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martes, 1 de mayo de 2012

El trabajo y una conmemoración equívoca


El 1 de mayo es una fiesta que, aunque deba su origen al movimiento obrero, ha sido adoptada como exaltación del trabajo por toda clase de sociedades. Aunque algunos parezcan no haberse enterado, estamos muy lejos de 1886, fecha de los acontecimientos de Chicago a los que se remonta la conmemoración, como lo estamos de todas las fechas revolucionarias, salvo en aquellos infaustos lugares en los que la revolución ha triunfado y la tiranía, la injusticia y la pobreza se han adueñado de la situación.
No tiene mucho sentido, pues, seguir celebrando el trabajo y a los trabajadores con una perspectiva de lucha, como una contribución a la gran marcha de una revolución afortunadamente desmentida.  Muchos de nuestros sindicalistas se empeñan, sin embargo, en que la fecha sirva para demostrar su pretendida fuerza, agitando banderas y amenazando no se sabe bien a quién.
Y sin embargo, el trabajo sigue siendo algo realmente fundamental, una realidad absolutamente básica en la vida humana, un empeño sin el que es difícil llegar a ser feliz, y un componente cada vez más esencial del crecimiento económico. Hoy carece de sentido seguir enfrentando el trabajo con el capital, porque el trabajo ha dejado de ser un componente puramente físico y se ha convertido en un factor intelectual: ya no importa la mano de obra, sino las ideas, el conocimiento, la creatividad y la iniciativa: la fuerza del trabajador ha sido desplazada por su inteligencia, aunque aún subsistan algunos islotes de trabajo maquinal.
En una economía como la española es muy importante recordar que lo que hoy aportan los trabajadores, si realmente quieren tener un espacio en el mercado global cada vez más competitivo y exigente, es su inteligencia y su esfuerzo moral, su empeño en lograr productos cada vez mejores, más baratos y más útiles para todos. Es la competitividad lo que caracteriza el valor contemporáneo del trabajo, porque está existiendo una carrera universal para sustituir las rutinas laborales por sistemas que no precisan apenas de la colaboración humana. Estamos todavía lejos del ideal que supondría decir que todos podamos trabajar en aquello que nos guste, pero es evidente que nos acercamos a algo como eso, a una situación en la que cada cual pueda dar lo mejor de sí, en la que nadie sea simplemente intercambiable por cualquier otro. Sería ingenuo darlo por hecho, pero sería muy miope no ver que ese es el mundo al que vamos, un mundo en el que los trabajos creativos serán prácticamente los únicos que sobrevivan, porque los demás quedarán, sin apenas excepción, a cargo de sistemas automáticos.
Toca pues ver el trabajo como una bendición, como una fuente de felicidad, y no meramente porque ahora escasee, sino porque todo el que pueda haber en el futuro dependerá exclusivamente del trabajo de la inteligencia, un bien del que todos los hombres están dotados de manera aproximadamente igual, y cuyo rendimiento depende, en realidad, de su esfuerzo, de su empeño y del valor de cada cual.
Es importante, por todo ello, ir cambiando nuestra moral respecto al trabajo. No se trata ya de dejar de verlo como un castigo para verlo como una bendición, que es, justamente, como lo ven los que no lo tienen, sino dejar de verlo, sobre todo, como una oportunidad para colocarse para empezar a verlo como una ocasión para aportar lo que solo nosotros podamos hacer. Ahora puede parecer todavía una Utopía, pero es una Utopía realizable, no es ninguna salida en falso. El trabajo será en el futuro tarea de todos y desaparecerá en buena medida esa separación entre quienes dan trabajo y quienes lo demandan para aparecer un mundo mucho más colaborativo, en el que un mercado cada vez más rico, plural y exigente, pueda ir acogiendo novedades y especialidades que hasta ese momento habían venido siendo imposibles.
Ahora es ya el momento de ver la empresa no como el seno de una lucha cruel entre explotadores y explotados, sino como una oportunidad de enriquecimiento mutuo, en el plano intelectual y en el plano moral. Es lo que se ve cuando se está en alguna de esas empresas del futuro que ya existen ahora mismo. Es lógico que el panorama pueda dar miedo, pero parece razonable preferir el riesgo preñado de futuro que el disparate de ir hacia atrás.
La cultura dominante ha consagrado el término emprendedor para eliminar el de empresario. Pese a ser cosas distintas, hay un acierto en esa maniobra: poner el acento en que todo depende de las ideas, de la capacidad de asumir riesgos, del valor para innovar. Y esa es una tarea que nada tiene que ver con la vieja imagen del que vive del sudor ajeno. Marx se extrañaría al ver cómo se acerca el cumplimiento de algunas de sus profecías sobre el paraíso, aunque de manera muy contraria a la que él supuso, cuando empezamos a ver el trabajo no como una necesidad, sino como una oportunidad de gozar  de lo mejor de nosotros mismos, de nuestra inteligencia y nuestra capacidad de invención.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Opino que seria una suerte enorme llegar a ver el trabajo como algo creativo que nada tiene que ver con la mano de obra o todo aquello que en un futuro podrán realizar sistemas automáticos. Pero no estoy de acuerdo con que no se conmemore el día del trabajo. Se siguen cometiendo injusticias laborales y mas ahora, sigue habiendo personas cuyo fin no es crear e innovar para la sociedad sino fabricar dinero a costa de lo que este en su mano. Esto ocasiona situaciones injustas e inmorales, cosa que nada tiene que ver con el mundo idílico del que usted habla. ¿sabe porque nunca llegaremos a ese mundo? porque el crecimiento económico es el único objetivo. Antes se trabajaban las mismas horas que ahora, sin embargo ahora se han mecanizado y automatizado muchísimas funciones. Esto quiere decir que en vez de producir lo mismo y trabajar menos para que el trabajo se convierta en lo que usted pretende, se trabaja el mismo tiempo para producir mucho mas y seguir creciendo. Esto solo tiene cabida si se le mete a todo el mundo en la cabeza que tiene que consumir y así todo lo que se produce da cada vez mas dinero al que produce. Esto provoca una dirección del capital que fluye como un río donde los manantiales son la gente que no para de consumir y empobrecerse, y el mar son aquellos que se benefician de toda la producción. Gracias a organismos sindicales y al día del trabajo estos manantiales se pueden nutrir de la lluvia que les cae o el dinero que les aporta el gobierno en forma de ayudas o sus propios sueldos, que sin estos organismos serian vergonzosos para poder vivir en condiciones. Ahora vivimos en un proceso en el que el río no se corta y en el que cada vez llueve menos... para que no acabemos en sequía debemos empezar a hacer caso a los que conmemoran el día del trabajo.

Lluís dijo...

En primer lugar quiero decir que le tengo un gran respeto intelectual. Su libro "El porvenir de la razón en la era digital" supuso una gran inspiración para la redacción de una tesis doctoral sobre literatura y nuevas tecnologías en la que ahora estoy enfrascado. Me dio a conocer el pensamiento de Horkheimer y la crítica del positivismo cientificista en general de la escuela de Frankfurt.
Por eso me cuesta seguir su argumentación en favor del curso de los acontecimientos con respecto al trabajo y a la empresa.
Desde que yo nací (en 1982) hasta ahora, las condiciones laborales no han dejado de ir hacia atrás, el hambre en el mundo no ha dejado de aumentar y la riqueza no ha dejado de concentrarse cada año en menos familias que el anterior. Por otro lado el ritmo de destrucción del planeta en estas tres décadas ha llegado a un punto en el que "comenzamos a verle las orejas al lobo". Y todo ello en aras del crecimiento como base del bienestar: una fórmula que no resiste diez minutos de reflexión seria.
Sí que entiendo al anónimo comentador cuando explica cómo la mecanización aumenta los beneficos sin mejorar las condiciones de vida del trabajador. No recuerdo si fue en su propio libro, o quizás en "la galaxia Gutenberg" de McLuhan, (en cualquier caso, el argumento me parece que responde a la propuesta intelectual que yo extraje de leerle a usted) dónde se contaba la historia de cómo el invento del arado de metal, pese a hacer menos pesada la labranza, por abrir la posibilidad de abarcar más territorio cosechado por persona, supuso la concentración de mayores masas de tierra en menos cantidad de familias, aumento de tributos y hambrunas mucho más insoportables para el campesino ante las inclemencias climáticas.
Cuando veo el relato que hace usted del trabajo "como una oportunidad de gozar de lo mejor de nosotros mismos, de nuestra inteligencia y nuestra capacidad de invención" no consigo entender a qué se refiere... si el otro día disminuyeron las plazas de profesores para el año que viene. ¿quiere decir que esa realidad se acerca en la medida que nos resignamos a la escolarización privada, unicamente de aquellos que posean mayor nivel adquisitivo? ¿pero esto en qué manera va a favorecer la desaparición de escalones sociales que permitan abolir la situación actual de empleados y empleadores en "una oportunidad de enriquecimiento mutuo"?
Estoy completamente aturdido.
Pero aún así, le agradezco de todo corazón que comparta con tanta tagenerosidad sus ideas.
Un saludo.
Lluís Vila

José Luis González Quirós dijo...

Para Anónimo. Creo que lo que usted dice es correcto y no pretendo negar la importancia ni del trabajo ni de que haya quienes se ocupen de defender a los más débiles. Lo que cuestiono es si la lógica de enfrentamiento es la más adecuada para entender el progreso material, que es el único que podemos medir y constatar, o si precisamente por vivir cada vez mejor, como creo evidente que ocurre, y en todas partes, podremos ir creando un mundo menos maniqueo y más abierto; esta es la poesía que me parece conviene hoy en día al trabajo, claro está que sin negar lo innegable. Saludos,

José Luis González Quirós dijo...

Para Lluis. Yo soy quien le agradece a usted unos comentarios tan respetuosos como discrepantes. No comparto los datos de que parte, creo que le mundo es mucho menos pobre cada vez, pero eso lo digo porque tengo 64 años y unos recuerdos muy vivos de como era España hace cincuenta años, además de por haber podido viajar por el mundo entero y leer la estadísticas. Creo que la tendencia a ver las cosas peor es un mal prejuicio, pero estoy seguro de que lo importante es que podamos discrepar abiertamente. Estoy convencido de que el trabajo es lo más importante de la vida humana y, sinceramente, creo que va a mejor, no a peor, aunque en el corto plazo pueda a veces parecerlo. Un abrazo,

José Luis González Quirós dijo...

Para Lluis. Yo soy quien le agradece a usted unos comentarios tan respetuosos como discrepantes. No comparto los datos de que parte, creo que le mundo es mucho menos pobre cada vez, pero eso lo digo porque tengo 64 años y unos recuerdos muy vivos de como era España hace cincuenta años, además de por haber podido viajar por el mundo entero y leer la estadísticas. Creo que la tendencia a ver las cosas peor es un mal prejuicio, pero estoy seguro de que lo importante es que podamos discrepar abiertamente. Estoy convencido de que el trabajo es lo más importante de la vida humana y, sinceramente, creo que va a mejor, no a peor, aunque en el corto plazo pueda a veces parecerlo. Un abrazo,

Lluís dijo...

Sus años y experiencia avalan sin ninguna duda su opinión. Pero es terriblemente inquietante que el corto plazo abarque toda una vida. Pero ¡no quiero yo ser el pesimista de su último post! Afortunadamente el mundo es muy grande y todavía quedan oportunidades fuera de España. De hecho el año próximo voy a buscar mi realización personal sirviendo cafés en Londres como dijo el consejero de ocupación Francesc Xavier Mena(Que conste que lo he intentado, pero es cierto que me voy a buscar la vida en Londres y no puedo evitar sonrreirme ante el optimismo de quienes no van a estar aquí para ver lo que viene)... ¡Y seguro que encuentro algo mejor!
Muchas gracias por tomarse el tiempo en contestar. Para mí es un privilegio hablar con usted.
Un abrazo.

José Luis González Quirós dijo...

Para Lluis. Por cierto, nada me gustaría más que poder echarle una mano en sus trabajos académicos. Mi correo está en mi página web y estoy completamente a su disposición, además de envidiarle por poderse ir a Londres, cosa que yo ya no puedo hacer, más que nada por los años y las obligaciones. Un abrazo,