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jueves, 23 de julio de 2015

Canción a la motocicleta

No sé si pedir perdón por mis ausencias, que tal vez se me agradezcan más que se reprochen, así que paso del trance. Ando a la espera de modificaciones tech de este blog, además de que el tiempo es espeso y la calor insoportable, pero hoy quiero brindarles un hermoso poema de Leopoldo Eulogio Palacios, Canción a la motocicleta,  del que me he acordado para escribir a un amigo y disputar sobre las dos ruedas. Me parece una maravilla: que lo disfruten.

      Canción a la motocicleta


     ¡EXHALACIÓN que lanzas contra el viento
     Mi cuerpo enardecido por tu aliento!
     Vigor con que redimes
     La ausencia de corceles más sublimes
     Y a tu jinete encantas;
     
     Prodigio de la Estática en dos llantas
     ¡Ay, si rodar pudieras sólo en una,
     Tú, la rueda inmortal, yo, la Fortuna!
     
     Bruto de acero que el cerebro humano,
     En el vaso del sueño,
     Pergeñó como nuevo Clavileño
     Para alcanzar el horizonte arcano:
     
     ¡Déjame acelerar tu bronco pulso,
     Y transmitir tu impulso
     a las llantas inquietas
     Que el ingeniero brinda a los poetas!
    
    Trémulo benjamín de los motores
     Que vas entre mis piernas encendido,
     Y despliegas tu fuerza y me sostienes
     Por los llanos, los montes, los alcores;

     Tu familiar zumbido
     Mezclas al crudo viento que en mis sienes
     Ululando resuena,
     Y en el olor del campo me enajena.

     Duro el caballo y blando el caballero,
     Se siente que va unida
     La carne humana al inhumano acero;
     Y el hierro cobra vida,
     
     Dócil al movimiento del regazo
     Del jinete vivaz que lo conduce,
     Ojo avizor al cruce,
     A la mortal arena, al patinazo.
     
     Máquina valerosa: tú desprecias
     Del burgués el reproche;
     Tú a la intemperie afrontas peripecias;
     Tú ríes del poltrón que viaja en coche.
     
     Y aunque seas ludibrio
     Del sentido común, no has de quejarte,
     Que eres hija del arte,
     Y rodando demuestras tu equilibrio.

lunes, 6 de julio de 2015

Tiempos de estupefacción

Vivimos tiempos que le dejan a uno sin habla. Los historiadores tienen que remitirnos a los años treinta para encontrar paralelos, cuando se decía que Hitler no se atrevería a hacer lo que finalmente hizo. Ahora pasa lo mismo, en lugar de discutir de podencos y lebreles, debiéramos apresurarnos a cerrar el paso a los nuevos nacionalismos populistas, (ahí es nada esa mezcla de nazis y estalinistas con toda suerte de antiliberales y racistas) pero son infinitos los tontos dentro del sistema que creen que no pasarán los persas, yo mismo he sido uno de ellos y lo soy todavía a veces, pero si no hay firmeza contra las estupideces egoístas y ridículas de estos fantasmones neo-roussonianos y stalinistas, pronto se irá todo a la mierda, eso en Europa, y aquí en España estamos en las manos de Rajoy, de Sánchez y de Rivera: ¿no me digan que no sienten como una especie de paz interior?