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lunes, 4 de junio de 2012

Las verdades del barquero

Un artículo de José Ignacio Torreblanca pone en negro sobre blanco uno de los temas de mayor importancia para el futuro de España, el rescate de la democracia.  El problema de Bankia, por ejemplo, como Torreblanca subraya, es antes que un problema de regulación bancaria un caso desdichado de autoregulación política de ambos partidos que todo lo ocupan y todo lo pervierten. Torreblanca no se refiere al caso de las autonomías, pero es idéntico, no es tanto un exceso de las regiones como un abuso de las mesnadas partidarias (remember Valencia y su Estatut demente). Desgraciadamente, no hemos aprendido gran cosa de la democracia, la hemos reducido a ser algo así como el franquismo con otros libretos,   no siempre mejores, con idéntica unidad de poder y, habitualmente, peor coordinación de funciones, sin poliarquía alguna, y eso tendría que acabarse, aunque los beneficiarios se resistirán. 
También aquí puede verse la cortedad del actual gobierno que cree que se trata de reformar algo para que todo siga igual, cuando es obvio que sin cambiar las causas no se podrán evitar los efectos muy amargos  que ahora padecemos. El drama es que el PP tiene legitimidad política y electoral para acometer reformas de verdad pero se limita a chapucear. ¿Qué clase de democracia es la que ampara la corrupción evidente del presidente de uno de los poderes del Estado con excusas de reglamento? Cuanto más se tarde en acometer los cambios de fondo, más dolorosos serán, pero no dejarán de ser inevitables. 
Peculiaridades españolas

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