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viernes, 4 de enero de 2013

Debería o debiera

Tengo la suerte de contar con una especie de  super-gramático, que me corrige algunos dislates que se me escapan, que ignoro, o que se cuelan de rondón en virtud del envilecimiento lingüístico común, y le estoy realmente muy agradecido porque me gusta todo lo que ayuda a saber, el placer más barato e inagotable. El otro día me corrigió, en conversación privada, una confusión entre "deber" y "deber de", un disparate que yo hubiera jurado no cometer nunca, pero me habría equivocado. A modo de venganza ejercida sobre otro colega, al  que no citaré para que el escarnio sea, si acaso, privado, voy a referirme a un error que él comete en un libro que estoy leyendo, un error que se ha convertido ya en casi inevitable, la confusión entre "debería" y "debiera", entre un condicional y un subjuntivo. El condicional debiera usarse siempre que exista alguna condición específica de la que dependa el sentido de la obligación, mientras que el subjuntivo indica una necesidad más abstracta o general, menos sometida a condiciones. Así, por ejemplo, "los niños debieran vacunarse", a diferencia de "los niños deberían vacunarse contra la difteria si fueren a viajar". Cuando estas formas verbales se emplean en negaciones, la diferencia debería estar todavía  más clara: por ejemplo, "no debieras dudar de tus amigos", que es algo muy general, frente a "no deberías dudar de la fidelidad de tu amigo pese a que las circunstancias aparenten condenarle" que se refiere a un caso muy singular y condicionado por las apariencias circunstanciales. Si hay algún gramático competente que me quiera corregir, estoy dispuesto a ello, pero me parece, ya lo he dicho otras veces, que hay que defender al subjuntivo español, tan poderoso y abstracto, frente a la tendencia a decirlo todo en presente de indicativo, en pretérito indefinido  o en condicional simple. En particular me duele que un famoso escritor prescinda habitualmente del subjuntivo para entregarse al  presente, tal vez porque crea hablar desde la eternidad. 
Google no es tan perverso

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