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martes, 25 de septiembre de 2012

El problema del PSOE

Y de Rubalcaba y del PSC. Consiste en que nunca podrá tener mayoría en España sin sus votos de Cataluña, mientras cree que no tendrá suficientes votos en Cataluña si renuncia o debilita su catalanismo. No es un problema tácticamente fácil, pero debería tener una solución que no fuese una chapuza. Es de temer que no sea así y se quede sin posibilidades de ser nada en Cataluña, y absolutamente alejado de cualquier opción en España al haber propiciado con sus vacilaciones y su indefinición el separatismo catalán.
En estas circunstancias, hablar de federalismo es una necedad. Ya somos un estado federal más descentralizado  que cualquier otro en Europa. La cuestión no es esa, y Rubalcaba debería saberlo. Por cierto, el PP, si todavía existiese, cosa harto dudosa, no debería beneficiarse irresponsablemente de la debilidad de Rubalcaba en estas cuestiones: el interés nacional debería estar por encima y llevarles a ayudar a Rubalcaba a evitar lo que puede llegar a ser inevitable, pero no inocente. Es lo que haría un partido nacional, pero ¿lo es todavía el PP?
Transparencia

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Apreciado Jose Luis

sumele una escisión PSC/PSOE reclamando grupo parlamentario propio en Madrid.

Añada que el PP sin Vascongadas y Cataluña, donde el voto a la derecha se lo queda el PNV y CiU.

El problema vendrá cuando los dirigentes de las otras 15 taifas vean que con Vascongadas y Cataluña fuera de juego, bien porque se han largado, bien porque se han estrellado con todo el equipo, tienen que justifcar que son también una nación, La rioja, Murcia, Extremadura, Canatabria, Asturias... y así hasta las 15 ¿que será de su casta autonómica?

Ya sabrá porque callan en todo este lío.

jordi dijo...

Efectivamente, la clave está en el PSC, pues las masas de votantes del cinturón de Barcelona que se abstienen en las autonómicas difícilmente optarán por votar al PP. Las perspectivas son malas, con un partido sin liderazgo, dividido y superado por sus complejos, pero es lo que hay. Por mi parte, y después de dejar de militar en él hace diez años, pienso volver quizás por última vez a hacer el puerta a puerta para que ni un voto "constitucionalista" se quede en casa. Sin convicción, pero con entusiasmo.