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jueves, 6 de marzo de 2014

Democracia o, en su lugar, guerra civil en los partidos

La democracia interna en los partidos es, entre nosotros, un mandato constitucional y, también, una práctica completamente inexistente. Curiosamente, la ausencia de democracia interna no produce los efectos que serían lógicos, más que aparentemente. Las tensiones, los enfrentamientos, las divergencias no aparecen, pero están agazapadas y actúan, cómo no. La democracia es un sistema para unir esas diferencias y trenzarlas,  y cuando no se usa, las diferencias crecen, se hacen ásperas, se personalizan y consumen todas las energías de los políticos que acaban perdiendo completamente la relación con su misión fundamental, representar a otros, para dedicarse exclusivamente a defender lo suyo.
¿Se puede hacer un partido distinto? No sin intentarlo, pero debe ser posible aquí lo que ocurre con relativa naturalidad en otras partes del mundo, que los partidos sean útiles de los ciudadanos a los que representan y no pequeñas cohortes semimafiosas dedicadas al provecho propio, con olvido de todo lo demás. La verdadera rareza española está no en que no haya democracia interna en los partidos, sino en que los electores sigan siendo fieles a esa caricatura de la democracia, algo que deberá cambiar aunque la mera idea de que así suceda producirá sonrisas cínicas en muchos profesionales que se ocupan únicamente de que ocurra lo contrario. 

2 comentarios:

Fernando Mesa dijo...

La democracia interna en los partidos políticos puede ser inexistente, aunque no lo se, nunca he militado en ninguno, pero ¿no es posible que al crear un nuevo partido, con un cada vez más nutrido grupo de militantes de otro partido, que estos traigan las reminiscencias y vicios internos de dichas formaciones?
Cada partido elige sus dirigentes según su entender, apoyados en la legislación vigente, a la que se deben adaptar sus estatutos y en dichos estatutos debn estar claras las formas de defender el derecho de los afiliados y el sistema de resolución de disputas, el control económico, las sanciones,...
Lo que no esta tan claro es que una vez abierta una disputa, quien tiene la última palabra, quien elige al estamento que debe dilucidar si una ejecutiva tiene razón o si un afiliado de base esta siendo avasallado por un dictadorzuelo o grupo dentro de su mismo grupo, partido, sindicato.
Opino que para asegurarse que un conjunto sea honesto, sus individuos deben serlo.
@fernmesa

Anónimo dijo...

Si es así hasta en los pueblos, y a los vecinos no les parece mal, entonces no puede cambiar. Sé de un pueblo dónde el alcalde es "de toda la vida". Es fascinante ver lo suave que maneja los hilos. Es todo suyo. -- Este alcalde además tiene erudición.