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miércoles, 31 de julio de 2013

El intermitente del AVE

Algunas noticias sobre el accidente ferroviario se dan como si los trenes se condujesen igual que los vehículos de carretera. Es increíble, por ejemplo que se haya dado como noticia que alguien le diga al maquinista que entre por la vía 2, como si el maquinista pudiese escoger, cambiar de vía... y olvidarse de poner el intermitente. Todo ello está sirviendo muy bien para ocultar tres asuntos realmente decisivos: cuál fue el fallo desencadenante, no el maquinista ni la mera velocidad, si los sistemas de seguridad son los adecuados, y si es lógico que este tipo de tren, una especie de todoterreno del ferrocarril, pueda circular con tamañas velocidades y carencias, porque, al parecer, no llevan el sistema de seguridad de la alta velocidad, pese a poder alcanzar los 250 km. hora. 

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2 comentarios:

A. Aghini dijo...

No deja de sorprenderme la cantidad de comentarios que oigo o leo considerando que la responsabilidad del accidente recae, obvia e íntegramente, en el maquinista. TODAS las personas que mantienen esta postura, sea en conversaciones, sea en las redes sociales, no atienden el argumento de que los medios técnicos adecuados, en estos casos, aportan seguridad extra y deben adoptarse. Ninguna contrarrebate con argumentos y, menos aún, cambian de opinión. Plantean el debate como una guerra en la que ellos han de ganar porque su punto de vista sí lo entienden; el contrario, no, y por eso quien mantiene un punto de vista diferente al de ellos no tiene razón. Cada vez estoy más convencido de que a la sociedad española nos falta una mayor formación en ámbito filosófico y sociológico elemental para siquiera comprender cuánto nos beneficia ser capaces de comprender el punto de vista ajeno, y cambiar de opinión si la nuestra queda en evidencia. En ese ámbito, la política de educación de niños y adolescentes (incluso adultos) tiene todo por hacer.

José Luis González Quirós dijo...

Tiene más razón que un santo: la cerrazón es el problema y la causa del partidismo que se aplica absurdamente a todo.