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martes, 5 de noviembre de 2013

Que se vacunen los demás

Un amigo mío tenía un tío médico que, en los años cincuenta,  ante las campañas de vacunación por la amenaza del tifus, siempre decía "que se vacunen los demás". La recomendación, aunque cínica, es correcta, porque, si todo el mundo se vacuna, uno puede prescindir de la medida, ya que un anillo de seguridad le estará rodeando, pero, en fin, traigo aquí el lema como ejemplo de cara dura y de cinismo, no como estrategia de prevención correcta. Me he acordado de su dicho al ver que el Gobierno ha reconocido que lleva gastados en lo que va de 2013, el 8% más en asesores que en todo el 2012. Es increíble que un Gobierno que predica la austeridad y recorta de manera brutal los magros presupuestos de investigación, por poner un solo ejemplo, se permita estas alegrías, una aplicación muy clara del lema cínico: ¡que recorten otros! A Rajoy le basta y le sobra con Arriola y con su capacidad de decir lo contrario de lo que dijo, no creo que necesite de y tanta gente para esas fechorías. 
Por cierto que Faes ha recordado, con motivo del décimo aniversario de su revista,  el primer artículo de su Cuadernos de Pensamiento Político, que era de Rajoy, lo recuerdo bien porque fundé esa revista y dirigí su primer número, y no se puede leer el artículo sin frotarse los ojos al comprobar la diferencia abismal entre lo que dijo entonces, cuando fue designado por Aznar y refrendado por los órganos del PP, y lo que dice y, sobre todo, hace ahora. Pero lo de que se tire el dinero en pagar esa nómina de enchufados perfectamente inútiles,  267 asesores sólo en la Moncloa (Suárez tuvo menos de una decena), clama al cielo, como el resto de incumplimientos y traiciones de Rajoy a su programa electoral que era el programa del PP.  
Lo de El Mundo

2 comentarios:

A. Aghini dijo...

Mucho me temo que, a muy poco que la mejora en la situación económica se note entre la ciudadanía, van a pasar a un riguroso segundo plano el despilfarro en las Administraciones, la corrupción y la falta de ética de nuestros gobernantes. La ciudadanía somos presa cruel de nuestra propia incapacidad para desempeñar nuestro elemental papel en una democracia, y vamos a seguir pagándolo muy caro.
Quienes damos a conocer en nuestro entorno lo antes mencionado acabamos siendo incluso rechazados: decimos lo que la gente, en su mayor parte, no quiere oír. Ojalá poco a poco nuestro discurso se tenga en cuenta, pero será muy poco a poco.

cantueso dijo...

Es un poco largo el artículo. Se ve que antes el Sr Rajoy se esforzaba más.