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sábado, 30 de noviembre de 2013

Ayer y anteayer tuve unas discusiones de sobremesa en torno al bipartidismo, sobre la muy extendida idea de que nuestro problema lo produce la ley electoral. Siempre suelo recordar que la ley acentúa, pero no impone el modelo, entre otras cosas porque son muchos los que siguen pensando que el sistema premia a los nacionalistas, idea errónea y grave equívoco político. Lo que premia a los nacionalistas es el absurdo cainismo de una izquierda, y de una derecha, dispuestas a pactar con quien haga falta, que suelen ser siempre los mismos, para evitar un acuerdo con el adversario al que previamente se demoniza. Lo curioso de este proceder es que luego, en el poder, salvo el breve paréntesis de Aznar y no en todo, la izquierda y la derecha interpretan la misma política, con muy ligeras variantes, sobre una partitura que es fruto del consenso socialdemócrata dominante, en Europa, Inglaterra incluida, y, cada vez más, en EEUU. 
Además hay bipartidismo en lugares con leyes electorales rotundamente distintas, como EEUU, Inglaterra, Alemania, Francia o España, de manera que el problema es un poco más complejo. De todas maneras está feo querer ganar los partidos amañando las reglas. La ley electoral española no está demasiado mal y cumple muy bien el cometido, esencial, de permitir gobiernos estables. Lo que está mal, rematadamente mal, es que los grandes partidos se hayan quedado con la democracia, la estén jibarizando de manera lamentable y nos tomen el pelo de forma tan desvergonzada, pero pueden hacerlo porque muchos españoles se limitan a ver la TV y a preguntarse sobre la vida y milagros de seres perfectamente inanes, mientras se olvidan de que no se puede vivir eternamente de la sopa boba, y, algún día, si no cambiamos, todos lo pagaremos muy caro.
En resumen, nadie obliga a los españoles a votar al PSOE o al PP, podrían darle la mayoría a otros y ojalá lo hagan. 
Tecnología e imaginación

1 comentario:

A. Aghini dijo...

Ideas muy interesantes, sr. Quirós, pero la sociedad española tiene un nivel socio-político tan pobre que ni las comprenden ni, por supuesto, sirven para que cambien de opinión. ¡Si ni siquiera entienden que el descontento con La Casta Política no debe canalizarse mediante la abstención! ¡Si piensan que por abstenerse no votan a La Casta Política y ya está todo hecho! ¡No entienden que para evitar un nuevo predominio de PP y PSOE deberían hacer lo contrario: votar, pero a partidos alternativos! Si ni entienden eso, ¿cómo pretender que comprendan lo que usted sugiere?
La única idea que se me ocurre es que desde los partidos alternativos se lancen ideas claras, sencillas y completas sobre aspectos básicos como el mencionado: explicar por qué no hay que abstenerse, además de no votar a La Casta. Estoy convencido de que si gente como ustedes (si se lanzan al ruedo electoral) o Ciudadanos logran difundir con carácter más o menos generalista esos mensajes eficaces lograrían dos cosas: dar un primer paso importante contra La Casta, y recaudar centenares de miles de votos, porque habrían logrado canalizar el extendido y firme descontento de la ciudadanía española contra La Casta. Parte de quienes lo intentamos desde la calle creemos que sólo lograremos que se nos escuche (y en parte apenas) cuando, tras las elecciones, los hechos nos den la razón; pero no tenemos la "autoritas" que se presume a personalidades de la cultura, la enseñanza o la política como ustedes.