutina 

lunes, 19 de marzo de 2012

San José y el ¡Viva la Pepa!

Supongo que a alguien se le habrá ocurrido relacionar alguna vez dos cosas tan distintas como el carácter del santo paciente y discreto y la alegría un poco ingenua del gaditanismo político. Todo tiene que ver, pero yo subrayaría que los españoles debemos tener paciencia con nosotros mismos, de modo similar a la que imagino, que hubo de necesitar un padre que tenía poco que enseñar, cuya autoridad debió sentirse muy condicionada y que, a menudo, debió de tener dudas dolorosas sobre si sería capaz de culminar su extraordinario y poco común papel en este mundo.
Wifi y turismo

domingo, 18 de marzo de 2012

El equívoco valenciano

Las épocas de crisis son especialmente proclives a la tontería y a la hipocresía; como es obvio, ambas maldiciones se multiplican cuando se habla de educación, allí donde, según Ortega, han florecido mayor número de mentiras. El gobierno valenciano, en plan de austeridad, ha decidido que los profesores den clase de repaso en el mes de julio. Todo menos insistir en la cuestión esencial, que la educación es imposible sin que los estudiantes estudien, sin caer en la cuenta de que el mayor número de horas de clase no sirve de nada sin la premisa esencial. Si fuese por el número de horas de clase, nuestras universidades deberían estar a la cabeza del mundo y, como es sabido, hay que buscarlas por la cola. 
El País en Android

sábado, 17 de marzo de 2012

El yerro de Cospedal

Me  alegra la celeridad con la que el PP, haya sido quién haya sido, ha dado marcha atrás a la torpeza de nombrar al esposo de su número dos como consejero de una empresa bajo control del Gobierno. Estoy seguro de que la presión contra la idea ha sido fuerte y decisiva, y me alegro de que los políticos conserven un adarme de buen sentido. Ya es bastante absurdo que la señora secretaria general sea, a la vez, presidenta de una región, un problema que Rajoy debería haberse evitado, pero  que se pudiera empezar a extender la sensación de que, en sus ratos libres, se dedica a promocionar  a sus familiares, ha sido la gota que colma un vaso ya torpemente repleto.
Los partidos son insensibles y propensos al autismo, pero todo tiene su límite.
Samsung en Sol

viernes, 16 de marzo de 2012

Delitos y faltas


Woody Allen dedicó Crimes and misdemeanors, Delitos y faltas en español, una de sus mejores películas, aunque sobre esto siempre haya disputas, a analizar los sentimientos que afligen a alguien que tras cometer fríamente un asesinato, consigue vivir felizmente beneficiándose de la situación creada con el crimen que tanto parecía detestar. Ante un comentario escéptico sobre la posibilidad de que se de un caso similar,  el protagonista de la película dice, más o menos: “las cosas son así, quien quiera justicia que vea una película de Hollywood”. Tal es la frase que me ha venido a la cabeza al leer ayer en este periódico la noticia del indulto que el gobierno ha concedido a un dirigente de CiU y a un colaborador suyo que fueron condenados en 2009 por prevaricación y malversación de caudales públicos.
La gracia puede haber pasado inadvertida en medio de las desgracias sin cuento que nos afligen en esta crisis, en medio de las broncas rutinarias de los partidos, de la protesta impostada de los sindicatos, de cuanto pasa, en suma, pero el hecho de que todo un gobierno de por bueno el indulto a unos individuos condenados por trinque sistemático es de un mal gusto que atufa, y desmoraliza a cualquiera. La política no solo es oficio proclive al enriquecimiento ilícito, sino que se está convirtiendo, con noticias como ésta, en el paraguas perfecto contra los pasos en falso que pueda dar cualquier juez ingenuo que se crea lo de que todos somos iguales. El indulto subraya que la igualdad entre los políticos y los ciudadanos es de tipo orwelliano, es decir, que ellos son más iguales que nosotros.
Pero el indulto no es todo. Más grave todavía es que el resto de las fuerzas políticas, hoy por ti, mañana por mi, no hayan abierto la boca ante semejante atropello a la decencia, ante un ejemplo eminente de que la vida política se parece cada vez más a un pacto mafioso entre personajes que fingen atacarse, y bien que gritan, pero que, a la hora de la verdad, saben proteger sus intereses de la manera mas efectiva. El hecho de que nuestros diputados hayan endurecido las condiciones en que el común de los mortales va a disfrutar, por decir algo, de su pensión, al tiempo que mejoraban las suyas fue otro ejemplo estruendoso del abismo político que separa la retórica de la realidad.
Lo más grave en relación con esta vergonzosa decisión  es que sirve para poner de manifiesto que el gobierno no piensa hacer nada de lo que debería hacer para acabar con las verdaderas razones del gasto publico desmelenado, de la ineficiencia administrativa, de la lentitud e inanidad de la Justicia, y de tantos males que hasta los políticos son capaces de reconocer en un gesto de hipocresía y de cinismo muy habitual.  Resulta evidente que detrás de cada forma ineficiente, oscurantista e irracional de gastar el dinero hay un nutrido grupo de políticos que disfrutan de la situación, y parece impensable que nadie vaya a hacer nada por acabar con esos chiringuitos. ¿Quién va  a acabar con una selva que resulta tan nutritiva y en la que es tan fácil cometer un desliz, sobre todo desde que existe la garantía de que no habrá condena capaz de intimidar a un gobierno dispuesto a ejercer la generosa gracia del indulto con todos los  bien relacionados? Hay quien se pregunta a cambio de qué habrá cometido el gobierno semejante desmán, pero ésta es una pregunta muy desorientada. No hace falta que el gobierno haya obtenido una ayuda de los nacionalistas catalanes, que, por lo demás, no debiera necesitar. En realidad, el indulto concreta una solidaridad más básica, el acuerdo sobre que las cosas de los políticos deben quedar entre ellos para evitar el escándalo de los pusilánimes.  El gobierno anterior se despidió indultando a un notorio banquero que había sido condenado con toda razón, y por un delito nada menor, dando muestra de que, a estos efectos, los banqueros de cierto nivel pueden considerarse también al abrigo de las ocurrencias de los jueces. Imagino que el trámite de este indulto se inició asimismo con el anterior gobierno, buena muestra del carácter masoquista de los llamados partidos nacionales, siempre tan generosos con las minorías nacionalistas.
Algo marcha mal, muy mal, cuando esta noticia nos deja casi indiferentes. Alguno podrá pensar que es un signo de madurez, que ya va siendo hora de que aprendamos a no creer, ni en los Reyes Magos, ni en las películas de final feliz. No estoy nada seguro, sin embargo, de que sea bueno que seamos capaces de digerir como si tal cosa una dosis tan alta de cinismo y de realismo sucio. Este caso no es un hecho aislado, sino una muestra del abismo que separa la política de la vida común. Es verdad que en la vida civil abundan también las chorizadas, las estafas, y las mentiras de todo género, pero si alguien había pensado que de la clase política pudiera venir una cierta redención, un impulso de nobleza, de ejemplaridad, de mera racionalidad, que lo vaya olvidando.


jueves, 15 de marzo de 2012

La ley y los catalanes

El Ayuntamiento de Gerona parece haber decidido que su poder no tiene límites y que no va a pagar a Hacienda. Espero que el Gobierno, tan proclive a indultar catalanes, no mire para otra parte y se haga notar, antes de que las cañas se tornen lanzas. Esto no lo arreglan dos explicaciones confusas de Alicia Sánchez Camacho: con el dinero no se juega, y menos con este tipo de catalanes, que es de lo único que entienden. 
Búsqueda semántica

miércoles, 14 de marzo de 2012

El indulto catalán

El indulto a los políticos catalanes condenados por trinque sistemático es de un mal gusto que atufa, y desmoraliza a cualquiera que crea mínimamente en algo: no es que sea orwelliano, son más iguales que nosotros, es absolutamente asqueroso y muestra como funciona el pacto mafioso que muchos confunden con la lealtad y el patriotismo. ¡Qué vergüenza!
La Britannica sin papel

martes, 13 de marzo de 2012

Un PSOE a la deriva


Las situaciones más complicadas a las que se enfrenta cualquier organización tienen que ver con lo que se suelen llamar cambios de escenario. El PSOE se enfrenta tras la derrota electoral reciente a una situación inédita en su historia, a un espectacular retroceso electoral que puede extremarse en las próximas elecciones andaluzas. En este contexto no resulta extraño que la organización política haya apostado por la elección de un dirigente tan veterano como Rubalcaba, un gesto conservador para tratar de tapar las grietas de la nave a punto de quebrar y comenzar una recuperación política de su capital desde bases sólidas y seguras. La sorpresa no ha sido, pues, la apuesta por el liderazgo de Rubalcaba, sino el rumbo demagógico que el ex portavoz parlamentario, ex portavoz del gobierno, ex ministro y ex vicepresidente, es decir un hombre de amplísima experiencia política,  ha impuesto a su partido en su reestreno como fuerza de oposición. El PSOE del postzapaterismo en manos de Rubalcaba no ha corregido en absoluto  la deriva radical del partido, responsable, en último término, del pésimo balance de sus años de gobierno y, sobre todo, causa determinante del abandono electoral de los sectores moderados de sus votantes, sino que ha apostado por promover un clima de crispación social frente al gobierno popular.
Las consignas políticas de Rubalcaba en torno al 11 M han sido particularmente reveladoras de esa estrategia tan desnortada como irresponsable. Lejos de distanciarse de las tentaciones más demagógicas de los líderes sindicales, Rubalcaba se ha convertido en su máximo inspirador y garante; ni siquiera ha tenido el mínimo buen gusto de aconsejar a Méndez y Tocho que no mancillasen la fecha más triste de nuestra historia contemporánea con unas algaradas que podrían haberse convocado perfectamente en cualquier otro momento menos doloroso para el recuerdo de la mayoría de los españoles.
En el Parlamento se ha podido oír a Rubalcaba, que evidentemente desconoce cualquier capacidad de rubor, atribuir a la reforma laboral, que aún no ha entrado en vigor, la perdida de millones de puestos de trabajo. Es relativamente normal que los políticos apuesten más por  sus intereses que por la discreción y la competencia intelectual de los electores, pero el exceso de cinismo de Rubalcaba resultaría insoportable incluso a un imaginario presidente de su club de fans.
La entusiástica subordinación de Rubalcaba a la agenda de las cúpulas sindicales es incomprensible en un político con un mínimo de conocimiento de la realidad española. Rubalcaba conoce perfectamente las gravísimas debilidades estructurales y políticas de los sindicatos, su dependencia de las subvenciones públicas, su desarraigo en la vida real de las empresas, su absoluta ausencia en el caso de las PYMES, decisivas en la economía del empleo, su mínima implantación entre los funcionarios. Sabiendo como sabe que los Sindicatos apenas significan otra cosa que lo que pesa su imagen institucional es difícil comprender el seguidismo de Rubalcaba, una actitud que retrasa de manera irresponsable la recuperación política del partido que le ha elegido como líder. Es posible que tanto disparate se deba exclusivamente al temor de que se le acuse de tibieza tras el previsible descalabro andaluz, lo sabremos pronto, pero, en cualquier caso, es una necedad negarse a la autocrítica,  pasar olímpicamente de analizar con frialdad las carencias y los errores que han pasado una factura tan onerosa a los socialistas. Refugiarse en el rojerío y el resentimiento relativamente explicable en un personaje como Pilar Manjón  constituye un error de bulto en un líder con aspiraciones, algo que se le debe suponer a Rubalcaba, pero que habrá que empezar a poner en duda si persiste en consentir que su partido se mantenga a la deriva, al socaire de las ocurrencias de personajes tan estériles e irresponsables como los líderes sindicales, o como esos consejeros que le hayan podido sugerir que mancillar la memoria de las víctimas del 11 M o echarle a Rajoy la culpa del imparable desempleo pueda resultar una estrategia inteligente.
Con las ingentes sumas de dinero público que reciben, con el concurso de sus decenas de miles de liberados, los líderes sindicales tienen la capacidad de promover manifestaciones, ocupaciones y diversas liturgias, más cercanas a la intimidación que a la democracia,  pero están muy lejos de tener un apoyo ciudadano significativo. ¿Está Rubalcaba creando un PSOE paralelo, callejero y revolucionario que, con ayuda del radicalismo sindical, sea una especie de complemento de la debilidad parlamentaria de su partido? Cuesta creerlo, pero los hechos, de momento, apuntan en esa dirección, lo que supondría  un auténtico retroceso político, un paso lamentable en la dirección equivocada, pero, para evitarlo, Rubalcaba va a tener que dar muestras de un valor político que, aunque se le pueda suponer, todavía no ha sido capaz de mostrar en ningún asunto.
Tarifas sensibles al interés de la compañía

lunes, 12 de marzo de 2012

Mancillar, una vez más, el recuerdo de las víctimas


Por si cupiera alguna duda acerca de la extraña condición moral de los líderes sindicales, sobre su capacidad de servirse a sí mismos por encima de cualquier consideración, sobre su cinismo para olvidar el bien social que dicen defender en interés del mantenimiento de sus peculiares e insolidarias prerrogativas, el hecho de que hayan escogido la fecha del 11 de marzo para ensayar una de sus algaradas debiera ser sobradamente elocuente.
¿Cómo ha sido posible que los líderes sindicales hayan podido despreciar de modo tan banal y gratuito una fecha que está marcada con dolor y turbación en la memoria de todos los españoles de bien? ¿Puede alguien imaginar siquiera que en cualquier país medianamente digno alguien se hubiera atrevido a fechoría semejante? ¿Sería concebible, por ejemplo, que los sindicatos norteamericanos convocasen cualquier concentración el 11 de septiembre y en Manhattan?
Aquí, en realidad, llueve sobre mojado. Las víctimas saben muy bien lo que ha sido el ninguneo, su ocultación, el permanente olvido al que han sido sometidos durante años por los gobiernos socialistas, saben bien de qué formas ha intentado manipularlas, cómo se han servido de ellas para olvidarlas en cuanto convino. Buena parte de la izquierda considera que, en el fondo, las víctimas debieran limitarse a sufrir en silencio su mala suerte, sin empañar con sus exigencias los planes de los demás, las perspectivas de paz, los disfraces de canallas para convertirlos en demócratas, incluso en santos. Quienes piensan que las víctimas no deben molestar con sus lamentos encontrarán lógico que los sindicatos prefieran estropearles un aniversario que complicarse un largo fin de semana primaveral, las merecidas cervecitas de todo buen sindicalista y vividor.
Al exhibir una indecente  insensibilidad con el dolor de las víctimas, con la memoria de los cientos de trabajadores asesinados el 11 M, seguramente el día más triste en toda la historia de Madrid, una ciudad varias veces centenaria, los sindicalistas han vuelto a mostrar su auténtico rostro. No les ha importado el dolor ajeno, como no les importa, digan lo que digan, el paro de nadie, porque solo se ocupan de sus intereses, y, en esa perspectiva, no cabe dedicarse a la memoria y a la reflexión sino a la agitación, porque nada esperan sacar del respeto a las víctimas.
La memoria de los cientos de trabajadores que perdieron su vida cuando se dirigían diligentemente a sus obligaciones no parece significar nada para Toxo ni para Menéndez, no merece ni un minuto más de sosiego, de reflexión de solemne y silencioso recuerdo. Pretenden convertir este próximo 11 de marzo en un día más, en una agitación de diseño. Su trágica insolidaridad, su falta absoluta de respeto jugará en contra de sus intereses, sin duda alguna.  Hace falta un altísimo grado de cinismo y de dureza de corazón para olvidar que en un día como ese son miles de personas las directamente afectadas por el recuerdo y el dolor, y millones los que se estremecerán recordando el momento más siniestro e inexplicable de nuestra historia contemporánea, pero, del mismo modo que los dirigentes socialistas, con Rubalcaba a la cabeza, intentaron utilizar el dolor de esos días terribles para dirigirlo contra un gobierno que se afanaba en cumplir con sus obligaciones, ahora, los familiares ideológicos del partido que acaba de experimentar una merma espectacular de sus apoyos políticos por su pésima gestión de la crisis, vuelven de nuevo a la carga y tratan de abonar una fecha, que no es de nadie porque es de todos, en sus haberes políticos, con la excusa, tan inverosímil como hipócrita, de que   agitando la calle y alterando la convivencia ciudadana rendirán también un homenaje a sus compañeros muertos hace ahora ocho años.
Las víctimas no merecen este ninguneo, pero tal vez el conjunto de los españoles saquemos algo de este gesto indecoroso y obsceno, tal vez crecerá el número de los capaces de comprender que la lucha sindical no tiene nada que ver con los intereses reales de los trabajadores, que solo unos líderes atiborrados de suficiencia y de insolidaridad pueden haber cometido tamaña fechoría, sin que ni siquiera se hayan suscitado en sus entumecidas conciencias algunas dudas acerca de la oportunidad y la conveniencia de respetar una fecha que, pese a ellos, ha de seguir durante mucho tiempo marcada por el dolor, la indignación y la sospecha. No hay que ser excesivamente malpensado para ver detrás de esta acción uno de tantos intentos para enterrar los sentimientos y el coraje que suscita ese terrible atentado, para convertirlo en caso cerrado, en materia de riguroso olvido, una estrategia que, no en vano, a sido seguida con ejemplar dedicación por los gobiernos de Zapatero, por el partido socialista y por toda esa izquierda vocinglera que solo parece sentir indignación cuando se juzga por prevaricación a un juez a quien tienen, ellos sabrán las razones, como uno de los suyos.
Retina display

domingo, 11 de marzo de 2012

¡Qué difícil es hacer buen cine!

Los cinéfilos, acostumbrados a haber visto muchas buenas películas, pueden llegar a creer que hacer cine sea cosa fácil. Recomiendo ver cualquier película de las que ha dirigido George Clooney para salir inmediatamente del equívoco. No bastan los buenos actores, la industria de calidad, ni siquiera un buen guión, al menos al final, como en Los Idus de marzo; no, a Clooney el buen cine se le niega  de manera evidente: es enfático, elemental, previsible, cursi, progre, insoportable, en suma, aunque la seda de las buenas producciones profesionales alivien el rato. Lo que Clooney tiene por cine político es una memez pedantesca y pretenciosa, además de oportunista. ¡Con lo fácil que es no hacer una película! 
Empresas tramposas

sábado, 10 de marzo de 2012

Precios locos

Una cosa que se dice poco, pero que es una realidad palpable, es que el sistema de precios en España está absolutamente desvencijado. Pondré dos ejemplos recientes de sendas visitas domiciliarias para una lavadora y para una caldera. 57 euros por la visita, 75 si es en sábado o domingo, además de un suplemento por urgencia que se aplica siempre en fin de semana, y, eso sí, sin previo aviso de la tarifa ni de los pluses, más lo que caiga, que nunca es poco. Esta clase de empresas, por llamarlas algo, abusan de manera inmisericorde, y me imagino que con la connivencia de supuestos servicios de consumo y control de la competencia, además de que los consumidores tendemos a a aguantarnos y a no quejarnos, supongo que, hipócritamente,  para que no se nos tome por tontos. Como tenía alguna duda pregunté al operador, en un caso un tipo diligente, en otros auténticos berzotas, que me hizo saber lo que ganaba a fin de mes con 12 horas de trabajo al día. Un cálculo relativamente sencillo me llevó a comprender que los Bancos, e incluso la telefónicas, son unos infelices en comparación con los personajes dedicados al servicio a domicilio. Pero es plaga, y habrá que detenerla.
El truco de Apple

viernes, 9 de marzo de 2012

Una anomalía democrática

Los sindicatos ya han declarado la huelga general, como quien lava. Es increíble que no caigamos en la cuenta de hasta qué punto estos Sindicatos constituyen una anomalía antidemocrática por mucho que figuren en la Constitución (donde en ningún caso figuran sus excesos). Que se atrevan a llevar la contraria a una ley aprobada en el Parlamento y que cuenta con el respaldo de la mayoría de los españoles indica muy claramente a lo que juegan: aunque quieran vestirse de seda, monas son. 
ISBN digital

jueves, 8 de marzo de 2012

Naranjas de la china

Las declaraciones de Roig, el dueño de Mercadona, un empresario de verdad, que sabe tener contentos a sus trabajadores, sobre el paro y la recogida de las naranjas, y otras verdades del barquero, son de las que hacen pensar. Efectivamente algo huele muy mal, y no en Dinamarca, cuando resulta que hay tantos millones de parados y no hay españoles dispuestos a trabajar en tierras de naranjos.
Mirasol

miércoles, 7 de marzo de 2012

La línea de la Justicia

Según El Mundo, una modelo holandesa ha ganado un juicio contra un despido porque su cintura superaba los 94 centímetros, o cosa así. Siempre he pensado que la justicia laboral es algo así como la música militar, un equívoco, pero se ve que existe incluso en sitios tan civilizados como Holanda. De cualquier manera, y sea lo que sea del caso, algo marcha mal en el mundo si no se puede dejar de contratar a una modelo por razones estéticas, o si no se puede despedir a un matemático cuando no sepa  multiplicar, pero no prueben, por si acaso. La creencia de que los derechos están por encima de todo, sobre todo de la lógica, está introduciendo un factor de absurdo en la vida contemporánea; el hecho de que los abogados siempre se las arreglen para sacar agua del pozo más seco es un magro consuelo ante tanta tontería. Y los jueces no harían mal en echarle a este tipo de cuestiones algo de sentido común, aunque eso les asegure no salir en los periódicos. 
Una administración moderna

martes, 6 de marzo de 2012

Feynman

Acabo de leer el librito de Leonard Mlodinow en el que se contiene una buena colección de recuerdos del gran Feynman en Caltech. En una ocasión Feynman se refiere a un trabajo de un colega de ambos del que se sospechaba que fue amañado y le dice a LM: "lo que debería molestarte tanto como si tu amigo amañó o no su trabajo es que muchas personas lo leen y no podrán notar la diferencia. Hay muchas personas que no son escépticas, ni entienden lo que están haciendo. Sólo están siguiendo a alguien. Eso es lo que tenemos: demasiados seguidores, muy pocos líderes". Se trata de un dictamen muy exigente, y de algo que solo puede decir sin que tema que le tomen por un pedante y un soberbio alguien tan prestigiado como RF, pero se trata, con todo, de una gran verdad, y eso que RF no estuvo nunca en España. 
La red no importa

lunes, 5 de marzo de 2012

La actitud de la izquierda sindical

No creo que sean lo mismo la izquierda, el PSOE y los sindicatos, pero hay un determinado aire de familia que tiende a exagerarse cuando no les va demasiado bien. Son ellos, desde luego, quienes han de pensar en las razones de su declive, si es que lo hay, como me parece ser el caso. Tal vez tenga razón Rubalcaba, y sea lógico echarle la culpa de los seis millones de parados a la reforma laboral, que aún no ha entrado ni siquiera en vigor, me parece, pero es lo que ha hecho este líder incombustible. Tal vez sea lógico ir por la vida de humillado y ofendido, de arcángel justiciero, pero el común de los mortales puede llegar a hartarse un poco de tanta afectación. Creo que es lo que está pasando.
Un editor

domingo, 4 de marzo de 2012

La firmeza de Rajoy

Es evidente que Rajoy se ha atrevido a plantar cara a supuestas exigencias de Berlín&Bruselas, por mucho que supongamos que detrás del gesto hay un acuerdo discreto para que las cosas no se desmanden. Eso es así, sin duda y muestra que, por mal que estemos, estamos muchísimo mejor que antes, aunque ese sea un consuelo muy mediano. Ahora hace falta comprobar que Rajoy no solo es capaz de firmeza frente a B&B, sino también frente a la demagogia política que se desatará cuando las soluciones que se están incubando tarden en florecer, más o menos en un año. Ese será el momento de la prueba y bueno es que el gobierno se vaya entrenando para resistir a los tigres de papel, al sindicato de agraviados y a los desórdenes de todo tipo, porque no hay salvación sin cambiar radicalmente el modelo que nos ha traído hasta aquí, y eso será muy duro.
La verdad nos hace libres

sábado, 3 de marzo de 2012

Rubalcaba victus

Si Gómez es Invictus, APR no da una, el pobre. Deberían, ambos, hacer un esfuerzo para explicar sobre qué discuten, seguramente acerca de quién es más de izquierdas, tema de enorme interés general. 
Chrome en mi teléfono

viernes, 2 de marzo de 2012

Militantes del PP

No deja de ser un misterio que el PP esté tardando, como me parece pasa, en cambiar muchos de los órganos de poder en los que tendría que actuar con cierta celeridad: TVE es un buen ejemplo, pero hay numerosas comisiones y cargos de apariencia técnica en los que sucede lo propio. No es fácil explicar una conducta que ya puede considerarse habitual en el PP, porque ya ocurrió en 1996, y también viene siendo característica de su estilo de gobierno en ayuntamientos y CCAA. Me malicio que, además de una cierta ingenuidad y alguna forma de cobardía, que de todo puede haber, también opera un elemento estrictamente político. A mi modo de ver, de la misma forma que los soldados de Napoleón llevaban, o creían llevar, en su mochila el bastón de mariscal, muchos altos cargos del PP consideran que su victoria es personal, que su misión es personal, que el partido es una especie de franquicia que ha sido útil para que ellos lleguen a su destino, y nada más. Se comprende, entonces, que no sientan prisa alguna en colocar a otros, a sus amigos, sí, desde luego, porque se imaginan que ellos solos van a poder arreglar todo lo que sea necesario, y que otros compañeros de partido seguramente no servirían para otra cosa que para molestar.  Puede que el PP sea, como lo es, sin duda alguna el PSOE, una agencia de colocación, pero de colocación de amigos,.. los militantes están para ir a los mítines a aplaudir, como todo el mundo sabe. 
Voz de mando

jueves, 1 de marzo de 2012

Más de ingenio que de otra cosa

En diversas ocasiones he defendido lo que me parece una evidencia, que la reforma de la educación supone más inteligencia, y valor político, que nuevas inversiones, especialmente en lo que se refiere a la Universidad, aunque también en otros órdenes. Esta es la idea del comentario del profesor Francesc de Carreras en LV de hoy, que comparto plenamente. ¡ Ojalá se lea en el Ministerio!
El tacto