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miércoles, 12 de noviembre de 2014

Una imagen precisa

Viendo esta imagen me quedé de piedra: resulta que los reyes dan el pésame a los familiares de las víctimas de un accidente y ni uno solo de los saludados se pone de píe, algo que parece obligado con cualquier persona que se acerque a saludarnos cuando estamos sentados. Creo que es una imagen que muestra hasta qué punto ha llegado el olvido de las más elementales reglas de la urbanidad, de qué manera la chabacanería y la mala educación se han hecho los dueños del espacio público. 
Podría aducirse en disculpa de los afectados su estado de postración, pero no me parece excusa suficiente. Hay que llamar la atención, también, sobre la inutilidad de los ayudantes y encargados de protocolo de los reyes que no han sabido hacer una mínima indicación a los familiares para evitar una imagen tan desmoralizadora. No quisiera exagerar, pero me parece una metáfora de la situación real de España, todos sentados, sin hacer nada, y esperando que alguien venga a homenajearnos y a resolvernos la vida. ¡Le llaman democracia y no lo es!
Pro Google, dentro de un orden

sábado, 21 de agosto de 2010

La TV en color y en blanco y negro

Entre los que peinamos canas es corriente el comentario de que la televisión que ahora podemos ver es mucho peor que la de la época del blanco y negro. Supongo que no será así, pero reconozco que es difícil imaginar una televisión de peor calidad que la frecuentemente exhibida, en dura competencia de zafiedad, por la mayoría de las cadenas, lo que se llama, con todo motivo, telebasura. Este fin de semana lo pasé en un hotel rural cuya única y lamentable posibilidad de ver televisión por la noche era uno de esos programas de cotilleos de cuyo nombre evito acordarme por pura salud mental. No creo que se pueda concebir un producto de peor calidad moral, estética, intelectual y dramática; se trata, evidentemente de bazofia, de auténtica mierda. Es asombroso y tristísimo que abunde el público que disfruta con esta clase de debates, con esta burda manipulación de supuestos escándalos, de comentarios rijosos, de afición a los pedos y a las grescas de vecindonas y mariquitas, que son, invariablemente, los maestros de ceremonia de esta clase de detritus.
Yo confieso que pretendía ver una serie inglesa sobre Miss Marple, el personaje de Agatha Christie, que llevaba varios días viendo en Intereconomía TV. La serie es una auténtica joya, no tanto por la calidad, en cualquier caso excelsa, de los guiones, como por el preciosismo con el que se recrea un ambiente social de completa exquisitez, el mundo de la alta clase inglesa de los cincuenta, tal vez una de las maneras más elegantes y sofisticadas de vivir que hayan existido nunca. La España de 2010 está, desgraciadamente, tan lejos de la excelencia como nuestra telebasura lo está de las series y los documentales de la BBC.
A mi me parece que lo de la crisis económica es relativamente sencillo en comparación con el lastre que supone convivir con quienes se interesan realmente por los personajes, las pasiones y las aventuras de los famosos de las teles. Es un caso de corrupción moral e intelectual sistemática de una sociedad en la que, sin necesidad de esa especie de estímulos, ya no abundan los prodigios intelectuales. No estoy sugiriendo que haya que prohibir ese tipo de TV, porque creo que no sería lícito ni útil, pero creo que realmente tenemos un problema, y que habría que tratar de resolverlo.
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